La vivienda se abre hacia Murcia como si la ciudad fuese una cuarta pared habitada por la luz desde la planta once, las vistas dejan … de ser un fondo para convertirse en parte activa de la casa: la catedral, las cubiertas históricas, las montañas y el cielo entran continuamente en el espacio doméstico, transformando la percepción interior a lo largo del día.

El proyecto nace precisamente de esa relación. Frente a una vivienda originalmente compartimentada y oscura, la intervención propone liberar el perímetro y dirigir toda la vida cotidiana hacia el exterior. Salón, comedor y cocina se organizan como un único espacio sereno desde el que contemplar la ciudad casi en silencio.

La arquitectura desaparece deliberadamente para que ocurra algo más importante: la presencia del horizonte. Los materiales neutros, la continuidad visual y la atmósfera cálida permiten que la mirada siempre termine fuera, suspendida entre los tejados de Murcia y el cielo abierto.

    Imagen de Galeria

    (Srta. Rottenmeier)

    Imagen de Galeria

    (Srta. Rottenmeier)

    Imagen de Galeria

    (Srta. Rottenmeier)

Hay algo profundamente romántico en esa condición.

La casa no busca aislarse de la ciudad, sino convivir con ella. Cambiar con su luz. Respirar con sus ritmos. Convertir cada amanecer y cada atardecer en parte de la experiencia doméstica.

Casa C de Cielo

Colaboradores:

Francisco de Asís Pérez Martínez (DEO) y Leandro Morillas Romero (Estructura)