La extinción de los tres incendios, fusionados desde la tarde del viernes en un solo monstruo que avanza por la esquina suroeste de la región madrileña hacia el norte, se ve dificultada por un peligroso cóctel meteorológico: la conocida como regla del 30-30-30. Utilizada por bomberos, meteorólogos y expertos forestales, resume los tres factores que disparan el riesgo de que un fuego avance a ritmo de velocista y se convierta en lo que ya es este, un incendio de nivel 5 o quinta generación, es decir, que supera la capacidad de extinción: temperaturas por encima de los 30 grados, humedad relativa por debajo del 30% y rachas de viento superiores a 30 kilómetros por hora.

Más información

Los bomberos no luchan contra las llamas, luchan contra el tiempo. En la zona del incendio, según detalla a este diario Javier Armeteros, delegado en Madrid de la Agencia Estatal de Meteorología, confluyeron el viernes dichas condiciones, las “más adversas″ a las que se puede enfrentar un bombero: 32 grados, humedad por debajo del 30% y “viento sostenido del oeste-suroeste de 30 kilómetros por hora y rachas de 50 a 60”.

La predicción para este sábado apunta a que las “condiciones de temperatura y humedad mejoran, pero no las de viento”. La temperatura baja a 29 grados y la humedad durante la noche ha subido hasta llegar incluso a 60%. Ahora está descendiendo y, en las horas centrales del día, se quedará en torno al 30%. “Es una mejoría respecto a días anteriores, donde estaba por debajo del 20%”, subraya Armenteros. En cuanto al viento, muy malas noticias: durante la mañana “gira hacia el noroeste y por la tarde se intensifica, con rachas que pueden superar los 50 kilómetros por hora”. El domingo “será un día mucho más favorable en la meteorología, el viento ya no será fuerte”.

Este cambio en las condiciones meteorológicas, menos viento, mayor humedad y menos temperatura, “ha beneficiado la lucha contra los incendios forestales”, señala a primera hora de esta mañana el Ministerio del Interior, que certifica que “los incendios durante la noche han avanzado muy poco y han bajado su intensidad”. Lo importante es que el frente de Ávila no ha cruzado a Madrid, el mayor temor de todos los expertos consultados por EL PAÍS. El frente madrileño “ha avanzado menos durante la noche” que el de Ávila y su cabeza se encuentra en Robledo de Chavela y Fresnedillas de la Oliva. Pero siguen sin estar controlados ni perimetrados.

Este es, sin lugar a dudas, “el peor incendio de la historia” de la región, como certificó la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso: 9.940 hectáreas calcinadas. A estas horas hay más de 30.000 personas evacuadas y se mantiene el desalojo de Chapinería, Navas del Rey, Colmenar del Arroyo, Fresnedillas de la Oliva, Robledo de Chavela, Navalagamella, Valdemaqueda, Aldea del Fresno, Zarzalejo y Peralejo. Otros 20.000 vecinos están confinados en San Martín de Valdeiglesias, Pelayos de la Presa y Villa del Prado.

Según advierten varios profesionales consultados, no se trata de un problema de efectivos o de medios, sino de condiciones desfavorables. “Medios no faltan, pero este incendio tiene tanta virulencia y tanta fuerza que no puedes meter ni siquiera medios a trabajar”, lamenta Israel Naveso, miembro del cuerpo madrileño y portavoz del Sindicato de Bomberos, mayoritario en la región. Porque el incendio de Madrid ya es de nivel 5, que es como llaman los técnicos a un fuego que se torna inextinguible. “Pero no lo es en todo momento, depende de la orografía. A ratos baja y se abre una ventana de oportunidad y puedes intervenir, en otros es imposible, hay que dejarlo correr”, explica. A un incendio de estas características “no se le puede meter mano de ninguna forma“, concluye el sindicalista, para explicar que lo grave es que ”está cogiendo zonas de interfaz, es decir, parte forestal y parte urbana, está atravesando municipios enteros”.

