La celebración que inundó Madrid tras la victoria de la selección española en el Mundial de 2026 dejó imágenes para la posteridad, pero pocas tan cargadas de simbolismo como la de Unai Simón portando una txapela roja del Athletic. Detrás de ese instante que dio la vuelta al mundo se esconde la historia de Carlos Jesús Pérez Fernández, un jienense de Martos afincado en Madrid que lleva el sentimiento rojiblanco grabado a fuego en su ADN.

En un arrebato de fe rojiblanca en la confluencia de las calles Goya y Serrano, Carlos sorteó la seguridad, perdió un zapato y logró lanzar a su Simón una prenda cargada de historia, que comenzó su andadura en San Mamés y terminó convirtiéndose en un regalo de campeones para la reportera de DAZN, Elena G. Durán.

Unai Simón cumple su promesa: el detalle del Athletic a una reportera que ya es tendencia


Unai Simón cumple su promesa: el detalle del Athletic a una reportera que ya es tendencia

La prenda que coronó al guardameta de Murgia en la rúa madrileña no era un accesorio cualquiera, sino que guardaba una curiosa historia. Empieza la jornada de la reelección de Jon Uriarte al frente del Athletic. Aquel día, en el que los leones se medía a Osasuna en un duelo de enorme tensión competitiva, la txapela fue el obsequio que Carlos se llevó de vuelta a Madrid, sin sospechar que meses después protagonizaría uno de los capítulos más virales del verano.

Al enterarse de la gran celebración que acogería Madrid tras el Mundial, el jiennense no lo dudó. «Todos iban con sus banderas: uno del Atlético de Madrid, otro de Extremadura… incluso Fabián de Andalucía, de donde soy yo. Pero pensé: ‘Nadie lleva nada del Athletic‘», relata Carlos con esa campechanía tan propia. Decidido a que el color rojiblanco no faltara en la fiesta, se enfundó la camiseta de los leones, cogió su bandera de España y se colocó la txapela con la firme intención de hacérsela llegar al guardameta.

El plan requirió de mucha valentía. Al paso del autobús descapotable en Serrano con Goya, Carlos burló el cordón policial y, descalzo de un pie por los empujones, lanzó la txapela con precisión. Unai Simón la cazó al vuelo y, con una sonrisa de complicidad, se la puso de inmediato. El periplo de la prenda acabó de forma dulce: el portero se la regaló a la reportera Elena G. Durán, conocida por sus simpáticos juegos de «puñitos» y gominolas con la plantilla.

Un «athleticzale» de cuna

Para comprender la locura de Carlos por el Athletic es necesario viajar en el tiempo hasta Martos. Allí comenzó a forjarse su pasión de la mano de su padre, Miguel Pérez. Guardameta en la Tercera División andaluza, Miguel jugaba en los años dorados de José Ángel Iribar, y fue rebautizado cariñosamente como «Iribar». Un apodo que se convirtió en apellido oficioso y que, tras su reciente fallecimiento, ha sido recordado con un emotivo homenaje por parte de la historia del Martos Club Deportivo.

De aquellos relatos de estiradas imposibles y del magnetismo del «Chopo» vizcaino nació el amor incondicional de Carlos por el Athletic. Una devoción que ha transmitido con idéntica fuerza a la tercera generación: su hija Daniela, su hermano y su sobrino son ya «fieles cachorros».

Su compromiso con el club es tan activo que este año ha acompañado al equipo en sus desplazamientos más exigentes, desde Bérgamo hasta Newcastle o París en sus andanzas europeas. Pero su mayor orgullo sigue estando en su Jaén natal, donde impulsó la creación de una peña oficial del Athletic en Torredonjimeno que ya aglutina a más de 105 socios en una localidad de apenas 20.000 habitantes. Una embajada del sentimiento rojiblanco en el corazón de Andalucía que demuestra que la filosofía del Athletic no entiende de distancias, sino de puro corazón.