Dos victorias son todo el botín que Iván García Cortina deja tras su periplo en Movistar: Gran Piamonte y una etapa en la Vuelta a Asturias.
Seis años.
En este tiempo no podemos decir que sea un buen balance.
El equipo telefónico, una estructura que ha necesitado anotadores como nunca, ha estado exento de triunfos e Iván, que podía ser uno de esos ciclistas de perfil rematador, no ha contribuido como se esperaba.
Muy ajeno a los puestos de honor en las grandes clásicas, ha logrado un top ten en alguno de los monumentos, pero poco más.
Sobre todo, quedan muchas promesas que creemos que han quedado por cumplir.
Queremos y apreciamos mucho a Iván García Cortina, pero no podemos decir que su paso por la escuadra azul haya sido fructífero.
Ha sido más bien decepcionante.
Dos victorias y alguna actuación de mérito salvando a Enric Mas, cubriéndole las espaldas en alguna etapa del Tour de Francia o de la Vuelta a España, es lo que jalona el bagaje del ciclista asturiano en la formación naval.
Por otro lado, creo que el equipo nunca ha sabido encontrarle el mejor acomodo, o no de la mejor manera, ni arroparle en carreras como las clásicas, donde se necesita una guardia pretoriana mucho más consistente para pelear contra los mejores del adoquín.
Iván García Cortina venía de ganar dos carreras World Tour con Barhein hasta 2020, cuando aún tenía 24 años, y ahora mismo se ve totalmente con un palmarés pequeñito, muy reducido para lo que apuntaba en sus inicios.
Recordemos que con su anterior estructura logró ganar en la París-Niza y anteriormente en la Vuelta a California, ronda que llegó a ser máxima categoría y que en aquel 2019 fue ganada por el propio Tadej Pogačar.
Ahora en Alpecin, Cortina encuentra un hábitat mucho más orgánico a su forma de ser y a su estilo de entender el ciclismo.
Al menos si le queda algo del ADN que le llevó a Movistar.
Esperemos que, aprendiendo de los mejores de la especialidad como Mathieu van der Poel, Jasper Philipsen y compañía, pueda lograr convertir que sus treinta años sean los veinte de otros muchos ciclistas.
Eso sí, chapeu para el manager… no era sencillo venderlo en estas circunstancias.




