Ángel Antonio Herrera

18/07/2026

Actualizado a las 21:10h.

Si a la imaginación le pones un pantalón corto, te sale Messi. No es ya el príncipe del regate insolente que fue, pero todavía le brota de repente la maravilla, la barbaridad del genio. Yo hoy voy con España, naturalmente, pero también voy con Messi. … Quiero decir que aquí estoy, de poeta en domingo de un talento eterno. Los titulares de estas vísperas lo dicen a su manera: jugamos contra Argentina y Messi. De modo que él solo es un equipo, una amenaza, la clave mágica de la cosa. Lo quiero escribir antes de que España gane o pierda. Tiene algo, ya, por la edad, de náufrago de sí mismo, de viudo de aquel chavea que pillaba el balón para darle un susto al mundo. Pero basta que le llegue una pelota limpia para que vuelva el escándalo. Uno es madridista de enfermedad invariable, y voy con la Roja, como un demente, pero hay que celebrar a Messi, antes de la apoteosis o el disgusto. Es el fútbol. No pertenece al abolengo del deporte sino a la galaxia del milagro. Decía Baudelaire, viejo compañero de las aulas de Valdano, que el artista debía aspirar a ser sublime sin interrupción. Pues ahí lo tienen. Sublime es Messi, y cuando queremos elogiar a Lamine, repetimos que se parece a Messi, que ya es ponerse a elogiar. Los genios asoman cada medio siglo, si la providencia se pone generosa. Messi tiene de genio el despiste atentísimo, esa cosa de niño que llega un poco tarde al entrenamiento porque se entretuvo en mirar un gorrión. Es mejor que Maradona. Es el mejor porque ha sido el mejor. Aún juega como si no hubiera abandonado la infancia. Lo suyo pertenece antes a la fantasía que al fútbol. Hay una gloria secreta que vale más que todos los Balones de Oro juntos. Se trata de conseguir que el estadio enemigo olvide durante unos segundos el escudo que lleva cosido en el pecho. Eso lo ha hecho Messi muchas veces. El rival termina aplaudiendo casi con vergüenza, como quien sorprende a su mujer leyendo poemas de otro. Que España triunfe. Y ojalá que hoy no le salga a Messi el relámpago. Porque deja el fútbol a oscuras.