El 17 de abril de 2025, Sara Sorribes (Vall de Uxó, Castellón, 1996) tomó una decisión imposible para muchos. Decidió «tomarse un tiempo para mi cabeza y para mi cuerpo», como escribió de su puño y letra en una libreta que todavía hoy la acompaña. Lo hizo apenas seis días después de disputar la Billie Jean King Cup, en la que había ganado un partido individual y otro de dobles.

Aquello no era un problema de resultados. Era la necesidad imperiosa de poner fin a una huida hacia delante que la había llevado al colapso mental. Todo lo demás dejó de tener sentido. Así comenzó el proceso de reconstrucción de una tenista que había conquistado junto a Cristina Bucsa un bronce olímpico en París 2024 y acumulado tantos otros méritos que solo ha sido capaz de valorar con el paso del tiempo y la distancia.

Siete meses después, en noviembre del año pasado, Sara Sorribes regresó a las pistas. Cuando las dejó, ni siquiera era capaz de imaginar una fecha para volver. Ese regreso fue tomando forma a medida que recuperaba el aliento y, sobre todo, la vida. Con cenas sin mirar el reloj junto a su familia y sus amigos. Con un Camino de Santiago que le ayudó a limpiar el alma. Y con unas herramientas que le permitieron relativizar el fracaso y aliviar el peso de una raqueta que llegó a odiar.

Sara Sorribes no quiere ser ejemplo de nada ni de nadie, porque está convencida de que cada persona debe recorrer su propio camino. Pero sí tiene la generosidad de compartir, en un acto organizado por Nara Seguros, todo lo que ha vivido. Una compañía de la que es embajadora y que también estuvo a su lado durante un proceso en el que reconstruyó su relación con la vida, con el tenis y, sobre todo, consigo misma.

La tenista española Sara Sorribes (c) celebra con su equipo tras ganar, junto a Cristina Bucsa, a las checas Karolina Muchova y Linda Noskova en el partido por la medalla de bronce de dobles femenino de los Juegos Olímpicos París 2024.

La tenista española Sara Sorribes (c) celebra con su equipo tras ganar, junto a Cristina Bucsa, a las checas Karolina Muchova y Linda Noskova en el partido por la medalla de bronce de dobles femenino de los Juegos Olímpicos París 2024. / Juanjo Martín / EFE

Pregunta. ¿Cuál ha sido el mayor aprendizaje de Sara Sorribes en los meses que duró su parón?

Respuesta. Creo que me he conocido muchísimo como persona. Al final yo sabía lo que me gustaba jugando al tenis, pero no sabía lo que me gustaba en la vida en general. Durante este parón he descubierto qué cosas me hacen feliz, cuáles no y hacia dónde me gustaría caminar. He aprendido muchísimo.

P. ¿Y qué lugar ocupa ahora el tenis en esa nueva vida?

R. Sigue ocupando un lugar muy grande porque al final necesita muchísimo tiempo. Entrenar, competir, viajar… hay que dedicarle mucha atención. Pero, dentro de eso, ahora hay un poco más de espacio para otras cosas. Sobre todo, entiendo mucho mejor las derrotas y los momentos en los que las cosas no salen bien. Eso también me da la tranquilidad de poder llevarlas de otra manera.

Poco a poco fui viendo cosas dentro de la pista que empezaban a cambiar. Tenía peores reacciones, me costaba muchísimo escuchar lo que me decían mis entrenadores. La competición suele sacar todo lo que llevas dentro y llegó un momento en el que me dije al cien por cien: «Esto no puede seguir así».

P. ¿Ese cambio también se nota cuando compite?

R. Totalmente. He conseguido darle el espacio que necesita a cada cosa: a mi casa, a mi familia, a mi tiempo y a mi vida. Antes me costaba muchísimo hacerlo. Ahora siento que hay momentos para todo. Seguramente parte de este regreso también viene de ahí, de no llegar a saturarme.

P. ¿Cuándo empezó a sentir que algo ya no iba bien?

R. Soy una persona a la que le gusta mucho trabajar, cuidarse e intentar escucharse lo máximo posible. Poco a poco fui viendo cosas dentro de la pista que empezaban a cambiar. Tenía peores reacciones, me costaba muchísimo escuchar lo que me decían mis entrenadores y ya no era tan capaz de tener la mente abierta para aceptar determinadas cosas. La competición suele sacar todo lo que llevas dentro y llegó un momento en el que me dije al cien por cien: «Esto no puede seguir así».

