Qué pesadita está la gente con el maldito buen gusto, sea lo que sea ESO. ¿Acaso hay algo más clasista y aburrido? Como dice la escritora Ione Gamble, la obsesión con el buen gusto solo nos frena. Y lo que está claro es que a Taylor Swift no la frena nadie. Ella es capaz de paralizar el centro de la Gran Manzana la jornada previa al 4 de julio. Y ha construido dentro de Madison Square Garden un castillo, cumpliendo con el sueño de las niñas de seis años que fantasean con ser princesas. El problema es que lo ha hecho una mujer de 36 años. Escuchar a los novios en una boda decirse ‘petusadas’ es bonito durante unos minutos, pero la cantante y Travis Kelce lo hicieron durante 40 minutos. Del mismo modo que sonríes cuando tu pareja de amigos se da un pico en medio de una cena pero retiras la mirada si comienzan a morrearse durante media hora, supongo que llegó un momento en el que los invitados desearon ensordecer.

Los detalles que definen a una hortera

Los detalles que se saben de la boda son bien horteras pero, ¿acaso no pide el enlace de un deportista con una estrella del pop algo de fantasía? La novia llegó al ritmo de su propio tema, Love Story. Porque si eres una de las cantantes más famosas del planeta, ¿por qué vas a poner las canciones de otra en tu gran día? ¡Arriba el ego! De hecho, mientras recitaban sus eternos votos, regalaron a los invitados pañuelos con las siglas TT bordadas y una frase de la canción Blank Space. “So it’s gonna be forever…”. Que resulta es la preferida del bueno de Travis. La moda de servir pasta en una rueda de queso parmesano y por descontado, de subir al pobre camarero haciéndolo a las redes, repugna a muchísima gente. Adivinad qué hizo la feliz pareja en su boda. “Cada detalle que sale a la luz es peor que el anterior. Mil personas, unos votos de 40 minutos, ella llegando al altar cantando su propia canción y actuando… Hoy me he enterado de que dieron premios, incluyendo un coche, y que lo grabaron todo para hacer una película. HORTERA A MÁS NO PODER”, escribe una internauta.

Taylor Swift Travis Kelce

Taylor Swift Travis Kelce / Gtresonline

No sé vosotros, pero yo no me esperaba otra cosa de la parejita… Y menos mal, porque en este mundo encorsetado, hace falta un poco de purpurina. “La gente usa la palabra hortera como un insulto, pero a mí me gustaría replantearla como una descripción precisa de prácticamente cualquier boda grande y divertida entre dos artistas que realmente se gustan —o incluso se aman—”, aseguran desde el substack Culture Study. “La elegancia es, ante todo, contención. Es algo pulcro, refinado, sobrio y depurado. Puede ser original, pero solo si se ciñe a la tradición; puede ser personal, pero solo si la persona en cuestión es, bueno, elegante, lo que equivale a decir que carece en gran medida de personalidad. Lo elegante es un lugar de celebración cuyo precio no se hace evidente”, señalan. Y como broche, la frase definitiva: “Una boda elegante queda preciosa en las fotos (aunque no debería haber demasiadas, ¡Dios no lo quiera!) y resulta absolutamente aburrida en la práctica”.

El proceso de adquisición suele estar condicionado por la cercanía (social, ideológica e incluso geográfica) del individuo a la cultura dominante, lo que coloca en desventaja a los inmigrantes y a las personas de distinta religión, etnia o formación educativa.

Nathalie Olah en Bad Taste: Or the Politics of Ugliness

 Qué empeño en ser elegantes, ¡con lo divertido que es ser hortera! No contenerse, no medirlo todo, dejarse llevar y no tener mentalidad Pinterest me parece una delicia. Rax King, autor de Tacky: Love Letters to the Worst Culture We Have to Offer (Hortera: Cartas de amor a lo peor de nuestra cultura), asegura que para él, lo hortera es sinónimo de alegría. “Para ser hortera con orgullo, debes tener la puerta abierta de par en par a todas esas emociones desbordantes: la angustia, el deseo, la alegría. Tienes que estar mucho más dispuesto a sentirlo todo de lo que probablemente nadie quiera estarlo. Es una forma brutal de vivir”, escribe. “Lo hortera tiene que ver con el devenir: es difícil acceder a todas esas emociones desbordantes si crees que ya has terminado de crecer, pero resulta facilísimo cuando te asomas constantemente a la vuelta de la esquina en busca de lo que está por venir”, dice.

Taylor Swift

Taylor Swift / Gtres / RALL

La mesura, la decoración de colores copo de avena, las uñas con esmalte transparente y el maquillaje ‘clean look’ son abrazos minimalistas que encierran un mensaje profundamente conservador. “No llames la atención” podría ser uno de sus lemas, y yo creo que hay que hacer lo contrario. Hay que ser exagerada. Exageradísima, de hecho. Hay que ser demasiado. El capital cultural al que aludieron en 1977 Pierre Bourdieu y Jean-Claude se refiere a esos conocimientos culturales y activos sociales que hacen que las personas resulten afines a quienes ostentan el poder. Algo que abarca también la forma de hablar, la manera de vestir, el estilo de vida y las preferencias estéticas.

“Ciertos aspectos del capital cultural pueden adquirirse al nacer o a lo largo de la vida de una persona. No obstante, dicho proceso de adquisición —que puede resultar largo, doloroso y alienante— suele estar condicionado por la cercanía (social, ideológica e incluso geográfica) del individuo a la cultura dominante, lo que coloca en desventaja a los inmigrantes y a las personas de distinta religión, etnia o formación educativa. Todo ello sin mencionar siquiera el borrado cultural que se produce como consecuencia”, advierte de Nathalie Olah en Bad Taste: Or the Politics of Ugliness (Mal gusto: o la política de la fealdad).

¿Ha sido la boda de Taylor Swift una horterada? Aunque todavía no tenemos imágenes, todo indica que sí, pero una cosa os voy a decir: MENOS MAL. Porque si una mujer que actúa con medias nude brillantes y escribe canciones en las que presume del tamaño de su chico no es hortera, ¿quién va a poder serlo? ¡Más animal print y menos beige en esta vida, por favor!