El paso de síndrome de ovario poliquístico (SOP) a síndrome de ovario metabólico poliendocrino (SOMP) es mucho más que un cambio de nombre. Implica un nuevo enfoque médico, más estricto y riguroso, que permite ofrecer mejores diagnósticos y tratamientos a las mujeres, tal y como señala el doctor Luis Antonio Vázquez Illanes, ginecólogo del Hula con consulta en la Clínica Concepción Arenal.
Este cambio va mucho más allá del nombre, ¿qué implicaciones tiene?
Se trata de un auténtico cambio de enfoque, que aporta una visión más real del problema. Ha pasado de enfocarse como una alteración hormonal a enfocarse como una alteración metabólica multisistémica, que afecta a muchos órganos, entre los que también están los ovarios, pero que ya no se ven como la causa del problema.
¿Qué síntomas presenta una paciente afectada por el síndrome de ovario metabólico poliendocrino?
Estas pacientes van a presentar distintos síntomas, pero hay tres áreas fundamentales. Tenemos el componente poliendocrino, relacionado con alteraciones hormonales múltiples; el componente metabólico, asociado sobre todo con resistencia a la insulina y un riesgo más elevado de sufrir complicaciones sistémicas; y el componente ovárico, que mantiene la referencia a la dimensión reproductiva, pero sin reducir la enfermedad a esa dimensión.
Este síndrome ha pasado de enfocarse como una alteración hormonal a enfocarse como una alteración metabólica multisistémica, que afecta a muchos órganos
¿La investigación ha podido establecer cuáles son sus desencadenantes?
La causa del SOMP aún no se comprende del todo, pero se han identificado múltiples factores asociados y, por ejemplo, se sabe que la genética tiene un peso importante. Incluso se cree que podría estar parcialmente determinado por lo que ocurre en el vientre de la madre durante la gestación. Si la madre tuvo niveles elevados de andrógenos (hormonas masculinas) durante el embarazo, esto puede aumentar el riesgo de que su hija desarrolle SOMP; al igual que lo hacen el estilo de vida de la embarazada (nutrición y niveles de estrés) o la exposición a niveles altos de insulina en el vientre materno (por ejemplo, si la madre tuvo diabetes gestacional).
Es una patología compleja con un abordaje complejo, ¿cómo se está tratando actualmente?
No existe un único tratamiento, sino que se van buscando los tratamientos que mejor se adecúan a la sintomatología de cada paciente. Algunas mujeres presentan principalmente alteraciones hormonales, mientras que otras desarrollan un perfil más metabólico, con exceso de peso, resistencia a la insulina o mayor predisposición a la diabetes tipo 2. Así que el objetivo se pondrá, según el caso, en regular los ciclos, mejorar los síntomas derivados del exceso de andrógenos, reducir riesgos metabólicos o, si esa mujer busca un embarazo, favorecer la ovulación. En muchas de las pacientes con perfil metabólico, el problema mejora mucho con, simplemente, la adopción de medidas higiénico-dietéticas adecuadas.
No hay que normalizar síntomas como reglas irregulares, cansancio persistente, acné, dificultad para controlar el peso, hirsutismo o caída del cabello. No hay que esperar «a ver si mejoran»
La infertilidad es una de las posibles consecuencias del síndrome de ovario metabólico poliendocrino. ¿Cuáles son los otros problemas que pueden aparecer?
Sin un diagnóstico y un tratamiento adecuados, hay un mayor riesgo de que esa mujer sufra diabetes tipo 2, hipertensión arterial, alteraciones del colesterol, hígado graso o enfermedad cardiovascular. Además, los ciclos menstruales irregulares también implican riesgos; por ejemplo, la ausencia prolongada de menstruación puede favorecer una hiperplasia de endometrio, que es el crecimiento excesivo de la capa interna del útero.
¿Se trata de una patología infradiagnosticada?
Sí, se cree que entre el 10-15% de las mujeres en edad fértil sufren este síndrome y, de ese porcentaje, hasta el 70% estarían sin diagnóstico. Es una cifra muy alta y por eso me gustaría incidir en la importancia de consultar de forma temprana, sin esperar a que los síntomas se hagan demasiado evidentes. Si actuamos con medidas de prevención puede mejorar mucho la clínica de la paciente. Cuando tenemos reglas irregulares, cansancio persistente, acné, dificultad para controlar el peso, hirsutismo o caída del cabello, estos síntomas no deben normalizarse, no hay que esperar «a ver si mejoran».