Cuando tomas una decisión así no sabes cómo va a ser la vuelta, ni siquiera sabes si va a existir. En ese momento mi prioridad era encontrarme bien. Lo demás podía esperar. Hoy puedo decir que es la decisión de la que más me alegro en mi vida

P. Sensaciones que no tenían que ver del todo con su rendimiento.

R. Sí. Mis resultados no eran malos y eso hacía todavía más difícil tomar la decisión. Los tenistas tendemos a tirar siempre hacia delante. Pero yo sentía que la manera en la que estaba haciendo las cosas no era la correcta. Lo hablé con mi psicóloga y me dijo una frase que no olvidaré nunca: «Seis meses no son nada. Te va a venir superbien». Cuando tomas una decisión así no sabes cómo va a ser la vuelta, ni siquiera sabes si va a existir. En ese momento mi prioridad era encontrarme bien y cuidad mi salud. Lo demás podía esperar. Hoy puedo decir que es la decisión de la que más me alegro en mi vida.

P. Su gran decisión tuvo que ver con la importancia de escuchar al cuerpo.

R. Fue una suma de muchas cosas. Recuerdo especialmente el torneo de Bogotá. La altura amplificó todo muchísimo. Me faltaba la respiración, tenía muchísimos pensamientos y, además, mi cuerpo empezó a somatizar. Llegó un momento en el que el cuerpo ya no funcionaba. Ahí entendí que aquello no podía seguir así. Ya no era solo una cuestión mental; el cuerpo también estaba diciendo basta.

La tenista española Sara Sorribes devuelve la pelota contra la estadounidense Katie Volynets, durante el segundo día del Abierto de Tenis Akron de Zapopan en 2022.

La tenista española Sara Sorribes devuelve la pelota contra la estadounidense Katie Volynets, durante el segundo día del Abierto de Tenis Akron de Zapopan en 2022. / Francisco Guasco / EFE

P. ¿Cómo recuerda aquellas primeras semanas después de parar?

R. Fueron muy complicadas. Al principio sentía muchísimo rechazo hacia el tenis. Mi objetivo ya no era entrenar ni competir. Mi objetivo era conseguir ducharme, lavarme los dientes y estar aseada. Eso era todo lo que mi cuerpo era capaz de dar. Me permití hacer algo que nunca había hecho: escucharme. Hacer únicamente lo que mi cuerpo era capaz de hacer. Los dos primeros meses fueron muy complicados porque no tenía fuerza ni ilusión para prácticamente nada.

Al principio sentía muchísimo rechazo hacia el tenis. Mi objetivo ya no era entrenar ni competir. Mi objetivo era conseguir ducharme, lavarme los dientes y estar aseada. Eso era todo lo que mi cuerpo era capaz de dar. Me permití hacer algo que nunca había hecho: escucharme

P. ¿Cuándo empieza a retomar el vuelo y a sentirse mejor en esta fase de autoconocimiento personal?

R. Hubo un clic. Me fui de viaje sola y aquello me ayudó muchísimo. Los dos primeros meses habían sido muy complicados, pero a partir de ahí empecé a tener ganas de volver al gimnasio, de moverme un poco, de hacer cosas. Ahí sentí que algo estaba cambiando.

P. Ese viaje del que habla fue el Camino de Santiago.

R. Sí. Para mí fue maravilloso. He podido viajar muchísimo gracias al tenis, pero nunca de esa manera. Siempre viajas con un equipo, con un objetivo muy claro y con la competición en la cabeza. De repente aparecí allí, sola, con una mochila, y pensé: «¿Y ahora qué?». Todo lo que viví fue precioso. La gente que conocí, los lugares que vi… Fue una experiencia muy enriquecedora.

P. Esa pregunta: «¿Y ahora qué?». ¿Cuántas veces se la ha hecho?

R. Muchísimas. No sabía qué iba a ser de mi vida ni qué me iba a deparar el futuro. Ahora quiero seguir caminando hacia donde me lleve. Siento que tengo muchas más herramientas para afrontar las cosas. Creo que eso es lo importante y lo bonito. Los problemas van a seguir apareciendo, pero ahora sé que tengo recursos para gestionarlos y eso me da muchísima tranquilidad.

P. ¿Cuáles son esas herramientas?

R. Mucho amor, mucha comprensión, mucho cuidado y mucho cariño hacia mí misma. He aprendido a entenderme, a saber parar y a ponerle todavía más nombre a las cosas. Siento que he aprendido muchísimo.

P. Insiste mucho en esa idea de ponerle nombre a las cosas.

R. Porque cuando uno consigue ponerle nombre a lo que le pasa, gran parte del trabajo ya está hecho. Muchas veces sentimos que no tenemos tiempo para cuidarnos, pero quiero pensar que, poco a poco, todos podremos encontrar ese espacio. Venimos de una educación en la que quizá no era tan habitual hacerlo, pero ojalá el simple hecho de hablar de ello ayude a que cada vez más personas encuentren tiempo para vivir de la manera que realmente quieren.

Sara Sorribes, en Melbourne en 2022.

Sara Sorribes, en Melbourne en 2022. / JASON O’BRIEN / EFE

P. En una nota de su puño y letra comunicó que pausaba su carrera. ¿Cuánto le ha ayudado escribir en este proceso terapéutico?

