La saga artística de los Douglas continúa ahora con Carys, la hija de Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, de veintitrés años, que acaba de debutar en un teatro de Nueva York, en presencia de sus felices padres.
Hasta la fecha había hecho sus pinitos como actriz aficionada, pero ahora ya les ha dicho que va en serio y quiere continuar la dinastía artística familiar.
Y ese debut ha sido con una obra importante, La Gaviota, de Anton Chéjov, con el papel de Nina. El lugar no deja de ser curioso: en la iglesia-restaurante de la comunidad queer de Brooklyn, la Dinner Church Waffle Church. La citada comedia dramática narra, como es sabido, la historia de un grupo de artistas, escritores e intérpretes, enredados en el amor, la ambición y la frustración creativa. Fue escrita por el escritor ruso en 1895.
Carys Douglas obtuvo la licenciatura en Cine y Relaciones Internacionales, y se graduó en la Universidad de Brown.
Unos padres que han celebrado ya sus bodas de plata
Carys es la hija menor del matrimonio formado por Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, que tienen un varón, el primogénito Dylan, que con veinticinco años es también actor y productor.
Michael, hijo de una saga que fundara el legendario Kirk Douglas, ha cumplido ochenta y un años. Fue siempre un seductor nato, superando a su progenitor en conquistas femeninas. Incluso cuando estaba casado con Diandra Luker, padres de Cameron, de cuarenta y siete años.
Diandra estaba hasta el gorro de que Michael la coronara a menudo con unos llamativos cuernos. Se divorciaron y Michael encontró la felicidad completa al conocer a Catherine Zeta-Jones, actriz galesa nacida hace cincuenta y seis años.
La primera vez que se vieron fue en Deauville, localidad del noroeste francés donde en septiembre se celebra un festival con películas norteamericanas. Estuve allí un año; la ciudad costera es maravillosa y el certamen se mueve alrededor de novedades cinematográficas de los Estados Unidos. Era el año 1998 y entre las películas presentadas figuraba La máscara del Zorro, de reciente rodaje. Sus protagonistas eran Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones, allí presentes en Deauville. Donde, invitado, se hallaba Michael Douglas que, en cuanto vio a aquella belleza galesa, quedó obnubilado.
Nuestro compatriota malagueño hizo las presentaciones. Ocuparon la misma mesa durante un almuerzo. Y ya desde aquel día, Michael Douglas sólo tuvo un objetivo: no dejar que ningún otro hombre tratara de conquistarla; eso era asunto suyo.
Estaba seguro Michael de que entre Antonio Banderas y Catherine no hubo indicios amorosos. Pero lo que no pudieron disimular los dos cuando empezaron a rodar aquella película de capa y espada es que simpatizaron en seguida. Ella contaba esto: «Algo sucedió desde luego, fue como si una especie de rayo nos cayese encima. Fue cuando nos pusimos a bailar».
Michael Douglas con Catherine Zeta-Jones y su hija Carys
Aquel otoño Michael y Catherine se hicieron amigos íntimos. Le propuso él celebrar el Año Nuevo de 1999 esquiando en la estación de Aspen. Y mientras la nieve caía tras las ventanas del hotel que ocuparon, abrazados, él le pidió matrimonio a Catherine. Que no vaciló en concedérselo. La boda tuvo lugar el año 2000 —el último del siglo XX —y no como creen todavía los incultos asegurando que era el comienzo del XXI—.
A partir de entonces la pareja atravesó por muy distintas circunstancias, partiendo de la felicidad total, ya en el nuevo siglo. Fue cuando Michael superó un cáncer. A lo que siguió otra dura temporada en la que Catherine atravesó por un trastorno bipolar. Tenía su mente perdida. Pudo recuperarse con un especial tratamiento y el amor que le tenía Michael.
La vida en común atraviesa por periodos a veces problemáticos. Le ocurrió a esta pareja que pasaba en Hollywood por ser de las más estabilizadas. Transcurría 2013 y se separaron durante un tiempo, no demasiado duradero. Él la echaba de menos. Se reconciliaron. Ya desde entonces, que se sepa, no han vuelto a tropezar con la misma piedra.
«Cuando nos casamos ya hubo agoreros que decían que no íbamos a durar mucho», recordaba Catherine. Pero, sí, han durado ya veintiséis años. En 2025 celebraron sus bodas de plata. Es curioso que ambos celebran su cumpleaños el mismo día, 25 de septiembre, en el que nacieron… sólo que con un cuarto de siglo de diferencia.