Cuando terminó la temporada de subastas de este pasado mayo en Nueva York, se volvió a difundir esa imagen tan reconocible de un sector en el que cada temporada se baten cifras millonarias, se repiten las ventas de los mismos grandes artistas, a la vez que siguen sin desvelarse los pocos nombres capaces de pagar por un cuadro de Jackson Pollock 181 millones de euros o por un busto de Brancusi, 107 millones. Este ritual de cientos de años parece inmutable a los ojos de quienes no pertenecen a ese 1%. Bonnie Brennan (Míchigan, 53 años), que cumple algo más de un año como consejera delegada de Christie’s, asume que tiene que conservar a ese coleccionista tradicional que encuentra un refugio seguro en el arte cuando todo lo demás parece derrumbarse; sin dejar de buscar a los nuevos compradores milenial. Tienen que adaptarse, además, a su nueva manera de comprar que no siempre encaja en las suntuosas salas de subastas de su edificio en el Rockefeller Plaza de Nueva York.
“Los coleccionistas jóvenes son distintos”, reconoce la responsable de una casa de subastas con 260 años de historia, “prefieren pujar online desde su teléfono, y les interesan más los relojes, las joyas o una guitarra de Jeff Beck por la que son capaces de pagar más de un millón de euros”. Las denominadas subastas de lujo y de piezas de cultura popular se han convertido en la entrada perfecta al sistema de las subastas de estos nuevos coleccionistas. Una vez dentro, explica Brennan, es más sencillo que acaben echándole un vistazo al catálogo de subastas de arte contemporáneo.
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“Cada año más del 30% de nuestros compradores son clientes nuevos”, explica en Madrid, una de las paradas que realiza Brennan durante el mes que va a pasar en Europa visitando las distintas sedes de Christie’s. “De esos nuevos compradores, alrededor del 46% pertenecen a la generación milenial o son aún más jóvenes. No podemos limitarnos a hablar siempre con las mismas personas; tenemos que construir constantemente una nueva base de clientes”. A los que, por cierto, la CEO manda un mensaje: “Aunque el valor medio de los lotes supera los 100.000 dólares, la mediana está por debajo de los 10.000. Hay muchas más opciones asequibles de lo que la gente imagina”.
No se trata solo de renovar la cartera de clientes, sino de ofrecerles algo más que las semanas de ventas en las grandes capitales. “Ya no basta con organizar solo subastas, tenemos que evolucionar en la manera en la que las hacemos, seguir con la venta privada y recurrir a nuestra base de clientes para seguir con servicios como la financiación respaldada por obras de arte”, enumera algunos de los retos que tiene por delante. “Anticipar esas formas en las que podríamos aportar valor a la vida de un coleccionista es en lo que siempre estoy pensando. Además, ¿dónde no estamos ahora mismo?”. El último informe de Christie’s, publicado este miércoles, sitúa a la casa de subasta en el liderazgo de este mercado con ventas que han superado los 3.500 millones de dólares, un crecimiento del 71% interanual. “Ha sido nuestro primer mejor semestre de los últimos cinco años”, especifica la responsable.
Una persona toma una fotografía al bombo con el logo de The Beatles, en la presentación de la colección de 400 piezas de Jim Irsay este viernes, en Nueva York (Estados Unidos). Angel Colmenares (EFE)
Brennan apunta a dos lugares en el mapa: Corea del Sur y la India. Nuevos objetivos en Asia, tras el gran crecimiento de China —“A pesar de sus altibajos recientes, ha vuelto con fuerza en las recientes ventas de mayo, celebradas en nuestra nueva sede en The Henderson, un edificio icónico en Hong Kong que permite celebrar subastas y exposiciones a lo largo de todo el año”— y Japón, además de todo Oriente Próximo, ahora afectado por la guerra de Irán. “A estos potenciales clientes también les interesa la cultura popular, solo hay que analizar el impacto del K-pop”, describe la CEO. “Es una de las mejores regiones para conectar con nuevos compradores y también es excelente para nuestras categorías de lujo”.
En la expansión global de la casa de subastas está una de las claves que explica la resiliencia del mercado de arte mientras el resto del mundo vive en un estado de ciclotimia que depende de con qué humor se despierte el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y decida imponer aranceles a países y productos o mejor opte por iniciar una guerra. “Es muy complicado, pero tenemos una ventaja: contamos con una plataforma global y múltiples salas de venta en todo el mundo, lo que nos permite adaptarnos. Además, gran parte del mercado del arte está protegida por excepciones regulatorias. Las obras de arte, por ejemplo, no están sujetas a muchos de esos aranceles. Donde sí hemos notado más dificultades es en el sector del lujo”, explica.
