Cuatro décadas después, el Baskonia envía a sus seguidores más veteranos un signo de complicidad. El club presentó ayer la primera equipación para la próxima … campaña, basada en la piel que vistió a la plantilla de la temporada 1985-1986. La marca italiana Macron, de acuerdo con la entidad de Betoño, apuesta por un diseño elegante a partir de las tradicionales listas verticales en tonos azul y granate que distinguen al equipo vitoriano. La elástica conserva la ikurriña en la parte trasera del cuello e incorpora el célebre lema relativo al carácter, el mismo que recobró el conjunto de Paolo Galbiati el último curso tras ejercicios baloncestísticos decepcionantes.
La nota oficial emitida desde Zurbano habla de un «homenaje a los orígenes», un modo de mantener la cadena generacional evitando las rupturas traumáticas con el pasado. Una manera de enlazar aquella época del despegue deportivo con esta que sienta al Baskonia ante la mesa donde comen los propietarios de la Euroliga. También, para qué engañarnos, el interés por vender camisetas. La prenda, a la venta en la tienda de la calle General Álava y online, sale al precio de 75 euros para los adultos.
Cuarenta años después de concluir aquella temporada conviene mirar el espejo retrovisor para entender el proceso azulgrana. Aquel Caja de Álava empezaba a sembrar las primeras semillas de su rotunda evolución posterior. No mucho antes cubríamos las ilusiones del ejercicio manteniendo la categoría y ganando alguno de los seis partidos -preferentemente en el entrañable pabellón de Mendizorroza- a Real Madrid, Barcelona o Joventut. La 85-86 fue la tercera bajo el manto de la ACB, organismo desligado de la tutela federativa.

Dieciséis equipos disputaron aquella edición liguera en dos grupos que coronó al cuadro merengue en la final contra el Barça. Para comprender la centrifugadora actual cabe mencionar que aquel Baskonia acabó noveno con un balance de 16-12. Es decir, cincuenta compromisos menos que los jugados por la tropa de Galbiati. Descendieron Cajamadrid, Claret Las Palmas y Licor 43. Sí, antes las bebidas alcohólicas patrocinaban clubes. Y la nómina de entrenadores no dejó resquicio alguno a los extranjeros: pleno de técnicos españoles.
Los Querejeta, Jeelani y Laso
Mucho ha cambiado el baloncesto, un deporte sin fronteras que apenas alcanza el 30% de producto interior, sea bruto o neto. A aquel plantel azulgrana lo dirigía Pepe Laso con la ayuda de Manu Moreno. Y entre los once componentes del grupo se contaban, nada menos, que cinco vitorianos. Además del excelente base que triunfó en el banquillo de la Casa Blanca aparecen en las fotografías de la campaña Aitor González de Zárate, Iñaki Garaialde, Alberto Ortega -el rey zurdo de las bandejas al contraataque- y Txus Brizuela, tío del barcelonista Darío. Completaban el póster Vicente Lafuente, Iñaki Rodríguez, Geraro Rubio y el estadounidense James Terry.
Con el respeto debido a todos y pidiéndoles permiso repara uno en tres personajes que han sobrevolado a ojo de dron. Me refiero a Pablo Laso, a Josean Querejeta -que pasó en nada de líder sindical a promotor del despegue baskonista- y a Abdul Jeelani. Vale, una debilidad personal de alguien inclinado siempre hacia los baloncestistas de corte elegante. El ala-pívot de las medias altas, pura clase dentro de la pista que abandonaba el vestuario local de Mendizorroza con traje oscuro y pajarita anudada al cuello. Un figura.