Beatriz Montañez decidió, hace unos años, dar un giro de 180 grados a su vida. La copresentadora de El intermedio, quien se había labrado una larga carrera en los medios de comunicación, decidió, de un día para otro, marcharse al bosque. Concretamente, a una casita de pastores en mitad de la nada, donde se hizo vegana. Así lo contó ella misma en su libro que publicó hace unos años, donde afirmó que había tomado esta decisión porque necesitaba huir de si misma. «Para mí era una necesidad retirarme, me saturé de mí misma. Ahora me he encontrado y me caigo bastante mejor que antes, uno solo puede disfrutar la soledad si se cae bien», contó, afirmando que, ahora, vivía con 150 euros al mes.
«Aprendes a valorar que tener una casa muy grande o tener un coche muy grande no es lo importante», apostilló, quien ha aprendido a estar «solo y en silencio». Aunque eso sí, no todo ha sido de color de rosas. Y es que, cuando se comenzó a saber que la presentadora había decidido marcharse al campo, muchos curiosos decidieron acercarse a su casa. «He tenido intrusos, no los llamo fans, los llamo intrusos. Ha tenido que intervenir la Guardia Civil, porque se han dedicado a revolotear por mi casa, a dejarme notas, a observarme con prismáticos… Me he sentido enclaustrada en mi propia libertad», recordó.
La nueva vida de Beatriz Montañez en un bosque
Beatriz Montañez junto a sus compañeras de ‘Hable con ellas’. | Gtres
Tras tocar el cielo del éxito televisivo como copresentadora de El intermedio junto al Gran Wyoming y ganar un premio Goya como guionista por el documental Muchos hijos, un mono y un castillo, decidió desaparecer por completo de los focos y de la civilización. Como decíamos, Beatriz vive completamente sola en una antigua casa de pastores reformada en mitad de un bosque de Castilla-La Mancha. Tomó esta decisión radical tras saturarse de la fama y la alta exposición mediática, dándose cuenta de que «algo por dentro no estaba funcionando» a pesar de tener una vida aparentemente idílica en Madrid. Su día a día está marcado por la sostenibilidad extrema y la desconexión tecnológica.
La vivienda no tiene la instalación eléctrica convencional; se abastece por completo con un equipo de paneles fotovoltaicos y el agua proviene directamente de un pozo. Tras mudarse, se hizo vegana para estar en total sintonía con su entorno natural. Ha revelado que vive de los ahorros que consiguió en su etapa televisiva y que gasta apenas entre 100 y 150 euros al mes en alimentación —con verduras frescas, legumbres, raíces y semillas—. Su aislamiento es estricto. Solo sale de su refugio cada 25 días para hacer una gran compra y viaja a Madrid apenas un par de veces al año para ver a sus amigos más cercanos, ir al cine y pasear.
«Me saturé de mí misma»
Aprovechando el silencio y la tranquilidad de su entorno, Beatriz volcó toda su experiencia en la escritura. En 2021 rompió momentáneamente su silencio para publicar su libro, Niadela, una obra autobiográfica en la que describe de forma poética los detalles de su vida en la cabaña, su rutina dedicada a leer y escribir por las tardes, y los desafíos de vivir en soledad. A pesar de que el aislamiento le ha jugado alguna mala pasada —como un sonado accidente doméstico con una motosierra en el que llegó a comprometer uno de sus dedos—, ha dejado claro que ha encontrado la paz mental que los platós de televisión le arrebataron y que no tiene ninguna intención de regresar a su vida anterior.
La historia de Beatriz Montañez es una de las más fascinantes y radicales del panorama mediático español. Pasó de ser uno de los rostros más conocidos de la televisión en prime time a adoptar un estilo de vida completamente ascético, aislado y en plena naturaleza. A finales de los 2000, Beatriz estaba en la cima. Copresentaba junto a El Gran Wyoming El intermedio (La Sexta), un programa con audiencias millonarias. Sin embargo, en diciembre de 2011 decidió dejarlo. Aunque tuvo un breve regreso en otros proyectos —como el programa Hable con ellas— y llegó a ganar un premio Goya en 2018 como guionista del aclamado documental Muchos hijos, un mono y un castillo, a nivel interno estaba sufriendo un colapso.
Ella misma confesó tiempo después que se había «saturado de sí misma». Sentía que el ruido mediático, la fama y el materialismo de la vida en Madrid le impedían saber quién era realmente. Buscando una desconexión total, realizó un viaje por Asia y pasó 20 días en un monasterio budista, donde adoptó las bases de su nueva mentalidad. Al regresar, descubrió una antigua casa de pastores abandonada en mitad de un bosque de Castilla-La Mancha —completamente aislada, sin vecinos en kilómetros a la redonda— y decidió mudarse allí. Al principio, pasó un año y medio viviendo únicamente con velas. Actualmente ha mejorado un poco la instalación con un pequeño equipo de paneles fotovoltaicos para tener algo de luz, pero sigue sin tener calefacción ni comodidades modernas. El agua la extrae directamente de un pozo.
Vive de los ahorros que generó en su época dorada en la televisión. Su nivel de consumo es tan bajo que gasta únicamente entre 100 y 150 euros al mes, principalmente en legumbres, semillas, raíces y verduras. Al mudarse y entrar en contacto tan estrecho con la fauna del bosque, se hizo vegana por coherencia con su entorno. Beatriz describe su día a día como una rutina casi militar, enfocada en la espiritualidad y la creación. Las mañanas las dedica por completo a la meditación, el cuidado de la casa y las tareas de supervivencia en el campo —como cortar leña o recoger agua—.
Una de las últimas imágenes públicas de Beatriz Montañez. | Gtres
Su gran refugio son los libros. Dedica horas a la lectura y a escribir. De hecho, en 2021 publicó su primer libro, Niadela, una obra autobiográfica y poética donde relata precisamente este proceso de aislamiento y comunión con la naturaleza. Su aislamiento no es un simulacro; es real y estricto. Solo rompe su rutina cada 25 días para salir al pueblo más cercano a hacer una gran compra de alimentos no perecederos. Al mundo real —es decir, Madrid— viaja únicamente un par de veces al año para visitar a sus amigos más íntimos, dar un paseo o ir al cine, volviendo rápidamente a su bosque.