La obra ‘Número 7A, 1948’, de Pollock, subasta en Christie’s, en una imagen de la casa de subastas.
El mercado del arte ha sido capaz de corregir las pérdidas de la pandemia en un constante crecimiento desde 2022, casi como un dopaje. El principal refugio vuelven a ser los antiguos maestros o sus pares del arte contemporáneo como Picasso o el propio Pollock, una de las estrellas de la última semana de las subastas en Nueva York. Pero entre el listado de los hombres, las artistas empiezan a consolidar y avanzar posiciones. “Existe una demanda extraordinaria de pintoras surrealistas. Los coleccionistas están redescubriendo a Leonora Carrington, Dorothea Tanning y Kay Sage, entre otras”, enumera Brennan que recuerda que hace cinco años Christie’s creó la venta llamada Subasta del siglo XXI, dedicada al arte creado desde 1980 hasta la actualidad, que no solo es de interés para los compradores más jóvenes, sino que ha permitido una mayor visibilidad de las mujeres.
Brennan, en la sede madrileña de Christie’s.INMA FLORES
“Los informes de tendencias muestran que las mujeres están incrementando sus compras de arte, antigüedades y artes decorativas a un ritmo superior al de los hombres. Y eso influye directamente en los artistas que reciben atención”, añade la responsable de la casa de subastas, “por eso no es casualidad que exista tanta demanda de artistas como Georgia O’Keeffe o Frida Kahlo. Lo mismo ocurre con Grace Hartigan, Joan Mitchell y Lee Krasner. Durante mucho tiempo no recibieron la atención que merecían. Las exposiciones museísticas y publicaciones como el libro 9th Street Women están ayudando a cambiar esa situación”. El equipo de Brennan también ha identificado cómo las mujeres no solo compran para sus colecciones privadas, sino que lo hacen con fines filantrópicos.
De los NFT a la IA
En 2021, Christie’s fue pionera al vender por más de 69 millones de dólares (más de 57 millones de euros) un NFT, es decir, una pieza digital elaborada a partir de unos códigos que la hacen única. La obra de Beeple, Everydays: The First 5000 Days (Todos los días: los primeros 5.000 días), un collage de 5.000 imágenes, se convirtió en uno de los hitos de una burbuja que explotó menos de dos años después. El mercado pasó de ventas de casi 2.900 millones de dólares a poco menos de 1.500 millones en 2023. “Aprendimos algo que es válido para cualquier categoría del arte: la calidad es lo que permanece. El mercado se ha corregido y se ha vuelto más selectivo”, concede Brennan sobre aquella venta y lo que vino después en el sector de las criptomonedas.
La casa de subastas Christie’s vendió este jueves su primera obra de arte digital por valor de 69,3 millones de dólares. ‘Everydays: The First 5000 Days’, de Beeple, es también la tercera venta más cara de la historia de la casa.
Ahora su foco está puesto en creadores como Refik Anadol. “Un ejemplo excelente del arte digital como propuesta sólida”, defiende al artista más importante de la IA en estos momentos que acaba de inaugurar Dataland, su propio museo en Los Ángeles.
Al mismo tiempo que surgían y caían los NFT, en los últimos coletazos de la pandemia, cuando los más jóvenes se acercaron a la casa de subastas, Christie’s también aceleró su digitalización. “Hoy, alrededor del 80% de nuestros clientes puja utilizando herramientas digitales, no significa que sea el 80% del valor total vendido”, dice y da un ejemplo: “Le ofrecí a uno de nuestros clientes tradicionales la posibilidad de pujar por él por teléfono y me dijo que prefería hacerlo desde casa. Eso fue una llamada de atención”. Han invertido en producción audiovisual, se han mejorado las plataformas de puja, desarrollado tecnologías para visualizar mejor las obras: fotografías de alta resolución, vistas de esculturas en 360 grados e incluso sistemas holográficos que permiten presentar obras por todo el mundo sin necesidad de transportarlas.
—¿Todo esto resta importancia a las subastas presenciales?
—En absoluto. Muchas personas desean estar presentes en la sala y vivir la emoción del momento, formar parte de esa comunidad y decir que estuvieron allí cuando una obra batió un récord. Lo que ha cambiado es que ahora esa experiencia convive con una audiencia global conectada digitalmente desde cualquier parte del mundo.