La pretemporada es, por definición, un terreno donde las certezas se construyen sobre cimientos inestables. En el Athletic de Edin Terzic, sin embargo, los cimientos … comienzan a parecerse cada vez más a una estructura sólida y definida. Bajo el cielo de Burgos, en una tarde atípica diseñada en cuatro actos de treinta minutos, el conjunto rojiblanco superó su sexto examen estival con una solvencia que invita al optimismo. No fue solo el 0-3 final lo que dejó huella en El Plantío, sino la confirmación de que la maquinaria alemana, más allá de los nombres propios, empieza a engranar las piezas clave de su propuesta: salida aseada desde atrás, presión tras pérdida y una versatilidad táctica que permite mutar de sistema sin perder el rigor.

Burgos

Burgos

0

3

Athletic

Athletic

Primeros 60 minutos : Ander Cantero, Lizancos, Oier (Iván Martínez, m. 15), Grego, Hernáiz, Curro, Gragera, Mejía, David González, Llabrés, Mollejo. Segundos 60 minutos : Ander Cantero, Saúl del Cerro, Expósito, Dadie, Galdames, Mario Cantero, Fermñin, Ethan, Appin, Irian, Iván Martínez.

Primeros 60 minutos : Padilla, Areso, Yeray, Paredes, Yuri, Jauregizar, Rego, Selton, Sancet, Berenguer, Maroan. Segundos 60 minutos : Padilla (Santos, m. 90), Rincón, Monreal, Adama, Johaneko, Galarreta, Gerenabarrena (Guruzeta, m. 95), Nico Serrano (Djaló, m. 90), Canales, Navarro, Williams.

  • Goles:
    0-1: Areso, m. 14; 0-2: Robert Navarro, m. 63; 0-3: Iñaki Williams, m. 83.

  • Árbitro:
    Víctor García Verdura (comité catalán).

  • Incidencias:
    El Plantío.

El escenario presentaba un matiz experimental. El Burgos, que buscaba medir sus fuerzas ante un rival de superior entidad, aceptó un formato de juego poco convencional: cuatro mitades de media hora. Ante una entrada discreta –comprensible por el puente vacacional–, Terzic aprovechó el primer bloque de sesenta minutos para poner a prueba un dibujo donde la verticalidad de los laterales se convertía en el principal argumento ofensivo.

Una vez más, volvió a quedar claro desde el pitido inicial que la portería rojiblanca es, bajo el mando del técnico germano, el punto de partida de todo el edificio. Padilla, impecable en su rol, rechazó prácticamente cualquier tentación de enviar el balón en largo, priorizando siempre la salida jugada. Con Sancet ejerciendo de brújula en la mediapunta y una estructura que liberaba a los laterales en fase de ataque, el Athletic tomó el mando de las operaciones. El Burgos, anestesiado por el juego asociativo visitante, apenas lograba cruzar el medio campo.

El primer golpe llegó en el minuto 14. Fue la manifestación perfecta del libreto de Terzic: una progresión profunda de Berenguer que permitió a Yuri ganar línea de fondo. Su servicio cruzó el área como un rayo hasta encontrar a un Areso que, apareciendo con instinto de llegador, embocó el balón a la red pese a la oposición de Cantero. Para el navarro, el gol tuvo un sabor especial: fue su estreno como goleador con la elástica rojiblanca.

El partido, no obstante, tuvo sus sombras, especialmente en la zona de creación durante la primera hora. El juego del Athletic cayó en una meseta de indefinición. Ni la movilidad de Maroan ni la disposición táctica lograron traducir el dominio en ocasiones claras, dejando una sensación de querer pero no poder antes del segundo receso.

Cambio de fichas

Todo cambió radicalmente al saltar al verde el segundo equipo. Terzic renovó los diez jugadores de campo, manteniendo solo a un Padilla que completaría 90 minutos de esfuerzo. La irrupción de un once con mayor peso de los canteranos y la entrada de Iñaki Williams, que se reincorporaba tras su periplo mundialista, dotó al equipo de una frescura eléctrica.

No hubo que esperar ni un suspiro. En el minuto 63, el Athletic desplegó una jugada colectiva de alta costura: una pared precisa entre Robert Navarro y Canales terminó con el propio Navarro definiendo ante el portero. Fue el 0-2, un tanto que resumía el cambio de guion: el juego ya no era solo por fuera, sino un ejercicio de asociación interior que desbordó por completo a los locales.

El Athletic se instaló en campo contrario con una autoridad abrumadora. Iker Monreal, como eje de una zaga formada por un central y dos laterales, lideró una retaguardia que no pasó apuros, mientras Gerenabarrena y Galarreta escalonaban la medular con jerarquía. La recompensa llegó en el minuto 84, cuando un pase elevado y exquisito de Galarreta encontró la bota de Iñaki Williams. El tercer gol cerraba un círculo de superioridad incontestable.