“Tú y yo lo sabíamos”, decía desde el estudio Joaquín Luqui (Caparroso, Navarra, 1948-Madrid, 2005) y al otro lado de la radio la audiencia esperaba ansiosa a ver quién sería “tres, dos o uno”. El navarro llegó a la radio cuando en las emisoras se utilizaban vinilos y el DJ radiofónico era un maestro de ceremonias que descubría música a la que pocos tenían acceso y pontificaba desde el micrófono. “Era tremendamente original, singular”, recuerda por teléfono Luis Merino, director de las cadenas musicales de Prisa entre 1996 y 2001, y añade: “Luqui no escribió nunca en un ordenador, se hacía sus guiones en su Olivetti”. El clac, clac, clac de esa máquina de escribir era parte de su sello, como sus famosas coletillas, su imagen descuidada, el pelo rizado y revuelto. “Un día estábamos esperando a Mariah Carey y ella dijo: ‘A mí el homeless no me entrevista’. Pero claro que la entrevistó, y se quedó encantada. Joaquín era el puente entre los fans y el artista, él mismo era muy fan, y Carey notó que se sabía sus claves”, cuenta Merino.
“Es que era un personaje en todos los sentidos. Su mesa era el caos absoluto, cuando pinchaba era capaz de acumular un montón de discos, uno encima de otro, y que aun así sonara…”, rememora Carlos Rioyo, gerente de cadenas musicales de Prisa en Madrid. El anecdotario continúa: “Al verte siempre te decía: ‘Hello, my friend’, y te hacía una cruz en el pecho, te bendecía, era muy católico. Y muy cariñoso, pero muy descuidado, podía estar nueve meses sin pasar una factura”. Las historias que circulan sobre el DJ en la sede de LOS40 en la Gran Vía madrileña no se acaban nunca.
Joaquín Luqui, en el estudio en 1979.Ricardo Martín
Luqui llegó a la emisora desde Pamplona en 1969. Apenas tres años antes, el 18 de julio de 1966, había nacido la lista de éxitos Los 40 Principales. Ahora, LOS40 acaba de cumplir 60 años de música y voces ligadas a esas melodías. En su primera emisión, el número 1 fue Monday, Monday, de The Mamas & The Papas; cuando se escribe este artículo ocupa ese puesto Dai Dai, de Shakira y Burna Boy. Las canciones han cambiado, quienes las introducen también: hay DJ radiofónicos que llenan plazas y auditorios, que presentan fiestas, que hacen vibrar a las masas en la fan zone del Mundial de fútbol o las celebraciones del Orgullo, que protagonizan clips virales en redes sociales o espetan preguntas irreverentes a los invitados en la alfombra roja.
Óscar Martínez (Valencia, 42 años) conoce bien los entresijos para arengar a las multitudes. “Una vez que pinché en la plaza de Colón había alrededor de 200.000 personas”, indica. Está en la emisora, haciendo su turno y preparándose para un verano a tope con la gira LOS40 Summer Live. Desde hace 13 años se encarga del set musical en estos eventos que recorren España, de A Coruña a Ceuta. Antes, entrena casi como un profesional: “Hago más cardio para aguantar porque en un bolo he llegado a perder tres kilos, preparación vocal…”. El tema que siempre salva una sesión, asegura, es «Feel This Moment, la canción de Pitbull y Christina Aguilera que coge el sampler de Take on Me, de A-ha”. Él creció marcado por la posruta del bakalao y estudió Comunicación Audiovisual con el objetivo de hacer radio. “En mis inicios aún había cedés, pero también ordenadores, creo que el cambio técnico no ha sido tan grande”. Lo que sí nota es la diversificación: “Ahora un DJ de radio, además de la radio, hace mil cosas: redes, eventos, giras…”.
Pero cuando todo empezó, el DJ radiofónico era quien daba a conocer canciones y grupos al oyente, un gurú prescriptor con acceso privilegiado. “Al principio destacaban los que viajaban mucho, Julián Ruiz o Joaquín Luqui estaban todo el día viajando. No existía internet, si tú tenías disco de importación, tenías la exclusiva. La gran revolución ha sido internet y las redes sociales”, argumenta Tony Aguilar (Cornellá de Llobregat, 53 años). De niño se colaba en casa de su vecino para locutar, entonces los medios eran otros. “Él tenía una emisora de un vatio que emitía para el barrio, luego empecé en emisoras locales, piratas, pinchando singles de 45 revoluciones, y con 17 años acabé en Ràdio Cornellà. Allí un compañero me dijo: ‘Nen, tú al satélite’, porque en esa época LOS40 era vía satélite. Había un certamen que se llamaba Concurso Nacional de DJ, grabé una maqueta en una cinta abierta de magnetofón de la época, de Revox, y quedé subcampeón”, relata el actual presentador de Del 40 al 1.
