El verano rojillo tiene nombre propio y es Raúl Moro. El extremo, que llegó a Osasuna el pasado mes de enero en una operación que ya entonces se leyó en clave de futuro, se ha convertido en una de las piezas llamadas a ganar protagonismo en el once de Ramis de cara al arranque de la temporada.
La salida de Víctor Muñoz ha dejado un hueco evidente en la banda, un puesto de galones que el club necesita cubrir con garantías, y todo apunta a que será Moro quien asuma esa responsabilidad. No es casualidad que Osasuna se moviera con tanta antelación en el mercado invernal para hacerse con sus servicios. En el club ya intuían que la marcha del actual campeón del Mundo era cuestión de tiempo, y adelantarse a fichar a un jugador de similares características fue una decisión meditada, no una improvisación de última hora.
La pretemporada está sirviendo para confirmar esas sensaciones. El extremo firmó un golazo en el segundo amistoso de la planificación estival, una muestra de calidad que ha reforzado la idea de que este puede ser su año en Pamplona. Después de una primera mitad de año de adaptación, con minutos repartidos y sin una titularidad indiscutible, Moro llega a este nuevo curso con el rodaje necesario para dar el salto de calidad que se espera de él.
El vestuario rojillo afronta así una campaña en la que el peso ofensivo recaerá, en buena medida, sobre sus botas. Osasuna necesita que ese golazo de pretemporada no sea un espejismo, sino el primer aviso de una temporada en la que Raúl Moro está llamado a ser mucho más que el recambio de Víctor.