Una ocasión en la historia en la que fue protagonista, testigo y cronista al mismo tiempo. Óscar Pereiro Sío (Mos, 1977) pasó por todos los estados de ánimo posibles durante su participación en el Tour de Francia de 2006. El ciclista del Caisse d’Épargne-Illes Balears cumplió su compromiso con los lectores de FARO y envió cada jornada una crónica de la etapa.

En su columna de «Desde el pelotón» narró desde el 1 al 25 de julio los entresijos de la gran prueba gala. El prólogo desde Estrasburgo, los nervios y dudas que surgían cuando el rendimiento deportivo no acompañaba, la lesión de su compañero de habitación Alejandro Valverde, los elogios a Óscar Freire y la logística que rodeaba a la prueba.

La llegada a los Pirineos le situaba 20º y en la etapa reina, tras el paso por el Tourmalet, se descolgaba de la pelea por la general. «Cambio de objetivos», titulaba el viernes 14 de julio tras quedar a 28 minutos de Floyd Landis, a quien dejaba como favorito junto al ruso Denis Menchov. Al día siguiente agradecía el esfuerzo de su gente con varias banderas gallegas acompañándolo en su intento de escapada. «Me queda mal sabor de boca por no haber podido brindarles una etapa más emocionante», lamentaba en las páginas del Decano. Pero llegaría.

El 15 de julio lograba una machada histórica en Montélimar y se convertía en el primer gallego de la historia en vestirse con el maillot de líder. «Sensaciones imposibles de expilcar», titulaba, ante «lo más grande que le había pasado». Aún así, tuvo tiempo a «pedir disculpas a mis compañeros de FARO DE VIGO porque sé que ayer era un día complicado para ellos con la visita del Rey Don Juan Carlos a Galicia. Menudo día he escogido», apuntaba el ya periodista y hombre del momento.

Sensaciones imposibles de explicar (16 julio)

Sensaciones imposibles de explicar (16 julio) / FdV

Los días de gloria y amarillo

Ahí viviría el primero de sus días en los que «todo es amarillo». El protocolo alrededor del primer clasificado de la general le saturó hasta el punto de buscar aislarse y hablar de cualquier cosa menos de ciclismo. «Mucho agobio antes de tres días locos», decía antes de examinarse en el Alp D’Huez que este viernes coronó a Pogacar. De la histórica cumbre se llevó la certeza de que lucharía por el podio y elogió «la importancia de tener un buen equipo».

Y mucho antes de que la salud mental fuera un tema crucial en el deporte, apuntaba al día siguiente a la importancia de «una buena cabeza». En la meta en Coul de Joux-Plane entró a menos de dos minutos de Carlos Sastre. «¿Alguien me puede decir si sigo de líder?» preguntó sin entender lo que pasaba. La relación con el sprinter colearía en alguna columna más.

La etapa decisiva de la contrarreloj sirvió como un día intenso pero de reencuentros familiares, incluida con su entonces mujer y su hijo. A París llegó como segundo clasificado, escoltando a Floyd Landis, siendo consciente de que «dejó de ser dueño de su tiempo». El estadounidense dio positivo apenas después pero privó a Pereiro de una imagen incalculable: la de vestirse de amarillo en los Campos Elíseos.

El 25 de julio despedía sus 24 escritos después de un multitudinario recibimiento en el aeropuerto de Peinador y Mos. «Que no sea la última», proclamaba exhausto tras la ola de cariño recibida. Solo ahí entendió lo que significó su hazaña en el Tour para miles de gallegos que la siguieron a través de las páginas del Decano.

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