De Carrara, en la región italiana de La Toscana, ha salido el mármol para esculpir piezas como el David de Miguel Ángel. Un histórico legado artístico al que hoy hay que añadir la obra de Leticia Miano, escultora nacida y criada en la localidad sayaguesa de Torregamones, que ha colaborado con marcas como Max Mara y que actualmente compagina la creación de una muestra personal con su trabajo para una empresa norteamericana con sede en Italia en un proyecto para el artista estadounidense Jeff Koons, el autor del famoso «Puppy» en el exterior del Museo Guggenheim de Bilbao. Al hablar de sus piezas, Leticia destaca obras como «Renascita», esculpidas en esta codiciada piedra italiana.
Aún en la distancia, reivindica su tierra con orgullo a través de sus ideales de trabajo y de la forma en la que afronta la vida. Como comentaba a LA OPINIÓN – EL CORREO DE ZAMORA, lleva un pedazo de sus orígenes consigo en un colgante que le regalaron sus amigas y que la ayuda a anclarse a su Sayago. Para ella, el arte «no es trabajo, es pasión», una lección que descubrió en la Escuela de Arte de Zamora, donde profesores como Joselu, Chechu, Ismael o Irene, a los que recuerda con gran cariño, la ayudaron a encontrar su camino y a decidirse a aceptar el Erasmus a Italia, donde se terminó quedando.
La escultora nació en Zamora, en una tierra dura que no está marcada por el mármol sino por el granito y por los Arribes, donde Leticia experimentó hasta desarrollar esta visión artística. Ella misma cuenta que cuando era pequeña no disfrutaba tanto jugando con las muñecas como creando espacios para ellas, construyendo casitas de juguete y sentando las bases para una carrera que la ha llevado al otro lado del Mediterráneo, donde ha encontrado su lugar y ha aprendido de grandes maestros, entre los que destaca a Simone Ramaginni, Marco Mutti o Franco Cervietti.
El arte de ser sayaguesa
Para Leticia, no hay otra forma en la que pudiera ser artista que a través de los valores que aprendió en esta tierra de la mano, entre otros, de su abuelo Urbano, fallecido recientemente y al que le gustaría dedicar sus próximas exposiciones y homenajear este verano en Zamora. Perderlo le ha hecho reconectar con un desarraigo que aclara que es únicamente físico, porque emocionalmente sigue muy unida a Sayago. Ha vuelto a sentir el amor por la tierra y por la familia, que le enseñó, al igual que los mayores de su pueblo, a trabajar a diario, con disciplina y valorando el saber por encima del dinero. Habla de los veranos en la era, al sol, que denotan una exigencia y una disciplina que los abuelos sayagueses inculcaron a sus nietos, «preparándonos para una vida dura que se suponía que no íbamos a tener».
De haber crecido en Sayago también aprendió su definición del éxito, que pasa por buscar la felicidad y no la recompensa material. También a mirar a las personas por encima de su género, algo en lo que decía que los mayores de Sayago, «estaban muy adelantados a su época», ya que confiesa haber encontrado mayores diferencias de género en la vida actual que en la historia de su tierra. Hablaba de lo que ha sido para ella crear siendo una mujer joven y del machismo que ha enfrentado, diciendo que «combatirlo es difícil, pero la evolución nos lleva por buen camino». Cuando contaba su propio aprendizaje, comentaba que «no suelo quedarme donde veo que hay confrontación respecto a esto».
En su tierra natal también ha encontrado referentes jóvenes, y ha querido hacer una mención especial a Aitana Martínez, otra artista sayaguesa de la que admira «su visión de lo rural y del folclore», que para ella ayuda a alimentar el mundo rural. Leticia conoce las ventajas y desventajas de crear en el mundo rural, y sin querer ser «un referente para nadie», muy cauta a la hora de hablar a los niños y niñas de la España vaciada, reconocía que crecer en un lugar como este «tiene sus inconvenientes, pero le gana lo que puedes aprender. Es un privilegio crecer con estos valores», con este arraigo a la tierra.
«Artista eres independientemente de dónde estés», decía Leticia al cuestionarle si cree posible crear y hacer carrera en Sayago. La zamorana se muestra optimista: «Es el mejor momento para crear algo desde la España vaciada», ya que la tecnología te permite llegar al mundo y la calidad de vida es mejor. «Tener conocimiento es tener poder, y en el pueblo encuentras aprendizaje en cosas que no hay en las ciudades».
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