Primero ha sido Italia y en la mañana de este viernes también Finlandia quienes han puesto sobre la mesa que España sea expulsada de la libre circulación del Espacio Schengen, pero lo cierto es que ninguno de los dos países pueden tomar esa decisión a pesar del revuelto que ha seguido a la demanda en ese sentido de la primera ministra italiana Giorgia Meloni.

Es un mensaje que está despertando apoyos en la extrema derecha europea, pero lo cierto es que ningún país puede echar a otro de Schengen. La potestad de cada gobierno nacional es la de poder incrementar sus controles fronterizos, como ha hecho ya Francia, pero una decisión del calado de echar a un país de Schengen requiere de un mecanismo entre los 27 que ni siquiera está especificado.

Como explica en X el ex Alto Representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell, la expulsión de un país de Schengen ni siquiera está desglosada en la arquitectura legal de la Unión.

Es más, si Italia o cualquier otro país incrementa los controles fronterizos para pasajeros procedentes de España, no puede discriminar por razones de nacionalidad entre ciudadanos de la Unión Europea. Solo podría establecer esas limitaciones específicas a nacionales de países no pertenecientes a la UE, personas que no dispongan de visado o permiso de residencia válido o personas sujetas a una orden de expulsión.

Espacio protegido

Ni siquiera durante la pandemia se establecieron cierres absolutos de las fronteras interiores de Schengen, quedando entonces este espacio aún vigente aun con fuertes restricciones o con la exigencia de portar certificados de vacunación.

En la actualidad existen controles reforzados en fronteras de Austria, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Polonia, Suecia, Dinamarca y Noruega por motivos relacionados con la inmigración, el terrorismo o la seguridad interior, pero en ningún caso supone que ninguno de estos países esté fuera de Schengen o haya dejado fuera a sus vecinos.

Por tanto, el mensaje de Meloni ha servido solo para dar alimentar los mensajes de odio a los inmigrantes de otras formaciones como Alternativa para Alemania o la Agrupación Nacional de Marine Le Pen. La última en sumarse a la petición ha sido la ministra del Interior de Finlandia, Mari Rantanen, quien acumula distintas controversias en el pasado por comentarios abiertamente racistas como su temor a que los finlandeses dejen de tener ojos claros por los cambios demográficos en su país.

Respuesta europea

Este mediodía ha llegado la primera respuesta de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, mediante un mensaje en X. La mandataria alemana habla de unas imágenes «inaceptables» y pide que se detengan «los cruces peligrosos», así como que las devoluciones sean rápidas.

Aclara que dos comisarios europeos están en contacto con España y con Marruecos y recuerda que la UE está dispuesta a respaldar a España mediante la colaboración vía Frontex.

Más información

A lo largo de este viernes se van sucediendo reacciones de otros dirigentes europeos. Es el caso del canciller alemán Friedrich Merz, que ha confirmado que está en contacto con el Gobierno español y que respalda «la intención de España de no permitir la entrada de inmigrantes ilegales en territorio europeo».

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También ha aprovechado para entrar en el debate Israel, enfrentado a España por el genocidio de Gaza y que tiene en Marruecos a uno de los pocos países árabes con los que mantiene relación.

Su embajador ante la ONU, Danny Danon, ha acusado a España de «dar lecciones a Israel» mientras mantiene «enclaves coloniales en África».