Meliá Hotels International puso fin este viernes a 36 años de presencia ininterrumpida en Cuba al cesar la operación de los 34 hoteles que gestionaba en la Isla, según confirmó la propia compañía a Reuters.

La cadena española citó dificultades operativas, legales y económico-financieras como razones determinantes para abandonar un mercado en el que había sido pionera desde mayo de 1990.

La gestión de esos establecimientos -todos propiedad del Estado cubano- se realizaba a través de la filial portuguesa de la compañía, Ilha Bela Gestão e Turismo, que notificó formalmente el cese a la Comisión Nacional del Mercado de Valores de España.

En su comunicado, Meliá advirtió que las circunstancias en Cuba imposibilitan «de hecho y de derecho» una «mínima estabilidad operativa».

El proceso de salida arrancó el 3 de junio, cuando la cadena anunció el cese en 15 de sus hoteles vinculados al conglomerado militar GAESA, tras la Orden Ejecutiva 14404 firmada por el presidente Donald Trump el 1 de mayo, que designó a ese grupo como entidad sancionada y fijó el 5 de junio como plazo para que empresas extranjeras cortaran vínculos con él.

El golpe definitivo llegó el 13 de julio, cuando la administración Trump amplió las sanciones al Ministerio de Turismo de Cuba y a nueve entidades estatales adicionales, siendo la primera vez en la historia que un ministerio completo del régimen cubano quedaba en la lista negra del Departamento del Tesoro.

Esa medida eliminó cualquier margen legal para que los hoteles restantes de Meliá continuaran operando.

El director ejecutivo de la cadena, Gabriel Escarrer Jaume, resumió la situación con claridad el 14 de julio: «No lo sé, la verdad es que no sabemos qué va a pasar. Estamos siguiendo las instrucciones del Departamento de Estado norteamericano».

La salida de Meliá no es un hecho aislado: marca el final de tres décadas de dominio de las grandes cadenas españolas en el turismo cubano.

Iberostar, que inauguró su primer hotel en la isla en 1993, confirmó el cese total de sus operaciones el 21 de julio, tras haber dejado de gestionar 12 de sus 18 hoteles desde el 1 de junio.

Barceló rescindió anticipadamente sus contratos en Varadero, vigentes hasta 2027. La canadiense Blue Diamond Resorts había salido el 31 de mayo, afectando 62 hoteles y más de 12,900 habitaciones. Minor Hotels (NH) y Archipelago International también abandonaron la Isla en los meses previos.

Entre todas las cadenas españolas que se marchan, las pérdidas totales se estiman entre 80 y 100 millones de euros, sobre una inversión acumulada de 465 millones entre 1993 y 2024.

El régimen cubano ha amenazado con demandas por incumplimiento contractual, pero Meliá se ampara en el Estatuto de Bloqueo de la Unión Europea, que prohíbe a empresas europeas acatar sanciones extraterritoriales estadounidenses.

El éxodo hotelero coincide con el peor momento del turismo cubano en más de dos décadas.

La Isla recibió apenas 1,81 millones de visitantes en 2025, frente a los 4,7 millones de 2018, con una ocupación hotelera que se desplomó al 18,9 %.

En los primeros cinco meses de 2026, la caída se aceleró: solo 359,491 turistas llegaron, un 58,4 % menos que en el mismo período de 2025, con mayo registrando apenas 30,883 visitantes.

Las cadenas que abandonan la Isla controlaban más de 30,000 de las 86,559 habitaciones disponibles en Cuba, un 35 % del total. El vacío que dejan podría ser ocupado por cadenas estadounidenses como Marriott, Hilton, Hyatt y Wyndham, en caso de producirse un cambio político en el país.

Meliá evaluará el impacto financiero completo de su retirada cuando publique sus cuentas del primer semestre el próximo 30 de julio.