La entrada irregular de miles de marroquíes en Ceuta ha puesto en jaque las relaciones entre España y Marruecos, que parecían encauzadas desde que en mayo de 2021 se produjo una crisis similar en la ciudad española. Aquel episodio se saldó con el súbito abandono por parte del Gobierno español de su tradicional posición respecto al conflicto del Sáhara, pasando de la neutralidad al alineamiento con Marruecos. La contrapartida fueron una serie de acuerdos sellados durante la visita que efectuó a Rabat el presidente Pedro Sánchez en abril de 2022 ―como la apertura de aduanas terrestres entre Ceuta y Melilla y Marruecos, de carácter más simbólico que práctico, ya que nunca han llegado a funcionar a pleno rendimiento―, entre los que destaca el control de flujos migratorios que, con altibajos, se ha mantenido desde entonces.

La entrada de cientos de inmigrantes irregulares en los últimos días y de miles en las últimas horas ha supuesto una inesperada quiebra en esta confianza. Fuentes gubernamentales atribuyen la avalancha a la difusión, a través de las redes sociales, de la idea de que quien consiguiera llegar a nado a la ciudad española no podría ser repatriado, en aplicación de la reciente sentencia del Tribunal Supremo que confirmó que las expulsiones en caliente no se pueden aplicar a los rescatados en el mar. Sin embargo, las mismas fuentes admiten que, sin la pasividad de las autoridades marroquíes, no habría sido posible esta entrada masiva de personas. Y eso es lo políticamente relevante.

El hecho de que este jueves no fuera laborable en Marruecos, por celebrarse la Fiesta del Trono, y de que el rey Mohamed VI esté de vacaciones en el Palacio de Rincón, a solo 25 kilómetros de Ceuta, hizo que en un primer momento se atribuyera la irrupción de los inmigrantes a una relajación involuntaria de la vigilancia de la frontera, reconocen fuentes de los servicios de inteligencia. En los últimos días, explican, ya se habían reducido los controles, lo que permitió que cientos de jóvenes marroquíes cruzaran a nado hasta la playa española más próxima rodeando el espigón. Este jueves, sin embargo, desaparecieron los gendarmes de la parte marroquí, lo que permitió que familias enteras cruzaran prácticamente andando el paso del Tarajal. El hecho de que esta situación se mantuviera durante varias horas, cuando ya se conocía lo que estaba pasando, lleva a los expertos españoles a pensar que no se trató de un error involuntario fruto de la falta de coordinación, sino de un efecto buscado.

Pese a ello, el Gobierno español ha optado por obviar los reproches y se ha centrado en buscar una solución rápida a la crisis. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el de Exteriores, José Manuel Albares, han hablado en varias ocasiones con sus homólogos marroquíes, Abdelouafi Laftit y Naser Burita respectivamente, y ambos han elogiado la “ejemplar colaboración” marroquí, mientras culpaban a unas mafias que resultan imprescindibles para realizar la travesía marítima a España, pero no para llegar hasta la frontera ceutí.

La urgencia en frenar la entrada de más inmigrantes y la necesidad de buscar una fórmula para devolver lo antes posible a los que han entrado ―lo que no resultará fácil tras la sentencia del Supremo― ha dejado en segundo plano el análisis de lo sucedido. Fuentes de los servicios de inteligencia admiten que no se conocen con certeza las causas últimas de la actitud marroquí, por lo que solo se puede especular sobre su motivación. El hecho más evidente es que la irrupción de miles de inmigrantes se produce pocos días después de que, el pasado 20 de julio, Pedro Sánchez visitara Argel y sellase la reconciliación con el país magrebí de una crisis que se abrió precisamente cuando se alineó con Marruecos en el contencioso del Sahara. Sánchez evitó citar este asunto en la comparecencia conjunta con su anfitrión, el presidente Abdelmadjid Tebune, pero este dejó claro que lo habían tratado. Además, ambos países acordaron celebrar una Reunión de Alto Nivel (RAN) de los dos gobiernos este otoño en Madrid. Todo acercamiento de España a una de las dos potencias rivales del Magreb provoca recelos en la otra, aunque Exteriores niegue cualquier relación entre ambos hechos.

También ligada al contencioso del Sáhara está la decisión del Congreso de conceder la nacionalidad española a los nacidos en la antigua colonia española y sus descendientes. Ni Marruecos ni Argelia se han pronunciado públicamente sobre esta futura ley, de la que el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, ha dicho que toda iniciativa que beneficie al pueblo saharaui le parece bien, pero “no es lo que el pueblo del Sahara Occidental espera del PSOE”.

En todo caso, el futuro de los miles de saharauis que permanecen en los campos de refugiados de Tinduf es algo que Marruecos mira con lupa, como también cualquier cambio en el estatuto de Gibraltar: Rabat siempre ha vinculado el futuro de Ceuta y Melilla al de la colonia británica y considera que cualquier avance en su recuperación por parte de España debe ir en paralelo al de su reivindicación sobre las dos plazas españolas del norte de África. De nuevo, se impone la ambigüedad, ya que el tratado sobre el Peñón no implica cesión alguna de soberanía por parte del Reino Unido.

En teoría, las relaciones bilaterales atraviesan su mejor momento, no solo desde el punto de vista económico ―España es desde hace años el principal socio comercial de su vecino―, sino también porque por vez primera tienen un objetivo común: la organización, con Portugal, del Mundial de Fútbol de 2030. Pero incluso este dosier es objeto de tensiones, ya que Rabat no renuncia a que el estadio Hassan II que se está construyendo en Casablanca albergue la final del campeonato, a lo que también aspira España.

Finalmente, no se descarta que la presión migratoria sobre Ceuta sea un aviso. Para este gobierno español o para el que le suceda, sobre todo si está presidido por Alberto Núñez Feijóo, a quien Rabat no perdona que invitara al Frente Polisario al Congreso del PP. Se da además la circunstancia de que el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, es de su partido.

Las fuentes consultadas advierten, no obstante, que cuando Marruecos promovió la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta en 2021 tampoco dio ningún motivo. Todo el mundo interpretó que respondía al malestar de Rabat porque España había acogido a Ghali para que recibiera tratamiento hospitalario de la Covid. Sin embargo, lo que acabó consiguiendo fue algo muy diferente: que Sánchez aceptara respaldar su plan de autonomía para el Sáhara.

Las fuentes consultadas esperan que esta sea una crisis de corta duración y que en las próximas horas Rabat restablezca los controles en la frontera ceutí. Lo que no se resolverá tan rápido será la presencia de varios miles de inmigrantes en la ciudad, a los que habrá que prestar asistencia, alojamiento y manutención. Una patata caliente para el Gobierno español.