El mercado de delanteros del Barça se ha movido sin que el club haya firmado a nadie. La operación de Eli Junior Kroupi, uno de los nombres que la dirección deportiva guardaba como recambio, se ha caído del tablero después de que el francés pasara por el quirófano y se quedara sin jugar entre tres y cuatro meses. Ese vacío no queda huérfano: lo hereda Fisnik Asllani. El delantero del Hoffenheim, que desde hace semanas frena cualquier otra puerta a la espera de una llamada del Camp Nou, escala posiciones en el orden de prioridades azulgrana.
Hereda el hueco de Kroupi
Nada de esto altera la cúspide de la lista. Para el nueve titular, el deseo sigue siendo Julián Álvarez y ahí no hay debate. Lo que ha cambiado es el segundo escalón. Con el Arsenal ya fuera del mapa en otras operaciones y ahora con Kroupi lesionado, el catálogo de suplentes de garantías se ha quedado corto de golpe. Y en esa reordenación, el kosovar pasa de ser una anotación en la agenda a una opción con entidad propia.
Un nueve moderno para el fútbol de Flick
Lo que seduce del jugador va más allá del gol. A sus 23 años, Asllani encaja como un guante en las exigencias de Hansi Flick: corre hacia delante para presionar, impone su físico —ronda el metro noventa y dos— y todavía tiene techo por explorar. En la última Bundesliga firmó diez goles y siete asistencias, un salto que lo metió en la conversación de los atacantes emergentes del país. Le suma dos detalles que en Can Barça se apuntan con lápiz: remata con las dos piernas sin distinción y manda en el juego aéreo, un arma añadida para las áreas.
Su irrupción no ha sido un fogonazo aislado. Salió del fútbol berlinés, entre el BFC Dynamo y el Union, y fue madurando a base de rodaje lejos de Sinsheim, con etapas cedido en el Austria de Viena y en el Elversberg. Cuando regresó al Hoffenheim, ya llegaba hecho para pelear un sitio en el once. Su contrato, vigente hasta 2029, retrata a un futbolista joven con margen y sin urgencias, la clase de apuesta que el Barça prefiere para completar plantilla sin descuadrar las cuentas.
El precio, el mayor argumento
Aquí es donde la operación gana enteros. La cláusula de 29 millones se mueve dentro de lo que el club puede permitirse hoy, sin obligación de vender por delante y con la puerta abierta a rebajar esa cifra en una negociación. Con los nueves fiables por las nubes, localizar a un rematador joven y a precio contenido es un lujo que la dirección deportiva no piensa regalar. La letra pequeña es la de siempre: su fichaje quedaría atado al desenlace del ataque.
Alemania mete prisa
El único enemigo de Asllani es el calendario. Tiene el pacto con el Leipzig prácticamente amarrado, pero pidió parar el reloj con la ilusión de acabar de azulgrana, un sueño que no esconde: el pasado diciembre se fotografió con Xavi Hernández, guiño evidente hacia el club de su vida. El Leipzig, sin embargo, aprieta para rubricar lo acordado, y la paciencia del jugador tiene fecha de caducidad aunque no esté escrita.
Como con Julián, el balón vuelve al tejado del Barça. La baja de Kroupi le regala un motivo extra para no dejar marchar a alguien que ha decidido esperarle. Asllani ya ha subido un peldaño; ahora depende del club que suba el último.