La Unión Europea deberá sustituir hasta 55.000 millones de metros cúbicos de gas ruso, el equivalente al 14% de su demanda anual, en un momento de menor almacenamiento y creciente competencia mundial por el GNL. Esa es la principal conclusión del informe elaborado por KPMG, que sitúa a Europa ante el reto de reemplazar una parte todavía relevante de su suministro energético cuando el mercado internacional ofrece menos margen que en años anteriores.
El análisis, basado entre otras fuentes en datos de la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER), estima que los contratos rusos aún autorizados durante el periodo transitorio representan entre 45.000 y 55.000 millones de metros cúbicos anuales, el equivalente a entre el 11% y el 14% de la demanda europea de gas. La desaparición progresiva de esos volúmenes obligará a Europa a reforzar sus compras en un mercado internacional más competitivo.
La retirada del gas ruso coincide además con un contexto especialmente delicado para la energía europea: menores reservas, tensiones geopolíticas que afectan al comercio de GNL y una creciente competencia con Asia por los cargamentos disponibles. KPMG advierte de que este escenario puede traducirse en mayores costes energéticos para empresas y consumidores y afectar a la competitividad de sectores industriales intensivos en energía.
El origen de este proceso está en el Reglamento (UE) 2026/261, que establece una prohibición permanente y jurídicamente vinculante de las importaciones de gas ruso, tanto por gasoducto como mediante GNL. La aplicación de las restricciones comenzó en marzo de 2026 y culminará de forma gradual entre enero y septiembre de 2027, según el tipo de contrato.
Europa dependerá más del mercado global de GNL
La sustitución del gas ruso incrementa el peso del GNL en el abastecimiento europeo. Tras reducir drásticamente las compras a Rusia desde 2022, la UE ha compensado parte de esos volúmenes mediante mayores importaciones desde Estados Unidos, Noruega, Argelia y otros exportadores.
Actualmente, el 45% del aprovisionamiento europeo de gas procede ya de cargamentos de GNL. Una parte importante de estos suministros tiene destino flexible, por lo que puede dirigirse al mercado que pague más.
Durante 2026, las restricciones en torno al Estrecho de Ormuz y la reducción de exportaciones desde Qatar y Emiratos Árabes Unidos impulsaron los precios internacionales. El informe señala que el índice asiático JKM mantuvo entre marzo y junio una prima media de 6,3 euros por MWh respecto al TTF europeo, un diferencial que favoreció el desvío de cargamentos hacia Asia.
La consecuencia es directa: Europa deberá competir más intensamente por el GNL necesario para sustituir los últimos contratos rusos. Según el informe, la seguridad de suministro dependerá cada vez más de la capacidad de atraer cargamentos en un mercado global condicionado por el precio, los costes logísticos y la evolución geopolítica.
Las reservas arrancan desde un nivel inferior
El segundo factor de preocupación es el almacenamiento. Aunque la Unión Europea dispone de capacidad para almacenar alrededor de 104 bcm (104.000 millones de metros cúbicos), la campaña de inyección de 2026 comenzó desde niveles significativamente inferiores a los registrados durante los últimos ejercicios.
En junio de 2026, el llenado de los almacenamientos se encontraba casi nueve puntos porcentuales por debajo del registrado un año antes y más de 28 puntos por debajo de los niveles de 2023 y 2024. La actual estructura de precios tampoco favorece el almacenamiento, ya que reduce los incentivos económicos para comprar gas y reservarlo para el invierno.
Según una estimación elaborada por KPMG, Europa podría no alcanzar el 70% de llenado al cierre de la campaña de inyección de 2026, muy por debajo del objetivo comunitario del 90%. De confirmarse ese escenario, el continente afrontaría el invierno con un margen de seguridad menor y con una dependencia creciente de compras de GNL durante los meses de mayor demanda.
La consecuencia sería una mayor dependencia de las compras de GNL durante la temporada invernal, precisamente en el momento de máxima competencia internacional por estos cargamentos.
España afronta mejor la transición, pero seguirá expuesta a los precios
España parte de una posición más sólida que otros mercados europeos gracias a su capacidad de regasificación, la diversificación de proveedores y la conexión directa con Argelia mediante el gasoducto Medgaz. Sin embargo, el informe subraya que esta ventaja física no elimina la exposición a los movimientos del mercado internacional.
En marzo de 2026, España registró la mayor compra mensual de GNL ruso de su historia, con 9.807 GWh. Dos meses después, las entradas alcanzaron 8.726 GWh, un 58,5% más que en mayo de 2025. Rusia llegó a representar el 27,8% del gas recibido por el sistema gasista español, según los datos de aprovisionamiento de Enagás, aunque esa cifra no equivale necesariamente al consumo final realizado en el país.
El reto para España no es tanto sustituir una dependencia estructural como la que mantienen algunos países centroeuropeos, sino reemplazar una fuente de suministro que ha servido para compensar tensiones puntuales del mercado. Además, el margen para incrementar significativamente las importaciones por gasoducto desde Argelia es limitado, ya que Medgaz operó durante 2025 cerca de su capacidad máxima.
Eduardo González, socio responsable de Energía y Recursos Naturales de KPMG en España, defiende que la Comisión Europea estudie mecanismos de intercambio comercial de GNL que permitan sustituir los volúmenes rusos por suministros procedentes de otros orígenes. A su juicio, esta fórmula facilitaría una reasignación más eficiente de los flujos internacionales y reduciría la competencia directa entre Europa y Asia por los cargamentos flexibles.
La principal conclusión del informe es que Europa entra en el invierno 2026-2027 con menos margen que en ejercicios anteriores y todavía necesita sustituir una parte relevante de su suministro energético. En ese contexto, la capacidad para asegurar cargamentos de GNL y mantener niveles suficientes de almacenamiento será clave para contener el impacto sobre los precios de la energía, la actividad industrial y los consumidores.