El título del tercer álbum de Yard Act contiene una recomendación similar a la que hizo György Lukács cuando aún no se llevaba el lenguaje inclusivo. El marxista húngaro diferenciaba entre “hombre entero” –el de la vida cotidiana– y “hombre enteramente” –el estético, quien crea arte o tan solo lo contempla–. Por aquí van los nuevos tiros de James Smith, anticapitalista de nuevo cuño, letrista, vocalista y líder de Yard Act, cuya verbosidad recuerda a la de Howard Devoto, a quien menciona junto a David Gedge y The Wedding Present en la torrencial, musicalmente entre Magazine y Nick Cave & The Bad Seeds, “Empty Pledges”. Es la pieza inaugural y tal vez fundacional de “Vas a necesitar un poco de música”, según Yard Act, más incluso que amor, para escapar de la rueda del hámster, de nuestras ligaduras biológicas y mentales. Pero Smith, cuyo nombre integra sin querer el de dos de las mejores bandas de Manchester –James y The Smiths– con análoga tendencia a cuestionar la alienante realidad, no es ningún mesías. Lo salvan antagonismos como “no tengo absolutamente nada nuevo que decir”. Igual que un influencer de esos, solo que, claro está, el bardo de Leeds no lo es.
La escuela idiosincrática de Yard Act, donde también tocan sus instrumentos Ryan Needham (bajo), Sam Shipstone (guitarra) y Jay Russell (batería), es la de The Sensational Alex Harvey Band –esa teatralidad in your face–, John Cooper Clark –el spoken word desoxirribonucleico–, The Fall –su martillo existencial– o Sleaford Mods –el don’t give a damn (to anyone)–. Producido por Justin Meldal-Johnsen –St. Vincent, M83, Wolf Alice, The Raveonettes– y escrito conjuntamente por todos los miembros de la banda a base de jams en su flamante estudio de Leeds, lo nuevo del cuarteto británico extiende valiosamente su espectro sonoro para ir más allá del post-punk inicial del grupo –menos asfixiante de lo que se cuenta– y superar las expectativas creadas tras un buen segundo disco, “Where’s My Utopia?” (2024), que no estuvo a la altura de su debut, “The Overload” (2022).