En Netflix se ve de maravilla el magnífico documental sobre el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, incluidas las opiniones de D. Felipe VI. ‘El País’ dijo que tenía lagunas. Pues no tiene ninguna. Es un documental dirigido por Jon Sistiaga y Juanjo … López que reconstruye el secuestro y asesinato del concejal del Partido Popular en Ermua a manos de ETA en julio de 1997. La película se adentra en los dos días que mantuvieron en vilo a España y que marcaron un antes y un después en la respuesta social frente al terrorismo, que llegó, aunque tardó mientras los míos, los vascos, llevaban décadas sumidos en la cobardía.
El documental repasa de forma cronológica las horas posteriores al secuestro, cuando ETA lanzó un ultimátum al Gobierno exigiendo el acercamiento de presos al País Vasco en cuarenta y ocho horas, dispersión que había ideado y ejecutado mi padre siendo ministro de justicia. Aquella cuenta atrás generó una movilización sin precedentes: millones de personas salieron a la calle en todo el país en defensa de la vida y la libertad, dando origen al llamado Espíritu de Ermua. A ETA no la derrotó Zapatero; la cruz la puso por fortuna Aznar al aprobar la responsabilidad civil subsidiaraia, que los malos padres de los terroristas pagasen de su bolsillo el destrozo de las bestias.
Con una duración de 93 minutos, la película combina más de 180 horas de material de archivo con una treintena de testimonios. Entre las voces que participan se encuentran figuras políticas clave de la época, como el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, el ministro del Interior Jaime Mayor Oreja y el alcalde de Ermua, Carlos Totorika, además de María del Mar Blanco, hermana de la víctima. Tuver la fortuna de ser patrono de la fundación durante años.
La obra no solo reconstruye los hechos, sino que reflexiona sobre el impacto colectivo que tuvo el crimen. Netflix presenta la película como una exploración de cómo aquel secuestro transformó el miedo en resistencia y contribuyó a redefinir la lucha de España contra.
La crítica ha valorado la importancia memorialística del documental, aunque algunos análisis apuntan que su título puede resultar discutible al sugerir que aquellas 48 horas cambiaron por completo el curso del terrorismo, que aún continuó durante años. Esa crítica perversa vino de ‘El País’.