Fernandisco, en el archivo sonoro de LOS40, con uno de sus discos favoritos, ‘The Dark Side of the Moon’ (1973), de Pink Floyd.Francis Tsang
Ilustra con una vivencia esa transformación propiciada por el mundo online: “Hoy podemos estar reproduciendo una canción que acaba de editarse en Australia al minuto. Antiguamente, o tenías el disco físicamente o no lo ponías. Aquí comprábamos hit discs, recopilatorios que venían planchados con las novedades de Estados Unidos. Yo me cogía el de hip hop y el de rhythm and blues. Un día escuché We’ve Got It Goin’ On y la puse. No sabía quiénes eran esos Backstreet Boys, cómo eran, cuántos eran, si eran blancos o negros… Al cabo de tres semanas, su compañía me llamó para decirme que tenía una boy band, los Backstreet Boys, y comenzó el fenómeno”.
Porque los DJ radiofónicos anticipan y confirman esos fenómenos. A lo largo de su carrera, Fernandisco ha visto pasar y ha conocido a muchos ídolos musicales (de David Bowie a Whitney Houston, Kurt Cobain o Jon Bon Jovi), pero antes de ser Fernandisco, Fernando Martínez Teruel (Badalona, 67 años) fue un niño obsesionado con las voces. “Yo escuchaba voces, pensaba que había seres extraños dentro del aparato de radio. Mi abuela Francisca me regaló un transistor y luego mi madre me compró un tocadiscos Cosmo monoaural, escuchaba de todo”. Gesticula con las manos mientras apunta que su primer trabajo de DJ lo tuvo a los 14 años: “Iba con mis singles a pinchar en guateques de mayores, me pedían lentos y me pagaban con una mirinda de limón. No dejaba pasar nada. Quería aprender, entendí que solo trabajando mucho se consiguen las cosas”.
Constantino Romero fue su referente en sus comienzos en Ràdio Barcelona: “Me enseñó el sentido del ritmo, el disc jockey es un cabalgador de discos. Yo soy un storyteller que cuenta películas con la música”. En 1985 desembarcó en Los 40 Principales. El primer tema que puso, no lo olvida, fue Mil calles llevan hacia ti, de La Guardia. Trabajó nueve años con Luqui, comenzó a codearse con los artistas. “Tino Casal entraba en la emisora con su bastón de plata y me decía: ‘Tío, eres moderno’. Es que los artistas quieren mucho a los disc jockeys que los han apoyado”, señala. Todo el mundo reconocía su voz, sus coletillas en inglés y su mirada, porque en una primera mutación del DJ radiofónico se convirtió en un rostro televisivo familiar en los noventa, cuando presentaba Del 40 al 1 en Canal+. “Si miras atrás, yo era un influencer. Es lo mismo que está pasando ahora, sabías que lo que hacías gustaba a la gente”, apunta.
Karin Herrero (Fuerteventura, 32 años) se pone los cascos y habla en antena de la banda La La Love You. Se los quita, y mientras se suceden las canciones explica que la influencia a veces da un poco de vértigo. Empezó a hacer directos en Periscope y hoy suma 2,5 millones de seguidores en TikTok, unas 20 veces la población de su isla natal; es DJ radiofónico e influencer. “Las redes hoy tienen la misma importancia para un locutor que para un panadero, son el arma más eficaz”, recalca. “Vivimos en una era de fama selectiva. Hace 20 años eras famoso o no. Ahora los algoritmos nos enseñan a cada uno lo que nos interesa. Eres superconocido para un segmento y un desconocido para otros”, reflexiona. Su segmento son “chavales de 8 a 17-20 años”, nada más pisar la Gran Vía se le acerca un niño con camiseta de la selección para pedirle un selfi: “Siento mucho orgullo, gratitud y, por otro lado, mucho miedo, por lo efímero que es esto de las redes. Aunque tengas grandes cifras y te puedas creer el rey del mambo, nunca sabes si el año que viene se van a acordar de ti”. Utiliza su impacto para concienciar sobre el bullying (“se habla poco de ello”, lamenta) y opina que hay que actualizar el lenguaje en la radio para “mantenerla en su prime”. Llegó a este medio “casi por descarte” tras estudiar el doble grado de Comunicación Audiovisual y Publicidad. Su fuerte son “las ideas locas”. Porque el DJ radiofónico de esta era puede, además, hacer puenting con una entrevistada o probar la patata más picante del mundo en directo.
