Durante su debut en el Tour de Francia, Tadej Pogacar (Komenda, 1998) escuchó que debían rodar cabezas. Era septiembre de 2020, la edición atrasada por … el coronavirus a la que el esloveno acudió con el objetivo de acabar entre los cinco primeros. En plena carrera, recibió un consejo de uno de sus mentores, Allan Peiper, que se le quedó clavado en el cerebro. «Roglic y los demás no son tus amigos. Te van a cortar el cuello en cuanto tengan la oportunidad. Y tú tienes que recordar que, el día en que ellos estén de rodillas, tú tienes que hacerles lo mismo». Sin piedad. Así comenzó la leyenda del pentacampeón más joven de la historia.
Miguel Induráin ganó su primer Tour con 27 años, la edad con la que el posible mejor ciclista de todos los tiempo es ya cinco veces vencedor. Merckx lo logró con 29. Anquetil e Hinault con 30. El navarro, a los 31. Son los cinco mosqueteros. Dos franceses, un belga, un español y un esloveno. La nueva era.
‘Gora’ no es una palabra de ánimo en Eslovenia. Significa montaña. La madre de Pogacar, Marjeta Stebe, vivía en Gora pri Komendi. Y el padre, Mirko, en Klanec (colina), ambos muy cerca de Komenda. A sus cuatro hijos no les quedó otra que adaptarse a vivir cuesta arriba. Barbara es la mayor. Se hizo ingeniera. El segundo es Tilen, trabajador de logística. Luego llega Tadej, el más rebelde e inquieto. Al profesor le respondió una vez que para qué iba a hacer los deberes si iba a ser ciclista. Cuando estaba a punto de terminar el instituto, su abuela Anica le preguntó si no era mejor buscarse un oficio menos exigente para el cuerpo. «En una oficina lo pasaría mal, aquí soy libre», respondió, según recoge Andy McGrath en la primera biografía del esloveno. La más joven es Vita.
Sus padres, en autocaravana
Los seis forman un núcleo familiar unido en la distancia. Los padres han seguido las últimas ediciones del Tour desde una autocaravana. Discretos e introvertidos como casi cualquier esloveno hasta que comparte el primer café, la propia Marjeta reconoce que cuantos más rivales tenga su hijo, mejor. «Más interesante será la carrera». Pero el niño de ojos azules, pelo castaño, teñido de platino por su idolatría hacia el rapero Eminem, barbilampiño y, hasta los 15 años, el más bajito de la clase, no tolera el picante que genera una carrera igualada.
Si en algo se parecen la forma de correr de Pogacar e Induráin es que a la primera oportunidad, encarrilaban la victoria en el Tour. En 2021, el esloveno danzó bajo la lluvia en el Col de la Romme. En manga corta y a 32 kilómetros de meta, decapitó la emoción de las 13 etapas restantes. En 2024, cuarta jornada, imposible contenerse en el Galibier. 2025, bocados en la Bretaña de Hinault y dentellada en Hautacam, primer final en alto. Y en 2026, sexto día, holla el Tourmalet y luego destroza el Alpe d’Huez.

