La vivienda se abre hacia Murcia como si la ciudad fuese una cuarta pared habitada por la luz desde la planta once, las vistas dejan … de ser un fondo para convertirse en parte activa de la casa: la catedral, las cubiertas históricas, las montañas y el cielo entran continuamente en el espacio doméstico, transformando la percepción interior a lo largo del día.
El proyecto nace precisamente de esa relación. Frente a una vivienda originalmente compartimentada y oscura, la intervención propone liberar el perímetro y dirigir toda la vida cotidiana hacia el exterior. Salón, comedor y cocina se organizan como un único espacio sereno desde el que contemplar la ciudad casi en silencio.
La arquitectura desaparece deliberadamente para que ocurra algo más importante: la presencia del horizonte. Los materiales neutros, la continuidad visual y la atmósfera cálida permiten que la mirada siempre termine fuera, suspendida entre los tejados de Murcia y el cielo abierto.
-kN4C--1200x840@La Verdad.jpg)
(Srta. Rottenmeier)
-kN4C--1200x840@La Verdad.jpg)
(Srta. Rottenmeier)
-kN4C--1200x840@La Verdad.jpg)
(Srta. Rottenmeier)
Hay algo profundamente romántico en esa condición.
La casa no busca aislarse de la ciudad, sino convivir con ella. Cambiar con su luz. Respirar con sus ritmos. Convertir cada amanecer y cada atardecer en parte de la experiencia doméstica.
Casa C de Cielo
Colaboradores:
Francisco de Asís Pérez Martínez (DEO) y Leandro Morillas Romero (Estructura)