Pintor de vocación, prolífico y vitalista, autodidacta, el legado creativo de Julio de Pablo sigue proporcionando sorpresas. La huella del artista, que despertó siempre la … inspiración en los poetas, e invirtió su mirada en las formas, entre la imaginación y una continua reinterpretación del paisaje, ha vuelto a Comillas. Julio de Pablo, que adoptó el color como declaración de principios, fue coherente con una concepción clara de la pintura.
Desde su fallecimiento en 2009 se han sucedido vueltas de tuerca a su obra arropada por la reivindicación de la Fundación que lleva el nombre del pintor. El objetivo fundamental radica en «mantener la figura y la obra del artista y que no se olvide su creación, como habitualmente pasa, en el transcurso del tiempo».
La Fundación Julio de Pablo legalmente se constituyó en 2012, y en estos años se han celebrado importantes muestras como las de la Biblioteca Central, Ayuntamiento de Laredo, o la publicación en 2017 del libro ‘Julio de Pablo: El poeta que hablaba en colores’, editado por la Fundación con escritura de Luis Alberto Salcines. Este verano, su obra ha regresado a Comillas. Ya en 2014, su obra iluminó el Ayuntamiento antiguo de la villa. Desde el pasado día 10, puede visitarse en ese mismo espacio la exposición bajo el epígrafe ‘Los colores de Julio de Pablo’ que plasma el nuevo homenaje al pintor, en una cita impulsada y comisariada por Ángel Acero. La propuesta destaca por reunir un conjunto de obras sobre papel que representan sus creaciones más coloristas y que no habían sido expuestas hasta ahora. La exposición, que podrá visitarse hasta el al 17 de agosto, en horario de 19.00 a 21.00 horas, permite acercarse a una faceta singular del artista y reivindicar su universo creativo, marcado por el color, la expresividad y una mirada artística profundamente personal.
La presentación de esta muestra ha sido posible gracias a la colaboración de la Fundación Julio de Pablo, «cuya participación ha resultado fundamental para poder reunir y presentar esta selección de obras con la relevancia que merece», según destacan los organizadores.
Exenta de fines comerciales, la entidad que vela por el legado del pintor siempre trabaja en cumplimiento de sus fundamentos: estudio, investigación y difusión de la obra y la huella del artista de Revilla de Camargo, 1917, fallecido en Torrelavega a los 91 años.
Durante estos años de una forma u otra se han revisado las etapas clave de Julio de Pablo: años 40 y 50, con las influencias de Riancho y Van Gogh; la etapa de los grises de los 60 y 70 y el grueso más importante que corresponde a su periodo más colorista en los 80 y 90.
En paralelo, el centro cultural El Espolón acoge hasta el próximo 2 de agosto la exposición del artista Luis Soares, cuya trayectoria abarca disciplinas como la pintura, la escultura, el grabado, el cartelismo, el grafismo, la vidriería y la cerámica. Soares presenta una obra caracterizada por un marcado acento expresionista simbólico. Otra propuesta, ya avanzada por El Diario, es ‘Veneno que cura, veneno que mata’, una producción de Cultura Entretenida que permanecerá durante todo el verano en El Espolón.