El hígado realiza funciones vitales para el organismo como la eliminación de toxinas, la digestión y el metabolismo de nutrientes, pero tiene una gran resistencia que puede enmascarar su propio deterioro. Las hepatitis virales B y C son las principales causantes de esta inflamación persistente que desgasta el órgano sin que la persona note ninguna anomalía durante años. El doctor Juan Arenas, jefe del Servicio de Aparato Digestivo de Policlínica Gipuzkoa, advierte sobre esta peligrosa evolución pasiva y destaca un obstáculo fundamental en el diagnóstico. «El gran problema de la hepatitis es que cuando aparecen los síntomas, en muchos casos el daño ya está avanzado«. Esta falta de señales iniciales provoca que las pequeñas cicatrices en el tejido hepático, conocidas como fibrosis, avancen de forma desapercibida hacia una cirrosis o un tumor.
Una prueba preventiva
Debido a que el virus puede permanecer latente durante décadas, la detección proactiva resulta crucial para salvaguardar la salud a largo plazo. Los expertos recomiendan realizar un análisis preventivo, al menos una vez en la vida, a todas aquellas personas que presenten alteraciones previas en sus analíticas hepáticas habituales, a quienes recibieron transfusiones de sangre antes de la década de los años noventa o a quienes hayan estado expuestos a prácticas de riesgo. «Muchas infecciones se produjeron décadas atrás y todavía hoy continúan sin diagnosticarse«, señala el doctor Arenas. Identificar de manera temprana a estas personas permite detener el daño celular antes de convertirse en una lesión irreversible.
¿Cómo se evalúa la salud de nuestro hígado hoy en día?
Históricamente, determinar el nivel de daño acumulado en el tejido hepático requería técnicas molestas para los pacientes. En la actualidad, Policlínica Gipuzkoa dispone de tecnologías avanzadas como el FibroScan, un sistema capaz de medir la rigidez del hígado de forma rápida, indolora y sin necesidad de realizar procedimientos invasivos. «Durante muchos años, la biopsia era prácticamente la única forma de conocer el grado de fibrosis del hígado. Hoy podemos obtener gran parte de esa información mediante una prueba sencilla y cómoda para el paciente«, detalla el jefe del Servicio de Aparato Digestivo. Esta herramienta funciona a través de ondas mecánicas que evalúan la rigidez y la presencia de grasa en el órgano.
Las opciones de recuperación
El panorama terapéutico actual ha cambiado radicalmente la evolución de esta patología. Los antivirales modernos de acción directa permiten curar más del 95% de los casos de hepatitis C con tratamientos orales cortos y sin apenas efectos secundarios. En el caso de la hepatitis B, los fármacos de última generación consiguen controlar eficazmente la replicación vírica y frenar el deterioro. El doctor Arenas se muestra optimista respecto a las capacidades médicas contemporáneas para erradicar este problema. «Nunca hemos tenido tantas herramientas para combatir la hepatitis. Hoy podemos prevenirla, diagnosticarla precozmente, controlar sus consecuencias e incluso curarla en muchos casos«, concluye el especialista, recordando que un simple análisis de sangre a tiempo puede salvar vidas.