¿Cómo empieza su amor por la fotografía? ¿Es vocación?
Yo era aficionada, pero tuve un tumor cerebral benigno que cortó mi trayectoria. Era educadora social y había estudiado la carrera de Historia, y cuando me jubilaron por esta enfermedad, decidí estudiar fotografía en la Escuela de Artes de Huesca, con tan mala suerte de que lo tuve que dejar porque la enfermedad continuó y empecé a estudiar por mi cuenta en escuelas de fotografía como Spectrum y con colectivos que organizaban cursos. El tumor estaba al lado del nervio óptico y perdí parte de la visión. Y dirás, estás loca…
Digo que no se rindió y apostó, entre todas las profesiones posibles, por la fotografía.
En ese momento sentí que tenía que hacer fotografía. Me fui formando con fotógrafas que trabajan con la percepción y con las emociones, y empecé a hacer fotos desde otro lugar. Y se puede, hay grandes y reconocidos fotógrafos con baja visión o incluso ciegos. Trabajo también con la fotografía participativa, que es darle cámaras a un grupo que quiere contar su sentir, ya sea en talleres con colectivos de mujeres en riesgo de exclusión social, personas con discapacidad, etc.
¿Esos talleres los realiza con su Asociación 36 mm, verdad?
Sí, es la asociación que creé para seguir haciendo cosas. A veces, los talleres emergen de fundaciones, de la ONG Farmamundi, del Gobierno de Aragón… El proyecto Mujer Mural que acabamos de hacer en Beratón y Añón de Moncayo fue por el Ministerio de Cultura. Nos presentamos a una convocatoria de 200 entidades y nos quedamos los cuartos. Es importante llegar a estos pueblos.
¿Cómo se sienten esas mujeres al verse y cómo se siente usted al fotografiarlas?
Ellas se sienten súper especiales y yo siento un enorme agradecimiento. Además, buscamos un retrato contemporáneo, no el retrato de mujer abnegada y cuidadora, aunque también lo son.
También ha sido jurado en el reciente Concurso 4 Artes. ¿Cómo va Aragón de talento fotográfico?
Estos concursos están genial para la juventud, para poder canalizar lo que piensan y sienten, y mostrar su manera de ver el mundo. Estas tipo de iniciativas están genial, pero que tengan buenos premios, eso sí, no una cámara barata. El amor al arte es maravilloso, pero hay que pagar a la gente por su trabajo, esfuerzo y creatividad.
Y este año publicó un libro.
Sí, tengo varios. Agente Doble (Rasmia Editorial) fue un proyecto de siete años en el que un escritor de Valencia me mandaba sus relatos y yo iba a buscar la foto. Sus relatos son canallas, pero al final siempre se reconcilia con la vida; y mi foto de calle, que es una de mis pasiones, también es un poco así. En Robinsonas de Tierra Adentro, con la periodista Gema Villa, fotografié a mujeres que viven solas por decisión propia y que saben hacer muchas cosas. El último es Fotografiar desde dentro, con Eva Sala, el primer libro de actividades que personas con visión y baja visión pueden utilizarlo para hacer fotografía.
¿Marcó esa baja visión su forma de hacer fotografía?
Seguramente sí. Yo sigo haciendo fotos con el resto visual que tengo. Toda la parte de fotografía emocional, perceptiva, jugar con los sentidos… En ese momento te abres y la creatividad aparece. Casi todo el mundo puede hacerlo desde ahí. Estamos demasiado en la cabeza; en el momento en que sales de ahí, aparece la magia.
¿Qué foto define a Pilo Gallizo?
Me viene una, que es la foto de esos instantes increíbles en los que coloco a personas en lugares que nada tienen que ver entre sí. Coloqué a mi mejor amiga, Ana, planchando en medio del campo, en los Monegros, invitando a reflexionar sobre la mujer, sobre las cargas mentales… Es un proyecto que sigue abierto y no es fácil, porque son imágenes divertidas, pero que, a la vez, chocan.
¿Qué proyectos tiene actualmente en marcha?
Ahora estoy agotada después de todo lo que he currado este año, especialmente con Mujer Mural. Tengo ganas de irme de vacaciones a Italia, pero me voy con la cámara porque voy a ir por las ciudades haciendo fotos de calle, que me apetece mucho. Pero en cuando llegue septiembre vuelvo con Mujer Mural en un pueblo de La Rioja. Lo hago con mi compañera Lorena Cosba, con dos diseñadores gráficos y uno de vídeo, todos trabajando con amistad y aprendizaje conjunto. También he tenido una llamada desde Madrid, para un proyecto de fotografía participativa con personas sin hogar. Nunca he tocado este colectivo y para mí es todo un reto. Ojalá salga adelante y podamos hacerlo.
¿Desconocemos el valor del arte para superar ciertas dificultades?
A mí el arte me salvó la vida, fue lo que me hizo tirar para adelante, pero no en plan ‘mira cómo se entretiene con la fotografía, pobrecita’, sino como algo más profundo.