Las garrapatas llevan décadas conviviendo con el ser humano, pero el escenario en el que lo hacen está cambiando. Los inviernos ya no son … tan fríos, las heladas duran menos tiempo, los grandes mamíferos silvestres se multiplican y especies que antes apenas encontraban condiciones para sobrevivir disponen ahora de un entorno mucho más favorable. Y el resultado de todo esto es un mapa en transformación que los expertos siguen de cerca desde hace 30 años.

«Las garrapatas no tienen un mapa fijo de actuación», resume el jefe del Servicio de Alertas y Respuesta Rápida de Salud Pública de Castilla y León, Rufino Álamo Sanz. «Es una fotografía que cambia continuamente porque depende del clima, del hábitat y de la presencia de hospedadores», añade.

La reciente muerte de un hombre de 84 años por fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en Salamanca ha vuelto a situar a estos artrópodos en el centro del debate. Sin embargo, Álamo insiste en que el aumento de su presencia no debe traducirse automáticamente en alarma.

El clima, detrás de este cambio

Las garrapatas dependen completamente de la temperatura ambiental. No generan calor corporal y su actividad queda condicionada por las condiciones meteorológicas.

«Durante años, el invierno actuó como un freno natural. Las heladas prolongadas reducían la supervivencia de muchas especies y limitaban el tiempo durante el que podían buscar un hospedador. Ese mecanismo de control está perdiendo eficacia. Ahora, las heladas son menos intensas y duran menos tiempo», explica Álamo. «Eso hace que las garrapatas permanezcan activas durante más meses al año y que completen su ciclo biológico con mayor rapidez», añade el jefe del Servicio de Alertas y Respuesta Rápida de Salud Pública de Castilla y León.

Y, ahí, el efecto es acumulativo. Cuanto antes encuentra alimento una garrapata, antes pasa de larva a ninfa y de ninfa a adulta. Cuanto antes alcanza la fase adulta, antes puede reproducirse. «No hablamos de una explosión inmediata, pero sí de un proceso continuo de expansión favorecido por unas condiciones ambientales cada vez más favorables», señala.

El otro gran protagonista: el jabalí

Pero el clima no explica por sí solo la expansión. Existe un segundo factor que, según Salud Pública, resulta determinante: el aumento de los animales que sirven de alimento a las garrapatas. «Las garrapatas viven de la sangre. Si no encuentran hospedadores, desaparecen. Si los hospedadores abundan, tienen muchas más posibilidades de completar su ciclo», resume el especialista.

En Castilla y León, las poblaciones de jabalíes, ciervos, corzos y conejos han experimentado un crecimiento notable durante los últimos años. Algunos de estos animales se han acercado incluso a zonas agrícolas y periurbanas, facilitando la dispersión de las garrapatas.

El caso del jabalí es especialmente significativo. Su expansión ha sido constante durante las últimas décadas y, a día de hoy, ocupa prácticamente todo el territorio autonómico. Además de los daños agrícolas o de los accidentes de tráfico con fauna, ahora se añade otro efecto indirecto: actúa como hospedador de numerosas especies de garrapatas.

En el caso de la garrapata Hyalomma, precisamente el género relacionado con la transmisión del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, los ejemplares adultos utilizan habitualmente grandes mamíferos como jabalíes, ciervos o ganado para alimentarse. «Si juntamos las temperaturas más favorables con un incremento de los hospedadores, el resultado es que las poblaciones de garrapatas tienen más facilidad para mantenerse y expandirse», sentencia Álamo.

El protocolo de Salud Pública

La actuación de Salud Pública en Castilla y León ante un caso de picadura de garrapata sigue un protocolo estandarizado cuyo objetivo es minimizar el riesgo de transmisión de enfermedades, garantizar una correcta atención sanitaria y facilitar la vigilancia epidemiológica de las patologías asociadas a estos artrópodos. Este procedimiento comienza desde el primer contacto del paciente con el sistema sanitario y contempla una serie de actuaciones dirigidas tanto a la adecuada extracción de la garrapata como al seguimiento clínico.

1) Extracción de la garrapata: el protocolo de actuación comienza en el momento en que una persona acude a un centro sanitario con una garrapata adherida. Los especialistas recomiendan retirarla con pinzas de punta fina, sujetándola lo más cerca posible de la piel y ejerciendo una tracción continua y suave para evitar que se rompa. Salud Pública desaconseja el uso de remedios caseros como el aceite, el alcohol, la gasolina, la vaselina o el calor, ya que pueden aumentar el riesgo de transmisión de patógenos.

2) Envío y análisis de la muestra: una vez extraída del organismo de la persona que haya acudido a Urgencias, la garrapata es enviada al laboratorio que Salud Pública tiene en Salamanca. Una vez recibida, comienza a ser analizada para detectar la presencia de microorganismos capaces de provocar enfermedades. Entre ellos, figuran bacterias como la del género Borrelia, responsable de la enfermedad de Lyme; la Rickettsia, la Anaplasma o la Ehrlichia, además del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.

3) Interpretación de los resultados: la detección de un patógeno en una garrapata no implica necesariamente que la persona haya contraído una enfermedad como la fiebre hemorrágica. Los resultados obtenidos en el laboratorio se interpretan siempre junto con la valoración clínica del paciente, teniendo en cuenta factores como la especie de artrópodo, el tiempo que ha permanecido adherido a la piel, la zona donde se produjo la picadura y la posible aparición de síntomas en los días posteriores.

4) Comunicación del resultado: tras completar el estudio, Salud Pública remite los resultados a los profesionales sanitarios y a la persona afectada, indicando la especie analizada, su estadio de desarrollo y los patógenos detectados, si los hubiera. Estos datos se incorporan al sistema de vigilancia epidemiológica de Castilla y León, que permite seguir la evolución de las garrapatas en el territorio, detectar cambios en su distribución y reforzar las medidas de prevención y control frente a las enfermedades que pueden transmitir.