Rocío Jiménez

31/07/2026

Actualizado a las 17:36h.

Hubo unos días de mayo en los que Sevilla concentraba todas las miradas internacionales al ser escenario de la premiere mundial de la serie Berlín. Un evento que duró varios días y que culminó con un espectáculo en el Guadalquivir. A pesar de la llegada del elenco de la serie, hubo un nombre que paralizó y enloqueció a la ciudad: Rosalía.

Los rumores sobre la posibilidad de ser la artista misteriosa que anunciaba Netflix, la confirmación de su llegada, sus paseos por Sevilla y los restaurantes en los que comió, mantuvieron en vilo a todos sus fans. El restaurante estrella Michelin Cañabota fue donde almorzó en su segundo día. Casi tres meses más tarde, su gerente, Juanlu Fernández se ha pronunciado en el podcast ‘Lo que me sale del Micro’.

Lejos de lo que supondría para cualquier comercio o restaurante que una celebridad como Rosalía acuda a su servicio, para Fernández fue «una clienta más». Aunque, sí ha sido consciente de las ventajas de su presencia «es muy bonito que venga, nos da mucha publicidad».

A pesar de ello, pone en valor y por encima de Rosalía la figura del cliente anónimo: «Para mí, tan importante es Rosalía o incluso un poquito menos como la parejita que lleva juntando seis meses para sentarse en tu casa y que hizo la reserva hace dos meses y que viene con toda la ilusión del mundo».

«Nadie se dió cuenta de que estaba Rosalía»

Para sorpresa de muchos, Cañabota no cerró de forma exclusiva ese día de mayo para que la cantante catalana comiese sola, «Rosalía comió con el resto de gente que había en el restaurante». Este hecho es una de los aspectos de los que más se siente orgulloso Fernández: «Fuimos capaces de que comiera y nadie de los que estaba comiendo en el restaurante se dió cuenta de que ella estaba».

Un hecho que sorprende, ya que es una artista de talla internacional conocida en todo el mundo y solo llamó la atención cuando se levantó a hacerse la foto con el equipo de Cañabota, «ahí fue cuando se formó todo el revuelo».

Por último, ha señalado que esta discreción fue posible gracias al trato igualitario de los empleados: «No había un trato especial ni por mi, ni por el resto de los empleados porque no había una sensación distinta, de un trato diferente a una mesa», ha aclarado.