Karin Herrero y Cris Regatero, que llegaron a la emisora por el concurso Aygotuber, micrófono en mano en la Gran Vía madrileña.Francis Tsang
Cris Regatero (Madrid, 31 años) ha experimentado de primera mano eso de los retos locos. De hecho, lo vivió junto a Karin Herrero cuando en 2016 se presentaron al concurso Aygotuber, una especie de reality para hallar a nuevos locutores con perfil digital. “La prueba más surrealista fue tener que fingir que hacía un programa aquí en un estudio y de repente todo se llenaba de humo”, recuerda, “te ponían a prueba para ver cómo reaccionas, cómo improvisas”. Regatero ganó y desde entonces lleva trabajando en la radio, aunque “al principio quería ser Anna Wintour”. No se dedicó al periodismo de moda, pero ha sido jurado de Operación Triunfo y desarrollado formatos como Cara C, un videopodcast que busca profundizar en tiempos de inmediatez. “Siento que hay una nueva radio, una nueva televisión y un nuevo lenguaje. Lo que buscamos ante todo, que antes quizá no había tanto, es la naturalidad. Eso acerca al oyente joven”, sostiene.
En el estudio Paul McCartney, que el integrante de The Beatles inauguró el 8 de junio de 1989, coinciden para hacerse la foto Tony Aguilar, Dani Moreno, El Gallo (Badalona, 54 años) y Cristina Boscá (Valencia, 44 años). Todos ellos han pasado muchas horas en esa especie de invernadero con vistas panorámicas sobre Madrid. Y todos ellos han presentado Anda Ya!: Aguilar estrenó este programa matutino junto a Rosa Rosado, El Gallo tomó las riendas en 2014 (tras 12 años en Máxima FM) y desde 2016 lo copresenta junto a Boscá. Al principio, en ese estudio los locutores miraban hacia el horizonte y pinchaban de pie; en la actualidad lo hacen sentados con la vista en la pantalla del ordenador. Todo cambió con la llegada de una webcam que se instaló en una esquina: “Para que la gente en su casa viera las vistas a nosotros nos pusieron de espaldas”.
Dani Moreno, ‘El Gallo’, y Cristina Boscá, conductores de Anda Ya!, y Tony Aguilar (derecha), primer presentadordel programa, en el estudio que inauguró Paul McCartney en 1989.Francis Tsang
Así, la parte visual —hoy natural en el medio, entre videoblogs, presencia en YouTube, reels y tiktoks— empezó a formar parte de la experiencia radiofónica. Precisamente Boscá fue pionera en dar un paso más en ese híbrido audiovisual llevándolo a un terreno más desenfadado, personal. “En redes hablaba de mi vida, hacía retos… En 2011 fui a Lisboa a ver a Katy Perry y me dijeron que molaría que me hiciera vídeos autograbados y autoeditados. Antes para esto iba un cámara, se editaba en el estudio. Yo me grabé en el hotel y lo subí al momento. Ahora todo el mundo lo hace, pero en ese momento fue la novedad”, rememora. Comenzó a trabajar en LOS40 Gandía sin tener muy claro su futuro: “Yo no era tan friki de la radio, sino de los medios en general. Siempre me llamó la atención la parte del entretenimiento, contar historietas. Era muy fan de Buenafuente y en la radio me fijaba mucho en las chicas, en MJ Aledón, en Sira Fernández…”. En 2008 llegó a Madrid para ser satélite, una estancia de un mes desde las emisoras locales a la matriz por la que también pasó El Gallo. En 1996 ganó la final del Concurso Nacional de DJ, en la discoteca Gran Velvet de Montigalà (Badalona). Aguilar revela que le votó. “Era un viernes y el martes empecé a trabajar. Me dijeron: ‘Te quedas sin vacaciones’. Y llevo 30 años haciendo radio cada día”, recuerda Moreno. Había logrado su sueño. “Yo escuchaba a Tony y a Fernandisco y pensaba: tengo que trabajar ahí. Me iba a la calle de Casp de Barcelona porque tenían la cabina que daba a la calle y esperaba a que salieran para saludar”.
El primer tema que puso en LOS40 fue Avalancha, de Héroes del Silencio. Aún conserva esa grabación, del 4 de julio de 1996. Porque si Luqui era caótico, El Gallo es metódico: “Me grababa en casete para escucharme y corregir, ahora estoy digitalizándolo todo”. Los archivos sonoros reflejan la evolución de la figura del DJ radiofónico, que él ve crucial en tiempos de streaming y disecciona para anticipar lo que vendrá: “Al principio hubo una época con mucha personalidad en los DJ y luego llegó un momento en el que se encorsetó, no podías hablar casi, la radio se convirtió más en hilo musical. Creo que el futuro es precisamente lo contrario, poner la personalidad delante del micrófono. Eso hace que la gente empatice y, evidentemente, eso no lo tiene la inteligencia artificial”.