La reintroducción de osos en el Pirineo tiene un revés que preocupa a expertos y biólogos. La comunicación entre camadas de distintos sistemas montañosos es casi nula y los osos, reunidos en pequeños clanes familiares, están empezando a reproducirse entre ellos. Padres oso que embarazan a sus hijas, primos de un mismo padre que engendran oseznos entre ellos… una bomba genética que tendrá consecuencias en la especie y que, además, tiene difícil remedio.
Es sencillo de entender. Para tener fauna silvestre autóctona no solo tienes que reintroducir ejemplares de la especie, que por supuesto. Esos animales reintroducidos tienen que tener todo un ecosistema que les permita desarrollarse tal y como lo hacen desde hace milenios en el mundo.
Los osos, unos animales que andan una media de 50 kilómetros al día, están acostumbrados a explorar territorio. Hace milenios, un oso podía cambiar de sistema montañoso con tranquilidad, porque no existían carreteras, postes de luz, ciudades, pueblos, granjas con cercados… ahora, un oso reintroducido en el Pirineo occidental tiene problemas hasta para recorrer toda la cordillera. ¿Por qué? Porque a cada paso hay un pueblo, una carretera, una caseta, una batida de cazadores o cualquier construcción humana que lo asusta y le hace replegarse. En la práctica esto supone que los osos reintroducidos apenas se mueven de un territorio más o menos conocido y seguro para ellos, que terminan viviendo de una forma bastante aislada.
Los males de la consanguinidad en osos son parecidos a los de los humanos: camadas más pequeñas, ejemplares más proclives a la enfermedad y la debilidad, y menor tasa de supervivencia en cachorros.
En esta información hay un árbol genealógico, como el de las familias de los reyes. Aquí también hay problemas de parentesco. Mientras la comunidad es relativamente pequeña, el árbol se puede rastrear con cierta facilidad. Hay un momento en el que el crecimiento es tal que ya es imposible seguirles la pista e incluso los osos dejan de tener nombre –el tema de bautizar osos tiene un capítulo aparte no exento de polémica– y se les asigna un número. Hay que recordar que la comunidad de osos pirenaicos ronda ahora entre los 100 y los 140 ejemplares y que la población crece a un ritmo del 10-11%.
Los problemas de los osos, los mismos que los de los reyes
La infografía, muy sencilla, ocupa a los ejemplares del Pirineo occidental, la parte más navarra, y arranca con las osas Claverina y Sorita, las introducidas en 2018.
De Sorita dicen los expertos que pudo ya venir embarazada de Eslovenia. En 2019 dio a luz a tres oseznos que fueron víctimas de infanticidio: al parecer, murieron a manos de un oso pardo macho adulto, de nombre Neré o Nelé.
En 2021, Sorita volvió a tener camada, en este caso con el oso pardo macho Rodri, uno de los pocos ejemplares presentes en el Pirineo occidental desde 2014. De ahí nacieron tres osos macho: Bious, Larry y Beroi. De los dos últimos hay constancia que han pisado muchas veces Navarra.
En 2023, Sorita volvió a tener descedencia, otra vez con Rodri: de ahí nacieron Rey, que también ha paseado por Navarra, y Arriu, una hembra. Le hembra parece que fue montada por su propio padre y de ahí los dos oseznos con los que se le ha llegado a ver a Arriu. Los expertos comentan que a Sorita se le ha vuelto a ver hace relativamente poco con otro osezno, aunque no hay consenso. Así que podría tener incluso otra nueva camada.
El árbol de Claverina es más reducido. De momento solo ha tenido un osezno: Trepador, nacido en 2025, de quien los aragoneses dicen que es el primer osezno nacido en el Pirineo aragonés en 50 años. Dicen los que siguen al oso que a Claverina se le ha vuelto a ver, hace poco, con otro oso pardo macho adulto. Parece que puede ser alguno de los hijos de Sorita, Larry o Beroi.