Un edificio como un puzle. Cuatro volúmenes interconectados. Una fachada permeable con balcones transparentes. Un inmueble levantado a capas homogéneas. Con esta suma de definiciones indefinidas describen los arquitectos de OMA, David Gianotten y Mariano Sagasta, responsables de este proyecto, a The Martin, el último de los cuatro edificios que completan la transformación de la antigua prisión de Bijlmerbajes (1978-2016) en un nuevo barrio sostenible de Ámsterdam.
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Gianotten habla de arquitectura porosa, de contraste con la forma monolítica de la antigua prisión. Y es cierto que el proyecto urbanístico que este nuevo edificio preside renueva el lugar. También reinventa y mantiene algunos elementos de la cárcel que se construyó en los años 60 del siglo pasado —como la ruta ciclista, los patios, los jardines, los senderos y las conexiones con la ciudad—. Se ha mantenido parte del muro que aislaba la prisión, un edificio administrativo y una torre de vigilancia que levanta una forma icónica, que relaciona directamente al lugar con su pasado y que, a la vez, habla de un presente distinto. La torre es hoy una green tower, un “parque vertical” que muestra la práctica holandesa de sembrar a capas, en pisos y, a la vez, un mirador con vistas al barrio. Esa torre, en parte transparente, contrasta con las antiguas torres de vigilancia, sólidas y de hormigón, de la prisión.
Más allá de levantar y demoler edificios, en el nuevo barrio se han combinado usos —residencial, comercial y cultural— para que el vecindario sea un lugar dinámico. Un 30% de las 1.350 viviendas que se han construido por iniciativa privada serán de protección oficial. Así, en The Martin y en torno a sus dos patios centrales, apartamentos de 50 metros conviven con otros de 140. Sobre ese edificio central con los volúmenes interconectados ya concluido, se podrá contemplar el barrio y la ciudad: las azoteas del séptimo y el noveno piso tendrán acceso libre y uso compartido para los vecinos.
Los arquitectos definen su nuevo edificio como “un puzzle japonés”.Ossip van Duivenbode.
Estamos pues ante un edificio único que es, a la vez, una suma de edificios. Un uso compartido con una fachada que busca una expresión desorientadora, una red cartesiana de aluminio derramada en terrazas transparentes para “hacer el volumen visualmente permeable y dejar entrever la vida doméstica”, según explican los arquitectos. Ese dejar ver, conectando interior y exterior de los edificios, rompe con el pasado carcelario y la antigua oscuridad del recinto.
Así, este es un inmueble que busca transformar un pasado de castigo y reclusión en un lugar de convivencia, conexión y sostenibilidad. Ese adjetivo es clave en el barrio de Bajes Kwartier que hoy funciona como un vecindario energéticamente pasivo caldeado por geotermia y energía fotovoltaica. Por eso, el 98% de los materiales empleados provienen de la demolición de la antigua prisión, explican los proyectistas. Se ha reciclado hormigón, vigas de acero o verjas que hoy conviven con paneles solares en las cubiertas, acumuladores de agua de lluvia, aparcamiento para bicicletas y escaleras para fomentar la actividad física.
Una de las terrazas transparentes de The Martin.Ossip van Duivenbode.
El nuevo barrio de Bajes Kwartier ocupa siete hectáreas y media en el sur de Ámsterdam. Mezcla antiguos edificios penitenciarios rehabilitados y remodelados con cuatro inmuebles con identidades diversas. Levantado con paneles de hormigón blanco prefabricados, The Jay ocupa el solar de la séptima torre de vigilancia, que nunca llegó a construirse. Con 17 plantas y dividido en dos volúmenes, contiene 135 apartamentos, una planta de reciclaje de residuos internos y dos plantas de aparcamientos para bicicletas. The Cardinal y The Stern tienen, en cambio, estructura de madera y ocupan el espacio de las antiguas cocinas. Pero es The Martin donde el juego arquitectónico alcanza otra dimensión que combina identidad, novedad, sostenibilidad y asume, incluso, la incomprensión de un puzle.