Samuel Nacar (Barcelona, 1992), fotógrafo documental y cineasta, ganador del premio World Press Photo junto al periodista Agus Morales por ‘Las sombras ya tienen nombre’, … reportaje para la revista ‘5W’ sobre los supervivientes de las cárceles sirias, está enamorado de la costa de Águilas y, en concreto, de Calabardina, un paraíso tan asociado a la figura del actor Paco Rabal y a la emprendedora Sonsoles Paradinas, que eligió este enclave para el primer hotel con encanto de la Región de Murcia, Al Sur. Nacar teme que este paraíso sucumba al fenómeno de la turistificación, como ha ocurrido en tantos lugares de las islas Baleares, por eso tiene prohibido, dice medio en broma medio en serio, cuál es su paradero: «Va a llegar el momento en que lo van a descubrir y nos vamos a arrepentir».
La relación de Nacar con Cabo Cope se remonta a varias décadas atrás. Ya venía por «Calabarcete», como reconocen muchos manchegos este lugar por la gran cantidad de albaceteños cada verano, cuando era un niño. Sus tíos alquilaban con sus amigos una casa, y así fue como empezaron a ir. «En cuanto hubo oportunidad compraron una casa, mi madre compró otra, eran otros tiempos, otros precios también», cuenta a LA VERDAD. Intenta permanecer aquí durante julio y agosto, «todo lo que me permita el trabajo, porque yo estoy enamorado del mar, me paso el día agradeciendo lo bonito que es Calabardina y Cabo Cope».
Este verano, de hecho, ya ha hecho algo que para él tiene valor de hazaña que es darle la vuelta al cabo a nado: «Son como cinco kilómetros y medio, y toda la parte de atrás es aún virgen y bella. Hay una zona que conocemos como ‘El Jardín’, que es la más inaccesible, y hay que organizarse para llegar. Hay otra playa, La Yesera, que está como alfinal de la punta, y tiene arcilla, y después de toda la mañana buceando acabas dándonde unos baños de arcilla bastante hippies en la playa. Ese contacto con la naturaleza es increíble, aquí es donde soy feliz».
Liberación
En una ocasión, tras una entrevista a Sultana Khaya, activista saharaui «que nos contó barbaridades», víctima de vigilancia, allanamientos, torturas, robos y agresiones sexuale en el Sáhara Occidental, «yo vine a Cabo Cope con un nudo en el estómago, después de haber escuchado tanto dolor, y, de repente, me metí en estas aguas y me sentó de maravilla meterme en el mar y poder liberarme de toda esa carga. De hecho, yo me jubilaré en Cabo Cope».
«Cambiamos el documental. En cuanto llegaron los chinos a Linares supimos que había que abrazarlos, y saber a dónde nos llevan»
Nacar ha tenido mucha relación con el Mediterráneo a lo largo de su trayectoria como fotoperiodista especializado en migraciones, pero asegura que no ha conocido un lugar con tanta pureza. «Yo soy mediterráneo y me faltan pocas costas mediterráneas por ver, pero con este nivel de pureza no recuerdo haber visto este mar. En Grecia, en plena crisis migratoria, hace once años ya, a esa parte de la costa yo le pillé mucho miedo porque todo lo que vi era gente intentando llegar a la costa en patera y gente sufriendo. De hecho, yo vivo en el mar, me paso la vida bañándome, pero en Grecia tardé como dos meses en poder bañarme porque había mucho sufrimiento en esos fondos».
En Calabardina descubrió, en realidad, todo lo que necesitaba saber sobre el mar. «Me dio miedo en Grecia que mi relación con el mar se perdidera justamente por la violencia».
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Samuel Nacar en Cabo Cope.
(Alfonso Durán)
Su hermano, residente en Berlín, solía venir en enero a Calabardina. «Y he venido muchos eneros a verle, ahora en cambio es más complicado, por eso elijo venir los veranos y alguna semana suelta en Navidad. El calendario ya no me da para más», cuenta Nacar, a quien le gusta considerarse un periodista que cuenta historias, en distintos formatos. Se ha especializado en la riviera mediterránea, y también en la costa africana de Marruecos a Mauritaria y Senegal. «Fuera de ahí es verdad que no estoy tan cómoda, aunque alguna vez he estado en América, en Bolivia, en concreto. No tengo intención de salirme de estas dos zonas que considero mi zona de incidencia, que ya son muy extensas, de hecho, para cubrirlas».