A estas horas, la máxima aspiración de los bomberos es que “se mantenga el contador a cero”, es decir, que no muera nadie. “Está siendo un milagro, la verdad. Con el incendio ya fuera de la capacidad de extinción, a nosotros se nos ha dado la orden de dejar que el monte se queme, la única prioridad son las personas, los ciudadanos y nosotros mismos”, confiesa con sufrimiento e impotencia Naveso. A partir de ahí, teniendo en cuenta que el objetivo primordial es proteger la vida, “se está haciendo lo que se está pudiendo”. Así, sobre el terreno, los efectivos están “aguantando por los flancos”, pero no pueden hacer “un ataque directo a la cabeza” porque con un fuego de quinta o incluso ya de sexta generación “es ir directo a la muerte”, explica José María Bermúdez, portavoz del Cuerpo de Agentes Forestales de Madrid del sindicato CSIF.

Para los equipos de extinción en Madrid y Ávila, supone la peor crisis a la que se han tenido que enfrentar con mucha diferencia, según las fuentes, que alertan de una posible “catástrofe” si las condiciones no cambian y si acaban uniéndose el incendio de Ávila y el de Madrid porque el primero es “el que más carga de fuego trae y el que más hectáreas se está quemando”, explica Naveso. Como ocurra, “se va a quemar media Comunidad de Madrid”.

Es tan grave la situación que “todo el mundo, mayoritariamente, está renunciando a sus vacaciones para incorporarse a trabajar, para poder dar relevos a las dotaciones”, se felicita Naveso. “Nos estamos dejando el alma porque es muy duro lo que está pasando”, dice por teléfono, con la voz entrecortada.

Para Naveso, la causa es “una tormenta perfecta de muchas circunstancias distintas en las que se han dado todas a la vez”. El primer ingrediente para amasar este desastre es la dejación de funciones de las administraciones respecto al campo: “Es muy evidente que el Gobierno madrileño no está invirtiendo lo necesario en el mantenimiento y la limpieza de sus montes”. Ayuso tildó el jueves de “verdadero problema de los españoles” la falta de limpieza de los montes como si fuera un asunto de otros y no competencia de los gobiernos regionales.

Porque la falta de limpieza de los montes tiene un doble efecto letal: deja las pistas impracticables, lo que impide el acceso al foco de las llamas, y convierte en combustible para las llamas unos pastos tan crecidos. Si a esta falta de limpieza “se suma a todo lo que ha llovido durante el invierno, que ha provocado que crezca mucho el pasto, y se junta ahora con tres olas de calor en seis semanas, que se han chupado toda la humedad que había y han secado los pastos, y si a una chispa le sumas el viento, pues se dan las condiciones perfectas para que haya varios incendios simultáneos”.

Una de las claves es la vegetación seca, que favorece la rápida expansión de las llamas. Como el calor no desciende por las noches, no da tiempo a que la madera absorba la humedad y el agua, convirtiéndola en más propensa a arder. Esa velocidad frustra a los bomberos forestales. Este cuerpo lleva años advirtiendo de que cada vez es más difícil contener los conatos de incendio, es decir, los fuegos que queman menos de una hectárea gracias a una rápida reacción. Dicen que llegan a las llamas con la misma rapidez, pero ya es demasiado tarde. “Solemos tardar 30 o 45 minutos, como siempre, pero vemos que el incendio ya se ha extendido”, dice Guillermo Ruiz, bombero forestal.

A juicio del forestal Bermúdez, estamos ante un “panorama inédito”, tanto por la confluencia de tantos grandes incendios como por la declaración de emergencia nacional. “Anoche lo vimos como una jugada exagerada y con perfil político, pero ahora, viendo los mapas, tiene una justificación técnica. Los técnicos vieron lo que venía de Ávila y se asustaron. Es un incendio de una velocidad y voracidad increíbles, se ha recorrido la sierra de Gredos en dos días”, contextualiza.

Para evitar que estas situaciones se repitan verano tras verano y sean cada vez peores son fundamentales las inversiones. ”Está bien que se hagan en medios de extinción, pero lo que estamos repitiendo todos los profesionales es que necesitamos que lleguen al sector forestal, al agente forestal, a los bomberos forestales, a las cuadrillas que limpian los montes”, reclama Bermúdez. “Todos los veranos cuando viene el lobo lo repetimos, parece que por fin se ha creado conciencia social, pero llega octubre y se acabó y en vez de haber 10 cuadrillas limpiando pistas, hay una”, reclama el agente forestal.