Osasuna arrancó su stage en Inglaterra con una victoria ante el Ipswich Town (1-2) gracias a los goles de Auría y una obra de arte de Raúl Moro. Se vieron detalles de lo que quiere Ramis y un equipo que sigue creciendo de cara al inicio liguero ante el Celta.
El nuevo Osasuna de Ramis sigue dando pasos adelante en su preparación liguera. Ante el Ipswich inglés se vieron detalles que apuntan a convertirse en señas de identidad de esta temporada. Aunque, todo hay que decirlo, el partido se puso de cara muy pronto con el gol de Miguel Auría en el minuto 4. El canterano acabó una jugada iniciada por un Anai Morales que tal vez no ha tirado (aún) la puerta abajo, pero que por lo menos ha debido instalar seriamente el debate en los despachos de Tajonar sobre si se tiene que ir cedido o está ya para el primer equipo.
Al de Larraga no se le vio activo en la jugada del gol, sino que lo más destacable fue su compromiso en la presión y las ayudas a Arguibide en defensa. En resumen, el extremo mostró hambre, tal vez propia de la edad o el momento de la temporada, pero justo eso se echó (y mucho) en falta la temporada pasada.
En un partido sin Budimir ni Dubasin, con apenas un par de sesiones, ni Aimar, tocado de la fastia, las ocasiones de la primera mitad fueron para Raúl y Moncayola, que obligaron al portero local a sacar sendas manos complicadas.
Evidentemente, y raro sería lo contrario, se vieron todavía fallos en los automatismos, que también mandan el mensaje a los rojillos de la necesidad de estar concentrados todo el partido.
En la segunda mitad Ramis cambió al equipo casi al completo. Solo Iker Benito se quedó en el campo, pero se fue al lateral derecho. Al once que metió el entrenador rojillo le costó encontrarse y mientras se posaba en el campo, Akpom logró empatar el partido. Mientras Kepa debutaba con el primer equipo, Osasuna fue volviendo a manejar el partido, a imponerse con balón sobre los ingleses.
Las llegadas comenzaron a sucederse, aunque sin peligro. Eso sí, en un saque de esquina en el minuto 70 se vio una de las virtudes de los equipos de Ramis: el balón parado. Rubén sacó el balón a la frontal y Raúl Moro la clavó en la escuadra sin miramientos.
Lo más llamativo, más allá de la victoria y los detalles, fue que Boyomo sigue con su plan específico para recuperar la forma y estuvo calentando pero no jugó ni un minuto.