El inicio de la leyenda en La Planche des Belles Filles.
(2020)
La colección de cinco Tours que acaba este domingo en París la inició en la penúltima jornada de 2020. No porque no atacara, se dejara ver menos o se contentara con el segundo puesto. Roglic parecía inquebrantable y cimentó su liderato en el más de un minuto que le distanció en una jornada de abanicos. Un error de juventud. Con 21 años, desdibujó a su compatriota en la contrarreloj final en la Planche des Belles Filles, en el corazón de unos Vosgos a los que no descarta irse a vivir algún día. Aquel día bajó la rampa con 57 segundos perdidos y ganó el Tour con 59 de ventaja. Ese día había dormido plácidamente hasta las 10 de la mañana. Los nervios no van con él.
Un solo abandono por caída
Sobre la gestión de la presión, en el equipo UAE suelen relatar dos anécdotas. Su debut profesional en 2019 fue en el verano australiano. La entrada plácida que querían fue una odisea logística. Su vuelo de Liubliana a Milán fue cancelado por la nieve. Voló a Frankfurt y de allí fue en autobús hasta Bérgamo. Un coche del equipo le llevó al aeropuerto de Malpensa y, después de varias escalas, llegó a Adelaida sin la maleta. Se la habían perdido.
Tres semanas más tarde, cuando se disponían a regresar a casa, Pogacar se dio cuenta de que no tenía el pasaporte. Era el día nacional de Australia. Estaba todo cerrado. «No entró en pánico en ninguna situación. Siguió igual de alegre», rememoraba Peiper, ahora asesor de Evenepoel. El covid le pilló en pleno UAE Tour. Tuvo que quedarse en los Emiratos catorce días en aislamiento voluntario. La compra de una PlayStation le permitió adaptarse rápido a la vida confinada. «Nunca le ha visto estresado», cuenta Bystrom, su compañero de habitación aquellos días.

Baile bajo la lluvia en el Col de Romme.
(2021)
Para ver un rastro mundano de Pogacar en el que cualquier aficionado puede sentirse identificado hay que irse a su primer día en bicicleta de carreras. Tenía 9 años y no logró desenganchar el pie de las calas. Acabó en el suelo. Es el rito de paso de cualquier novato. Después de haber competido en fútbol y saltos de esquí, empezó a andar en bici para seguir a su hermano Tilan, que se había apuntado a un club local. Desde entonces, está tocado por una varita. En siete temporadas, solo una caída le ha obligado a retirarse una carrera, la Lieja de 2023 en la que se fracturó el escafoides. Las caídas en la Strade, el Tour o San Remo no le han hecho abandonar. «Sangraba… era como un zombie», describió Pidcock tras el Monumento.
Aún con todo, Pogacar no fue un fenómeno en su adolescencia. Buenos resultados, pero no un palmarés excelso como Alejandro Valverde. Su primer gran destello le pilló de exámenes. La Vuelta a Eslovenia se disputa a mediados de junio, cuando realizaba la ‘matura’, la PAU eslovena. Hizo tres exámenes y cambió la fecha de su proyecto final de Ingeniería Mecánica para codearse con Rafal Majka y acabar quinto en aquel 2017.
Al año siguiente ya ganó el Tour del Porvenir. El modesto Liubliana Gusto Xaurum en el que corría tan solo le podía proporcionar 1.000 euros al mes. Su llegada al UAE, propiciada por Matxin, se produjo por el sueldo mínimo, 41.000 euros. Ahora ya gana más de ocho millones. Más de once con la publicidad. Especialmente por los relojes Richard Mille.

Ataque en el Galibier.
(2024)
Tampoco ha contado con un equipo tan dominador como el actual. En su primer Tour le acompañaron Aru (abandono en la 9ª etapa), Formolo (abandono en la 11ª), David de la Cruz, Polanc, Marcato, Laengen y Kristoff. Pogacar llevó al UAE a ser el mejor equipo del mundo y el conjunto emiratí al esloveno a ser legendario. El bienio en el que Vingegaard le superó en el Tour les llevó a implementar los cambios «en torno a la alimentación y la hidratación» que le han llevado a ser imparable.

Supersónico en Hautacam.
(2025)
Su preparador, el alavés Iñigo San Millán, fichó por el Athletic. Empezó a trabajar con el sevillano Javier Sola, y entrenar distinto. Más variado y centrado en la fuerza. Buscaron una posición aerodinámica más eficiente. Se quitó ciertos caprichos en la nutrición, llegando al Tour con un kilo menos. Y mitigó su bajón de rendimiento con calor extremo a base de hacer rodillo en saunas o con trajes de pintor. Merckx, Hinault e Induráin se retiraron a los 32. «No voy a estar haciendo esto mucho más», señaló tras la penúltima etapa. Pogacar tiene contrato hasta 2030. La Vuelta, la París-Roubaix y los Juegos son los pocos retos que se le resisten a una mentalidad voraz.