Tenía 72 años cuando falleció el 8 de febrero de 1999. Demasiado pronto, qué duda cabe. Era Luis Sánchez Polack, pero solo necesitaba de un monosílabo para que todo el mundo le identificara y esbozara una enorme sonrisa al ser mencionado: Tip. Esta semana, el 22 de julio, hubiera cumplido 100 años.
Ojalá le siguiéramos viendo caminar a zancadas con sus largas piernas por el centro de esa Valencia de su gran amiga Rita Barberá que tanto querían. Su centro de operaciones sobre todo estaba en la calle Mosén Femades: En la Taberna Alkazar, en Civera o en el Palacio de la Bellota.
Nos cuenta Jorge Fernández, por entonces gerente de la Taberna Alkazar, hoy bajo la dirección de su hija, que Luis acudía mucho a la hora del aperitivo y que era un hombre de barra, nada de sentarse. Iba con un grupo reducido de amigos con quienes jugaba al «puñet», que es como aquí se le llama a jugar a los chinos.
A veces aparecía con Mingote, Alfonso Ussía o Chumi Chumez, compañeros de la popularísima tertulia radiofónica a la que Tip aportaba su descacharrante surrealismo humorístico. Tomaban vino con gaseosa y sobre todo cerveza y el que perdía pagaba la ronda, sigue contando Jorge. Mucha gente le pedía autógrafos, lo de los teléfonos con cámaras y los selfies estaban por inventar. Él nunca se negaba. Era amable, paciente y chistoso con todos.
Tip con la vedette Mari D’Arcos, y Carlos González Lliberós en el pub Salitre de El Perellonet en los años 90 M.A.P.
Estando en Valencia, las emisoras a las que iba para intervenir en «El Estado de la Nación», tanto la Cope primero como cuando Luis de Olmo cambió a Onda Cero le pillaban muy cerca de esa calle de barras y restaurantes de varios tenedores al ladito de la Plaza del Ayuntamiento.
Sin embargo, le escucho decir a su sobrino nieto, también llamado Luis Sánchez Polack y no solo a él, que Tip tenía su genio y que cuando más lo sacaba era cuando le despertaban pronto. Era de levantarse tarde, como tantos artistas que trabajan de noche y era poco aconsejable estar cerca cuando alguien le hacía madrugar. ¡Las que liaba!
Luis Sánchez Polack, Tip para sus millones de amigos tenía una imaginación tan portentosa como surrealista. Un mago del absurdo que recordaba a Groucho Marx, que hizo característica su silueta alta delgada, bigotuda, quijotesca y desgarbada que en los escenarios, junto a su insustituible chaqué coronaba con una negra chistera, en contraste con la imagen bajita y rechoncha, rematada por un bombín que lucía su pareja artística, Coll.
Era un hombre de gran corazón y ayudaba a mucha gente sin hacer la más mínima ostentación de ello. Entre las anécdotas que se cuentan en sus biografías hagiográficas, figuran un par que dicen mucho de su carácter y generosidad y de esa personalidad divertida y cachonda.
Había una mujer en las calles de Madrid que tenía como forma de ganarse la vida el vender escobillas de váter y Tip le compraba casi todos los días para ayudarla. La gracia comenzaba cuando Tip iba regalando esas escobillas a sus amigos, al portero de la emisora, a sus compañeros, a los taxistas, vecinos y hasta a Luis del Olmo por uno de su cumpleaños. La otra era aquel sastre de no muy buen oficio al que para ayudarle le encargaba un traje tras otro que nunca se ponía.
Más allá de su divertida vida pública conocida, los inicios de Tip y su vida personal atravesaron por momentos muy duros y trágicos como la muerte de su único hijo de apenas siete años en un quirófano durante una operación de apendicitis. Nunca se recuperó ni quiso hablar de ello. O el fracaso de sus dos relaciones sentimentales anteriores a las de Amparo que no acabaron bien.
Aunque Tip, vivir vivía en Madrid, fue en Valencia donde conoció a su definitiva esposa Amparo Torres, con la que contrajo matrimonio civil primero y religioso en 1986 cuando ella trabajaba en la tienda Loewe de Valencia. Luis y Amparo, aparte de su domicilio madrileño, o bien vivían en un piso de la calle de San Vicente de Valencia o en el Hotel Recatí y en un apartamento en El Perellonet, enfrente de la animada discoteca Salitre, a la que solía acudir desde que hizo buena amistad con su propietario, Carlos González Lliberós. Al fallecer le pusieron su nombre a la calle de su apartamento.
Cuenta Lliberós, coincidiendo con todos los que le conocieron, que Luis era un tipo muy divertido, natural y de gustos muy sencillos. En las noches de verano cuando acudía a la discoteca situada junto a la carretera de El Perellonet entre arrozales, bebía whisky o cerveza y se reía mucho. Se le veía feliz. Eran los primeros noventa y recuerda el dueño de Salitre que en varias ocasiones le acompañaba en un Jeep Wilys militar con el que recorrían las urbanizaciones cercanas para hacer promoción del establecimiento. La gente no daba crédito cuando les veían llegar en el descapotable desde el que Tip, megáfono en mano, anunciaba y promovía las fiestas nocturnas del popular local playero. Y lo hacía a su manera, claro.
Con su ingenio inconfundible, su ironía inteligente y una forma única de entender la comedia, Tip dejó una huella imborrable en la cultura popular. Junto a Coll formó uno de los dúos humorísticos más emblemáticos de nuestro país, regalándonos un humor tan surrealista como brillante, capaz de hacer reír y reflexionar al mismo tiempo.