Ángel Zaro nunca tuvo claro que quisiera ser fotógrafo. De hecho, su sueño era estudiar Veterinaria. Pero las matemáticas y la Química no eran precisamente su fuerte y un profesor terminó haciéndole una pregunta que cambiaría su futuro: «¿A ti qué te gusta realmente?». «La fotografía», respondió. Años después, aquel joven de Borja que hacía fotos por afición se ha convertido en el último fotógrafo con estudio del municipio de Borja, en Zaragoza.
Nacido y criado en Borja, estudió Bachillerato en el municipio y posteriormente cursó el grado superior de Iluminación, Captación y Tratamiento de la Imagen en el CPA. Hasta entonces, la fotografía era solo una afición. «Yo hacía fotos de forma altruista. Salía a fotografiar a los animales del pueblo o a algún amigo, pero nunca me había planteado que pudiera ser una profesión», recuerda.
En casa de sus padres había una cámara, aunque no se la dejaban utilizar demasiado. Así que, mientras estudiaba Bachillerato, Ángel se puso a trabajar en una fábrica para poder comprarse la suya. Con sus primeros ahorros adquirió una Canon 7D Mark II y un objetivo de 50 milímetros. «Hacía fotos a mis amigos, paseando a las vacas, algún bautizo… Todo muy amateur. Pero la gente decía que tenía algo y eso me motivaba», reconoce.
Las prácticas que le cambiaron la vida
Al terminar sus estudios llegó el momento de elegir las prácticas. Ángel tenía una cosa clara: no quería dedicarse al vídeo. «Yo quería tirar por el mundo de la fotografía», explica. Así que decidió buscarse las prácticas por su cuenta. «Y fue lo mejor que hice en mi vida».
Fue entonces cuando conoció al fotógrafo Carlos Santanatalia. «Me abrió las puertas de su casa y desde entonces no he parado de hacer fotos», relata. Principalmente, bodas. Un terreno que, hasta ese momento, ni siquiera había contemplado como una posible salida profesional.
«Nunca me había planteado ser fotógrafo de bodas porque en el pueblo teníamos la imagen de las típicas fotos de nuestros padres», explica. Sin embargo, comenzó a investigar y descubrió otra forma de contar estos enlaces, mucho más cercana al fotoperiodismo. «Es contar una boda real, contar lo que pasa en una boda como un fotoperiodista, sin forzar posados».
Cuando terminó las prácticas, Santanatalia le ofreció trabajo. «No solo teníamos ya una buena relación de amistad, sino que él estaba muy bien posicionado como uno de los mejores fotógrafos de bodas del mundo. Nunca me canso de decirle lo agradecido que estoy«, asegura.
Ángel se dio de alta como autónomo el 1 de septiembre de 2018 y comenzó a invertir en equipo y material. Su carrera avanzaba hasta que, en 2020, llegó la pandemia. Regresó a Borja sin ingresos y sin saber cuándo podría volver a trabajar con normalidad. Durante aquellos meses se dedicó a editar fotografías y a ponerse al día con el trabajo pendiente.
Pero volver a Borja nunca fue para él un paso atrás. «Yo tenía muy claro que mi vida iba a estar en Borja. Siempre llevo a Borja por bandera y siempre digo que soy de aquí», afirma. Allí están su familia y sus amigos y, sobre todo, una forma de vida que no quiere perder.
«Me gusta mucho la gente de pueblo. Poder tomar un café con todo el mundo y juntarte tanto con una persona de 15 años como con una de 80», señala.
«Borja se quedaba sin fotógrafo»
Tras la pandemia, los encargos comenzaron a regresar. Uno de aquellos primeros trabajos llegó con la apertura del bar Aijober, en Borja, que le encargó una fotografía del festival Amante para imprimirla en un lienzo. Poco a poco volvieron también las bodas y comenzó a cerrar fechas para 2022 y 2023. Desde entonces, no ha parado.
Las bodas siguen siendo hoy su principal fuente de ingresos y le llevan a trabajar por distintos puntos de España. Sin embargo, mientras su negocio crecía, Ángel comenzó a darse cuenta de otra realidad. «Cuando empecé en Borja estábamos cuatro fotógrafos y ahora solo estoy yo», explica.
Él nunca había pensado en abrir un estudio. Su trabajo en bodas y comuniones no se lo exigía. Pero los demás fotógrafos fueron dejando la actividad y la situación cambió. «Yo no llevaba idea de abrir un estudio porque no tenía esa necesidad. Pero, claro, el pueblo se quedaba sin fotógrafo».
Ángel echó cuentas y decidió habilitar el estudio en su propia casa. Desde 2025 es el único fotógrafo con estudio de Borja.
«Cuando todos ellos lo dejaron, yo no tuve otra opción», reconoce. Pero detrás de aquella decisión había también una voluntad clara: «Yo no quería que Borja se quedara sin el servicio de tener un fotógrafo para la localidad».
Hoy ofrece desde una fotografía para el DNI hasta trabajos corporativos para empresas, comuniones y todo tipo de reportajes. Al mismo tiempo, continúa invirtiendo en material e innovando, aunque las bodas siguen siendo el pilar de su negocio.
Ángel está convencido de que tomó la decisión correcta al quedarse en Borja. «Aquí soy feliz. Tengo aquí mi vida completa. Tienes el río, el monte a un paso y solo por salir a despejarte la cabeza merece la pena estar aquí».
«Si puedo vivir toda mi vida aquí, no llevo idea de moverme mientras mi trabajo me lo permita». Aquel joven que trabajó en una fábrica para poder comprarse su primera cámara no imaginaba que terminaría viviendo de la fotografía. Mucho menos que, años después, sería quien mantendría vivo este servicio para toda un pueblo.