En el lenguaje académico se hablaba de asignaturas ‘marías’ y de otras mucho más peliagudas. Y no se trata de restar importancia a los deberes … que va cumpliendo el Baskonia para remodelar una línea exterior poco reconocible entre la temporada precedente y la que arrancará dentro de dos meses. Resulta ardua la tarea de cubrir los dos cráteres volcánicos que dejan las marchas de Forrest al sector asiático de Estambul y de Luwawu-Cabarrot al Real Madrid.

Pero, a falta de contratar un base que acompañe al renovado Simmons o de exigir el desdoblamiento del ‘combo’ Spagnolo, los fichajes ya cerrados incitan al optimismo. Al menos por su teórico encaje en el baloncesto de alto voltaje que propone Paolo Galbiati. Así han de interpretarse las contrataciones hasta la fecha de Lawson, Duarte y Stewart en los puestos ‘dos’ y ‘tres’.

Y aunque al club vitoriano le gusta recordar el mantra de que siempre está pendiente del mercado, tampoco parece desnudo en esas plazas líquidas –como todas en este baloncesto moderno de las combinaciones y las permutas– del ‘tres’ y del ‘cuatro’. El técnico italiano dispone de una terna de aleros fuertes, además del joven Joksimovic. Eso sí, Sedekerskis ha de recuperar el tono físico que le abandonó el curso pasado por la lesión, Frisch debe avanzar tras un año en la ‘mili’ de Betoño y el polivalente Kurucs ofrecer una versión aún mejorada con respecto a la importancia en el grupo que ya mostró durante su primer ejercicio azulgrana.

El ceño de los seguidores baskonistas se frunce cuando ven la escuálida nómina de hombres interiores. Y sobra el plural. De no mediar su salida, Khalifa Diop es el único pívot puro de la plantilla alavesa. El joven senegalés, por quien la entidad de Zurbano abonó 700.000 euros hace tres años para desvincularlo del Gran Canaria, no ha impuesto hasta la fecha el poderío físico descomunal que avaló su compra. No ha acabado de encontrarse nunca y, además, le han perjudicado los contratiempos físicos.

Indudablemente, el equipo azulgrana necesita aprobar su asignatura pendiente interior. La Euroliga le muestra hasta dos veces por semana que va escaso de kilos y presencia para un combate de los grandes pesos en el cuadrilátero. Cierto que el poste clásico ya casi no se lleva, pero también que el bloque de Betoño carece desde hace tiempo de un intimidador que imponga el respeto dentro de la zona.

Hay que admitir, desde luego, que aprobar tal materia no se halla al alcance de todos los clubes porque la mano de obra alta escasea y, consecuentemente, resulta cara para las economías domésticas. Hombres como Tavares, Lessort, Milutinov, Nebo, Kabengele y Poirier viven fuera del ecosistema azulgrana con las cuentas a la vista.

Dubái, a por todas

Dos días después de que el Baskonia comunicase oficialmente la marcha ya conocida de Mamadi Diakite, el conjunto de Dubái anunció la incorporación del ‘cuatro y medio’ guineano. El representante de los Emiratos Árabes Unidos está formando un plantel temible a las órdenes de Xavi Pascual, metódico estratega de primer orden. El técnico catalán pesca en el mar revuelto de Mónaco para atraer a Okobo y Blossomgame mientras prepara la llegada del exbaskonista Shengelia.

Y a ese bloque acude el interior que ha crecido exponencialmente con el transcurso de la última temporada. Tras meses iniciales de dudas, Diakite reventó para bien en el título coral de una Copa que le debe una parte relevante del éxito. Como tantos otros jugadores que han trabajado junto a los humedales de Salburua, Mamadi abandona la capital alavesa sin cumplir todo el contrato firmado.

Se va al acabar la primera de sus dos campañas, el mismo período que ahora firma en Dubái. Allí aspirará a todo en el mejor torneo continental con el actual campeón de la Liga Adriática por estos caprichos geográficos. Deja 400.000 euros en la tesorería azulgrana para resolver su futuro donde mana el petróleo y fluye el dinero.