Saltó a la fama con How to with John Wilson, una serie en la que desde la comedia, la curiosidad y un poco de puñetería, el neoyorquino recorría la ciudad para explorar los problemas del día a día y ver cómo se puede lidiar con ellos en una urbe de 8 millones de habitantes. Ese proyecto era ya un buen resumen de quién es y qué hace Wilson: lo que le da la gana. En el Atlàntida Mallorca Film Fest presenta un filme de algo que, a priori, no suena muy trepidante ni interesante: La historia del hormigón. Él mismo lo reconoce: «Pensé en un proyecto sobre algo que hiciera que me costara mucho convencer a la gente para invertir en ello», algo que tenía gracia «hasta que se convirtió en un problema real».

Sobre por qué investigar la historia del hormigón, Wilson lo explica de manera directa y sencilla: «Me gusta interrogar cosas que normalmente no suelen ser interrogadas», aunque en el caso del hormigón, confiesa, su interés era «muy genuino». «Me di cuenta de que prácticamente todos lo damos por sentado, igual que nadie se pregunta por el aire o por el agua, el hormigón es el material de construcción por excelencia en casi todo el mundo, sin embargo, ¿es el más adecuado o el más sostenible?».

Durante el rodaje y el proceso de documentación, Wilson reconoce que empezó a sentirse «muy ansioso» y algo «preocupado» porque se dio cuenta de lo «muy pobremente mantenida que está la ciudad» de Nueva York, donde reside y de donde es. «Hemos llegado a un punto en el que cuando coges el coche y vas por ciertas carreteras, es una cuestión de tiempo que pase algo a alguien».

A pesar de todo, Wilson reconoce que «no quería tampoco asustar a las audiencias con la información sobre cómo es el mundo, y por eso quise hacerlo lo más cómico posible», porque el humor, para Wilson, es «esa vía de escape entre la crueldad de los pensamientos depresivos que tienes cuando empiezas a pensar muy seriamente en algo».

En cualquier caso, no oculta Wilson que «probablemente el hormigón es el tema más complicado sobre el cual se puede hacer comedia y ese es, precisamente, el reto». Por ello, el proceso previo para lograr apoyos fue ya, en cierto sentido, un entrenamiento, porque «lograr que la gente se sume al proyecto y lo apoye».

Y sí, el hormigón es el tema superficial del que se habla, pero sirve para hablar de muchísimas cosas más, ya que la decisión de utilizar este material para construir las futuras casas es, precisamente, una acción política y económica, por lo que el filme habla de nosotros como sociedad y de aquellos que deciden cómo son las cosas. «Se podrían hacer las construcciones con materiales que fueran a durar 500 años, pero no se hace así. Y de hecho me di cuenta en algunas convenciones de constructores de lo orgullosos que están los que construyen porque, muy seguros de todo, te dicen que es el segundo material más utilizado del mundo, como si ya solo por eso no pudiéramos plantearnos siquiera si se debe utilizar tanto».

Lo político se ve también en el hecho de que Donald Trump, que tenía un imperio de la construcción y se convirtió en celebridad (algo que, por cierto, Wilson cree que deberíamos separar), presida su país. «Son respuestas fáciles y rápidas a problemas profundos». Por oposición, hay otras propuestas, como la del actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que se decantan por la creación de más casas asequibles en una ciudad multipoblada, sin embargo, aunque la iniciativa es positiva, cree Wilson que hay una «desconexión» entre las propuestas de más construcciones y «las ofertas de constructoras que abogan por una solución duradera y sostenible». La historia del hormigón acaba de empezar a contarse y tiene muchos capítulos por delante.