Cuantificar cómo los factores de riesgo influyen en el momento de aparición de la demencia puede orientar las estrategias de atención y prevención. Así lo consideran investigadores de la Universidad de Queensland (Australia) lo cual les ha motivado a llevar a cabo un estudio que sugiere que la fragilidad física podría …
Cuantificar cómo los factores de riesgo influyen en el momento de aparición de la demencia puede orientar las estrategias de atención y prevención. Así lo consideran investigadores de la Universidad de Queensland (Australia) lo cual les ha motivado a llevar a cabo un estudio que sugiere que la fragilidad física podría acelerar la aparición de la demencia, especialmente en personas que muestran pocos o ningún síntoma de la enfermedad.
«Tradicionalmente, la fragilidad se ha relacionado con enfermedades neurodegenerativas como la demencia, pero en lugar de ser simplemente una consecuencia del envejecimiento o del deterioro de la salud, parece desempeñar un papel propio en la configuración de cómo se desarrolla y se diagnostica la demencia», explicó el Dr. David Ward, del Instituto Frazer de la Universidad de Queensland.
Según dicho investigador los hallazgos obtenidos apuntan a que la fragilidad podría ser un importante marcador clínico independiente para ayudar a diagnosticar y, potencialmente, tratar la demencia.
Tal como se señala en el estudio, publicado en el ‘Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry’, los adultos mayores que viven con fragilidad se les diagnostica demencia entre 2 y 3 años antes que a aquellos que son menos frágiles.
«Es importante destacar que las personas que se consideraban frágiles pero que no presentaban las anomalías cerebrales habituales asociadas a la demencia desarrollaron la enfermedad entre 5 y 6 años antes.»
El estudio analizó datos longitudinales de más de 1.600 participantes en el Proyecto de Memoria y Envejecimiento, coordinado por la Universidad Rush en Estados Unidos, durante 24 años. Tras lo cual, los autores descubrieron que la relación entre la fragilidad y un diagnóstico más temprano de demencia era constante en todos los grupos estudiados, aunque el efecto parecía ser más fuerte en los hombres.
«Una variante genética llamada APOE ε4 está asociada con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, pero la fragilidad afecta por igual a los portadores y a los no portadores», según Tom Strating, coautor del estudio y estudiante de medicina en la Universidad de Maastricht en los Países Bajos, quien, además, afirmó que los marcadores genéticos no influyeron en los resultados.
Normalmente, se esperaría que las personas con menos cambios cerebrales relacionados con la demencia desarrollaran demencia más tarde. Sin embargo, este beneficio se redujo significativamente en personas con fragilidad, que desarrollaron demencia a una edad similar a la de aquellas con mayores cambios cerebrales.
«Si los médicos miden y controlan la fragilidad de forma rutinaria, puede haber oportunidades para retrasar la progresión de la demencia y mejorar los resultados», concluyó el Dr. Ward.