Tiene la impresión de estar siendo testigo directo de cuestiones que están muy de actualidad, como las migraciones y otras asuntos que no importan tanto, de verdad, en el mundo. Su último proyecto, de hecho, es ‘Taranta’, un documental que le ha llevado más de cinco años «para levantar financiación». «Era demasiado joven para saber dónde me estaba metiendo hace cinco años. Yo considero que estamos en el pre-presente, y lo que nos ha pasado con el documental es un ejemplo. Nosotros ibamos a grabar en Linares (Jaen), que fue una de las ciudades conmás paro en Europa. Queríamos hacer una historia sobre la juventud sin futuro, lo que se decía de mi generación, la del 92. Linares ejemplificaba muy bien esto. Pues cuando fuimos a grabar a Linares en la Semana Santa de 2025 nos encontramos con algo bien distinto. Lo que sucede es que ahí había una fábrica de Suzuki-Vitara, que daba 14.000 puestos de trabajo en una ciudad de 70.000 habitantes, en 2010 se cierra esa fábrica de Santana y se quedan sin industria porque esto era un monocultivo industrial. Lo único que queda alrededor es la oliva. Pero cuando nosotros llegamos a Linares a grabar eso nos avisan de que los chinos van a construir una fábrica de coches».
Dice que estamos en el «pre-presente», «porque la Comisión Europea el 7 de julio advirtió del riesgo en que está la industria automovilística europea, porque Europa no pueden competir con los chinos, que han entrado en España y están construyendo fábricas, a las que todo viene manufacturado de China, y lo que dan puestos de trabajo son el montaje de las piezas. Lo cierto es que en Europa se prevé una debacle industrial, pues hay 13 millones de puestos de trabajo que se dedican a la automoción, uno de cada 16 trabajadores. El ‘New York Times’ sacó hace pocas semanas un primer reportaje sobre esto».
«Ganar el World Press Photo hizo que yo, que soy un ‘freelance’, pueda tener un aval y que me contesten a los correos electrónicos»
Nacar dice que la llegada de los chinos hizo que se modificara el planteamiento inicial del documental. «En cuanto llegaron supimos que había que abrazarlos, y saber a dónde nos llevan, y nos han llevado a un lugar interesante, que es el conflicto cultural y laboral que se va a generar, pues hay una presión muy grande en el trabajo. Los trabajadores tienen que mantener a tres familias, las de sus padres y a sus hijos. Y, claro, cuando ellos llegan aquí, y ven que los jóvenes no trabajan tanto, que no hacen jornadas de 26 días al mes, que no hacen de 8 a 8… con eso les explota la cabeza. Aquí hay una historia: ¿Nosotros vamos a llegar a ese espacio laboral? ¿Quién va a marcar los derechos laborales? ¿Valdrán los que ya teníamos o van a volver a cambiar? ¿Quién va a tener poder de negociación en la mesa: ellos o nosotros? Esta es una gran historia», cree.
Cada historia, asegura Samuel Nacar, se merece un abordaje diferente con las nuevas narrativas periodísticas. «No hago fotoperiodismo clásico, hago audiovisuales de vídeo, uso textos y audio… depende de cada caso. Es un trabajo multidisciplinar y la fotografía es un gran eje. Al final es verdad que estos proyectos son demasiado grandes para estar en una revista. Las doce fotos que te van a poder permitir publicar en una revista y las 1.000 o 2.000 palabras puede que no lleguen a explicar los matices y la sensibilidad con la que hay que trabajar estos temas. Hemos visto una oportunidad en el documental, en el caso de Linares, y la hemos aprovechado. Obviamente, mi ojo fotográfico permite que haya una estética muy cuidada, y yo no diría que el documental es un hijo del cine, sino que es un género en sí mismo que tiene tanto valor o más que muchas películas de ficción», argumenta.

Samuel Nacar, ganador del World Press Photo, en Cabo Cope esta semana.
(Alfonso Durán)
Un certificado de calidad
El año 2025 fue importante en su trayectoria profesional. «Todavía no soy consciente, esto de ganar el World Press Photo quizás lo que te permite es que te conozcan un poco más, que respalden tu trabajo. Eso significa que yo, que soy un ‘freelance’, pueda tener un aval y que me contesten a los correos electrónicos. El premio es un certificado de calidad, como cuando hacía prácticas en ‘El País’ y solo por decir que llamabas de ‘El País’ se te abían las puertas fácilmente».
El mundo está lleno de lugares peligrosos, pero Samuel Nacar no hace trabajos en países en guerra. «La vuelta de Lesbos fue muy dura, vi como la gente de mi alrededor, la familia, los amigos… no podía vivir con esa angustia. Soy consciente de lo importante que es crear vínculos sostenidos en el tiempo, y es importante tener un sitio al que volver. El mundo está muy maltrecho, y parece que todo es un infierno ahora mismo. Yo he visto la vida, y Europa en eso es muy privilegiada. Ver la vida real puede que sea otra cosa, y es a lo mejor todo eso que yo he visto».