Tres consideraciones iniciales sobre el primer Tour de Francia de Paul Seixas. Era el corredor más joven en afrontar la carrera desde 1937, carga a … sus hombros con la presión de ser el corredor francés que tiene que terminar con la sequía de 41 años sin victoria gala y va a terminar cuarto, con el podio a menos de medio minuto antes de la penúltima etapa. Todo ello en una edición salvaje, que supera por primera vez los 43 kilómetros por hora de media y con tantos días de calor extremo que apelmazan. «Obviamente estoy decepcionado por no haber podido luchar más por el podio. Pero bueno, el cuarto puesto está bien», declaró ayer con cierto aroma a futuro.

Su historia es inaudita, sorprendente y veloz. A su edad, Pogacar aún no había pasado a profesionales. «Es una suerte que me esté pasando esto con mis años», declaraba hace unos días en ‘L’Equipe’ su orgulloso abuelo Jose Manuel (85 años), con procedencia gallego-portuguesa. Él le enganchó al ciclismo en los veranos que pasaba de niño en su casa en Alta Saboya. La misma a la que llegó de noche, en 2022, porque le fueron a buscar, después de irse a ver la novena etapa de aquel año que terminaba en Chatel.

Entonces ya se empezaba a augurar un futuro prodigioso. Despuntaba en todos los terrenos. Dos años más tarde se vistió de campeón del mundo contrarreloj en el Mundial júnior disputado en Zúrich. El director del Tour de Francia, Christian Prudhomme, le envió un mensaje de felicitación. El ganador tardó cuatro días en responder. Su tarifa telefónica no le permitía tener cobertura en Suiza, por lo que solo lo recibió cuando volvió a casa.

Seixas está enrolado en las filas del Decathlon desde 2021. Se acababa de proclamar campeón nacional francés de juveniles. Nada más bajar del podio, dos entrenadores del Groupama-FDJ pidieron hablar con él y con sus padres. Y también los del equipos sub-19 del que por aquel entonces era el Ag2r-Citroën. Había que tomar una decisión. Pensó que Bardet, uno de sus ídolos, había tenido sus mejores resultados con el conjunto que ahora es el Decathlon. Al sellar el trato, conoció a Alexandre Pacot, quien sigue siendo su entrenador.

Su irrupción como profesional en 2025 ya fue prometedora. Octavo en Dauphiné y bronce en el campeonato de Europa. Aún así, el equipo apostaba por una evolución paulatina. Sin llevarle todavía al Tour. Su exhibición en la Itzulia, en la crono, en Aralar y hasta en las bajadas, les hizo cambiar de opinión. Se presentó en Barcelona todavía con rasguños de la caída de junio en el Tour de Auvernia. O eso se pensaba. La realidad es otra.

El 1 de julio, durante un reconocimiento del recorrido de la contrarreloj por equipos por las calles de la Ciudad Condal, sufrió una caída, de ahí la presencia de algunos vendajes. Durante la primera semana de la carrera, también padeció un ligero resfriado durante dos días, lo que explica la mascarilla que utilizó durante varias jornadas. Su equipo ocultó ambos elementos a petición del joven, ya que no quería que se interpretaran como excusas. No ha podido mostrar su faceta ofensiva, pero sí poner a su equipo a trabajar. También ayer.

«No teníamos nada que perder. Me sentí muy bien al principio y en el Galibier. Pero llegó un punto en el que alcancé mis límites y me derrumbé. Intenté ser más fuerte de lo habitual y me quedé sin fuerzas», describió con madurez. Su primer Tour es solo la semilla de lo que vendrá. Por el momento le toca volver a elegir su futuro. Renovar con el pujante Decathlon, con el que tiene contrato hasta 2027, o recalar en cualquier otra estructura. Tiene para elegir. Todas ven en él un futuro ganador del Tour.