El uso del derecho a la baja médica en el tejido productivo vasco presenta una fuerte «hiperconcentración» en una porción muy reducida de la plantilla. … La mitad de todas las incapacidades tramitadas en Euskadi en 2025 -aproximadamente 145.000- recayó sobre apenas el 8,5% de los trabajadores, un estrato conformado por unos 56.000 individuos, según estimaciones recogidas en un informe elaborado por la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT) a partir de datos suministrados por mutuas colaboradoras con la Seguridad Social. Esta estadística evidencia la consolidación de la figura del «paciente repetidor», tal y como recoge el análisis, un perfil minoritario que absorbe «el grueso organizativo y asistencial del sistema».
A nivel macroeconómico, el sistema tuvo que hacer frente a un volumen global de 536.128 procesos de Incapacidad Temporal por Contingencias Comunes (ITCC) entre toda la población protegida vasca. Este total de enfermedades comunes o accidentes no laborales supone un avance del 66,4% respecto a hace ocho años, situándose por debajo de la media española, donde el crecimiento superó el 74% y la concentración es aún mayor, con un 7% de la plantilla estatal acaparando la mitad de las ausencias.
No obstante, para trazar la radiografía sociodemográfica exacta de quiénes protagonizan estas bajas, el informe desciende al detalle clínico de los procesos gestionados directamente por el sector de las mutuas, que son los datos detallados a los que puede acceder AMAT en su extenso análisis. Esta submuestra, que abarca aproximadamente 300.000 casos, permite adivinar unas tendencias que evidencian la consolidación de un cambio de paradigma, donde factores como la edad o la salud mental alteran por completo el tablero laboral.
En cualquier caso, toda esta dinámica arrastra consigo una pesada factura económica y organizativa para el territorio. En Euskadi, el coste en prestaciones abonadas por la Seguridad Social, sumado al coste directo asumido por las empresas, se elevó a 1.637 millones de euros en 2025. Esta factura representa un encarecimiento del 113,8% desde 2018, en un contexto en el que la población protegida por el sistema creció apenas un 7,5%.
Para ilustrar la magnitud real de este goteo continuo de ausencias, el informe de las mutuas traduce los días perdidos a jornadas completas: el equivalente de trabajadores vascos que no acudió a su puesto ni un solo día durante todo el año se ha disparado más de un 61%, rondando la frontera de los 77.000 ocupados permanentemente ausentes.
La irrupción de los jóvenes
Al volumen y al coste millonario de las prestaciones hay que sumar el desafío que supone la cronificación asistencial. A simple vista, la estadística general parece contenida, ya que la duración media de los procesos finalizados en el País Vasco aumentó un moderado 2,2% en este periodo. Sin embargo, los expedientes que se enquistan y se alargan en el tiempo han encendido todas las alertas del sistema de salud. En los últimos ocho años, los procesos médicos en vigor con duraciones superiores a los 365 días se han multiplicado por 6,96 en Euskadi, revelando graves dificultades para rehabilitar y reincorporar a los pacientes de larga duración.
Paralelamente a esta concentración en usuarios recurrentes, la radiografía desgrana una evidente brecha generacional alimentada por una nueva realidad clínica. Las ausencias médicas motivadas por trastornos de salud mental han dejado de ser una casuística secundaria para dispararse un 446% entre los trabajadores de 16 a 35 años desde el ejercicio 2018. Más allá del impacto específico de la salud mental, si se observan todas las causas médicas en su conjunto, los trabajadores vascos más jóvenes han incrementado el inicio de procesos de baja en un 236% en menos de una década.
De esta manera, los ocupados menores de 35 años ya protagonizan el 30% de todas las bajas en Euskadi, cuando hace apenas siete años representaban el 13%. Una metamorfosis estadística que encuentra su reflejo exacto en el conjunto de España, donde la cifra también se ha duplicado al pasar del 17% al 34%, según se desprende del análisis de AMAT a partir de los datos de las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social.
Complementos al 100%
Esta transformación sociolaboral queda aún más patente al analizar la incidencia media mensual por cada mil trabajadores protegidos, el termómetro que refleja la proporción real de bajas aislando el tamaño de las plantillas. En la franja de los más jóvenes, esta tasa se ha disparado un 195% desde 2018, hasta alcanzar una media de 32,74 procesos por cada millar de trabajadores.
En términos proporcionales, las nuevas generaciones demuestran ahora una propensión mucho mayor a requerir una convalecencia médica, rompiendo la dinámica histórica que penalizaba a los empleados de mayor edad. Por su parte, los mayores de 55 años mantuvieron el volumen de procesos prácticamente plano (apenas un repunte del 0,17%) y vieron cómo su incidencia media mensual descendía un 22,8% en Euskadi.
El documento incorpora estudios de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) que arrojan luz sobre la recurrencia y el impacto de las condiciones salariales. La AIReF constata estadísticamente que el historial clínico reciente es determinante: haber estado de baja en el año anterior incrementa un altísimo 250% las probabilidades de volver a necesitar una prescripción médica de reposo en el ejercicio en curso.
Asimismo, este organismo independiente introduce el factor retributivo en la compleja ecuación de las ausencias e indica que el hecho de que un convenio colectivo obligue a incrementar al 100% el complemento de la nómina durante la convalecencia aumenta en un 40% la probabilidad de que un trabajador inicie un proceso de ITCC.