«Todas las pinturas de Edward Hopper podrían formar parte de una larga película sobre Estados Unidos, cada una como el comienzo de una nueva escena».

Las anteriores palabras las pronunció el cineasta Wim Wenders. Y completó la idea al mencionar que «cada cuadro profundiza en el sueño americano e investiga ese dilema tan estadounidense entre la apariencia y la realidad«.

"Night Windows". Foto: Moma«Night Windows». Foto: Moma

Es que, como señaló Miguel Calvo Santos, las figuras solitarias de Hopper «reflejan la incomunicación moderna mediante grandes espacios vacíos. Sus rostros son a menudo difusos, genéricos e inexpresivos». Esa idea tiene mucho de cinematográfico y también potencial literario.

Quizá esa sea una de las fortalezas mayores de Hopper, nacido el 22 de julio de 1882 en Nueva York. Se lo definió muchas veces como «pintor de la soledad», pero podría decirse que fue un extraordinario narrador.

"Excursion into Philosophy": Foto: Colección privada«Excursion into Philosophy»: Foto: Colección privada

Hermanado con Hemingway y Carver

La pintura suele asociarse con la representación de un instante. La literatura y el cine, en cambio, trabajan con el tiempo, hay un antes, un durante y un después. Pero Hopper,en cierto modo, rompió esa lógica. Sus cuadros aluden a un momento, pero que nunca está cerrado.

Ver sus obras es preguntarse ¿qué ocurrió un minuto antes? ¿Qué pasará cuando la mujer deje de mirar por la ventana? ¿Quién espera en ese bar abierto de noche? ¿Por qué esa pareja comparte una habitación sin dirigirse la palabra? El espectador tiene la misión de completar esa historia sugerida.

"Model Reading". Foto: Instituto de Arte de Chicago«Model Reading». Foto: Instituto de Arte de Chicago

Es un procedimiento parecido al que usaba Ernest Hemingway, quien creía que un relato adquiere más fuerza cuando se omite parte de la información y se da pie al lector para que reconstruya lo demás. Por eso el diálogo entre Hopper y la literatura va más allá de las referencias cruzadas.

Otro posible vínculo es con Raymond Carver. Los personajes de Hopper bien podrían haber salido de un cuento suyo. En Carver, las grandes tragedias rara vez ocupan el centro. Lo importante es la conversación inconclusa o el vaso que queda en la mesa cuando todos ya se fueron del bar.

"París, Texas". Foto:  Wim Wenders Stiftung«París, Texas». Foto: Wim Wenders Stiftung

Hitchcock, Wenders y Lynch

Con el cine la relación resulta más visible. Alfred Hitchcock comprendió pronto el potencial narrativo de Hopper. La casa de «House by the Railroad», pintada en 1925, suele mencionarse como una referencia para la mansión de «Psicosis».

Mucho tiempo después, Wim Wenders también tomaría cosas de Hopper. En «Paris, Texas» hay una atmósfera que remite de inmediato a cuadros como «Gas» o «Western Motel». Las estaciones de servicio, las rutas, los moteles y los espacios abiertos son eco del estado anímico de quienes los habitan.

"Hotel Window". Foto: Colección privada«Hotel Window». Foto: Colección privada

David Lynch llevó esa lógica más lejos. Sus habitaciones iluminadas por la noche, las ventanas desde las que alguien mira sin ser visto y el miedo escondido en una escena aparentemente normal tienen mucho que ver con algo «hopperiano», lo cotidiano puede ocultar misterios.

Creador de misterio

Avis Berman remarcó que Hopper «poseía una notable habilidad para dotar a la escena más ordinaria -ya fuera en una gasolinera de carretera, un restaurante anodino o una lúgubre habitación de hotel- de un intenso misterio, creando narrativas que ningún espectador puede desentrañar por completo«.

Fotograma de "Terciopelo azul" de Lynch. Foto: De Laurentiis Entertainment GroupFotograma de «Terciopelo azul» de Lynch. Foto: De Laurentiis Entertainment Group

Ese respeto por el espectador y la potencia de su subjetividad para completar el camino es el nexo fundamental para entender por qué la literatura y el cine tomaron tanto de Hooper. Es que el artista estadounidense se dio cuenta que una historia no necesita explicarlo todo para conmover.