Investigadores del Biomedical Data Science Lab, perteneciente al Instituto ITACA de la Universidad Politécnica de Valencia, han liderado un estudio internacional que ha desarrollado una nueva metodología médica. Este avance permite identificar, a través de resonancias magnéticas convencionales, aquellas zonas situadas alrededor de un tumor que presentan características compatibles con una posible infiltración tumoral.
El trabajo de investigación, que acaba de ser publicado en la conocida revista científica Neuro-Oncology, ha logrado ser validado empíricamente utilizando datos médicos de 940 pacientes procedentes de hasta cuatro cohortes multicéntricas diferentes.
«El objetivo ha sido mejorar el análisis de las áreas que rodean el tumor y que no se aprecian claramente realzadas en las imágenes con contraste», afirma María Gómez-Mahiques, autora principal del estudio. Según la experta, estas regiones se encuentran fuera del núcleo tumoral visible y pueden desempeñar un papel relevante en la progresión y en la temida recurrencia de esta grave enfermedad.
Cabe recordar que el glioblastoma destaca como uno de los tumores cerebrales más agresivos. Aunque la intervención quirúrgica procura eliminar siempre la mayor cantidad posible de tejido afectado, las pruebas de imagen convencionales no permiten diferenciar con la precisión requerida entre el edema vasogénico —la acumulación de líquido alrededor de la lesión— y las auténticas zonas de infiltración.
El avanzado modelo
Para solucionar este obstáculo, la metodología desarrollada combina un avanzado modelo de aprendizaje profundo, encargado de delimitar automáticamente las zonas de tumor, necrosis y edema, con un algoritmo no supervisado. Este último sistema analiza de forma exhaustiva las diferencias observadas en dos tipos habituales de resonancia magnética en el ámbito clínico: las secuencias T2 y FLAIR.
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Gracias al procedimiento tecnológico, la herramienta logra dividir el área que inicialmente aparece diagnosticada como edema en dos regiones bien diferenciadas. Por un lado, una parte compatible con el edema vasogénico y, por otro, un área con características de imagen que se asocian al posible tumor no captante de contraste.
«El principal avance es que permite estudiar de forma objetiva y reproducible una región que hasta ahora resultaba muy difícil de delimitar, utilizando imágenes de resonancias disponibles habitualmente en los hospitales«, señala la investigadora.
A partir de este análisis, el equipo científico ha conseguido crear un nuevo biomarcador. Bautizado como Índice de Heterogeneidad T2/FLAIR, este indicador sirve para medir de manera exacta qué proporción del edema presenta características compatibles con una posible infiltración tumoral.
Tal y como explica Elies Fuster-García, investigador y supervisor del estudio, «el método detectó diferencias relevantes entre ambas regiones en el 97,5% de los pacientes analizados. De hecho, en una de las cohortes, superar el umbral establecido se asoció con un riesgo de fallecimiento aproximadamente dos veces mayor y con una diferencia de 98 días en la mediana de supervivencia».