«La verdad, verme como opción de ganar una etapa sería muy loco», exterioriza Abel Balderstone Roumens (Ullastrell, Barcelona, 2000). Y se ríe, tímido, como … si fuera un niño pequeño que acaba de pensar una trastada. Un espíritu similar es es el que revolotea en los equipos modestos del Tour. Sus objetivos más ambiciosos chocan con los de los mayores, que les mantienen a raya. El catalán es uno de los seis ciclistas del Caja Rural que quiere escapar de su yugo, la ley del más fuerte, que les fuerza a pasar las de Caín.
Abel no es hijo de Adán y Eva, sino de padre británico y madre con raíces francesas. «Su abuelo era de allí, pero ya no nos queda nadie en ningún sitio». John Mark Balderstone se crio en el condado de Lancashire, donde pronuncian el apellido añadiendo una ‘u’ en la primera sílaba . Con 24 años, emigró a Cataluña para ganarse la vida como profesor de inglés, conoció a su esposa y transmitió a sus dos hijos la pasión por la bicicleta. El hermano mayor fue el primero en empezar a salir con la grupeta del inglés. El pequeño tuvo que esperar hasta los doce años.
Primero en un club de Terrassa y luego en el de Valverde comenzó a labrar su futuro hacia el profesionalismo. «Siempre lo tuve claro. Este tatuaje me lo hice ya con 18 años», cuenta mientras enseña la bici con unas redes infinitas que tiene tatuado en la muñeca derecha. Y tiene otra, en el bíceps del mismo brazo, incluida en una línea de parámetros vitales y con un mensaje debajo. ‘Keep Fighting’. Sigue peleando.
Al UAE el año que viene
Cuando logró ganar la Clásica Terres de l’Èbre en 2024, mostró el tatuaje. Una lesión de rodilla le había mantenido siete meses de baja. Los contratiempos físicos le han esculpido una evolución paulatina que en las últimas temporadas ya le dejan brillar en grandes escenarios. En 2025 se proclamó campeón nacional de contrarreloj en Sierra Nevada. «No me defiendo mal, pero ese recorrido era perfecto para mi perfil». Escalador con buena planta, piernas largas, rubio y mejor español en la general de La Vuelta (13º) unos meses después.
Siempre de la mano de Jaume Guardeño (14º). Compañero y amigo. El alicantino, de Altea, se mudó a Barcelona para estudiar Fisioterapia y entrenaban juntos o coincidían en las carreteras. En una de ellas, se tropezó con una piedra y chocó contra un coche. El accidente del 2 de abril le mantiene ingresado en la Clínica Guttmann y en la cabeza de Balderstone, que promete seguir peleando en su último servicio en el Caja Rural. Pese a tener un año más de contrato, en 2027 tiene apalabrado recalar en el UAE.