R. Me ayuda muchísimo a ordenar todo lo que tengo dentro. Escribo todo lo que siento y no lo leo mientras escribo porque siento que me condiciona. Escribo para mí, no para nadie más. Lo suelto todo ahí y, cuando termino, dejo pasar un rato. Después vuelvo a leerlo y entonces soy capaz de ordenar las ideas y entender mucho mejor qué me está pasando.

P. ¿La libreta donde escribió que iba a parar sigue acompañándote?

R. Sí. La primera ya me la terminé, pero ahora llevo otra en el bolso. Nunca sabes cuándo va a aparecer un pensamiento o algo que necesites escribir.

P. ¿En qué momento vuelve a pensar en competir? Lo hizo con un triunfo en el WTA 125 de Chile, ganando en dobles con María Lourdes Carle.

R. No tenía una fecha marcada para volver. Después de un tiempo entrenando vi unos torneos al final de la temporada y pensé que quizá podía llegar. Además, recibí una invitación para jugar en Chile y todo empezó a encajar. Quería volver sobre tierra batida porque físicamente era lo que más me podía ayudar. Las cosas se fueron dando y al final conseguí volver.

P. ¿Y cómo vive ahora el día a día deportivo? Ganó el ITF W75 de Portorož, su primer título individual tras el regreso, y después encadenó buenas semanas con semifinales en La Bisbal y Makarska.

R. Muy día a día. En el tenis tampoco puedes planificar demasiado porque cada seis semanas tienes que decidir los torneos que vas a jugar. Intento vivir así, muy presente. Siento que todavía tengo mucho por dar y, como confío en ello, voy haciendo camino.

P. Decía antes que ahora el tenis ocupa un lugar diferente en tu vida. ¿También ha cambiado tu forma de entenderlo?

R. Sí. Al final, para poder dar el 200 % dentro de la pista necesito haberme trabajado muy bien fuera. Necesito dedicarme tiempo a mí. Me cuesta entender el tenis como un hobby y como un trabajo al mismo tiempo. Cuando juego con mi padre o con mi hermano sí consigo disfrutarlo de otra manera, pero para competir necesito estar muy bien conmigo misma fuera de la pista.

Antes mi palmarés me decía muy poca cosa. Cuando estás constantemente pensando en mejorar, no consigues parar ni valorar realmente lo que has hecho. Hasta que no me detuve y pasó un tiempo, no fui capaz de decirme: «Sara, qué guay todo esto». Ahora sí soy capaz de mirar atrás y darle valor a todo el camino recorrido

P. ¿Ha cambiado también la manera en la que mira todo lo que has conseguido?

R. Muchísimo. Antes mi palmarés me decía muy poca cosa. Cuando estás constantemente pensando en mejorar, en el siguiente torneo, en la derecha, en el revés… no consigues parar ni valorar realmente lo que has hecho. Hasta que no me detuve y pasó un tiempo no fui capaz de decirme: «Sara, qué guay todo esto». Ahora sí soy capaz de mirar atrás y darle valor a todo el camino recorrido.

Sara Sorribes (D), junto a Cristina Bucsa, tras conquistar la medalla de bronce del dobles femenino de los Juegos Olímpicos de París 2024.

Sara Sorribes (D), junto a Cristina Bucsa, tras conquistar la medalla de bronce del dobles femenino de los Juegos Olímpicos de París 2024. / Juanjo Martín / (EPA) EFE

P. ¿Qué cosas ha recuperado durante este tiempo que antes parecían imposibles?

R. Todo. Poder disfrutar de un verano. Ir a la playa. Organizar una partida de pádel con dos semanas de antelación y saber que voy a poder ir. Cenar un domingo con amigos sin pensar que al día siguiente tengo que entrenar. Yo no sabía lo que era vivir esas cosas. Ahora les doy muchísimo valor.

P. El tenis suele definirse como un deporte muy solitario. ¿También ha cambiado su manera de convivir con esa soledad?

R. Sí. Compartes vestuario con tus rivales y eso a veces es complicado. Para mí ha sido fundamental estar rodeada de un equipo que me quiera como persona, más allá de lo que pase dentro de una pista. Que entiendan que tú siempre quieres hacerlo bien y que, si una pelota se va fuera, no es porque hayas querido fallar. Sentirte arropada marca una diferencia enorme.

Sara Sorribes, en una acto con Nara Seguros, compañía de seguros de la que es embajadora.

Sara Sorribes, en una acto con Nara Seguros, compañía de seguros de la que es embajadora. / NARA SEGUROS

P. En ese camino también hubo personas y patrocinadores, como Nara, que decidieron quedarse a tu lado cuando ni siquiera sabías si volverías a competir.

R. Para mí eso tiene muchísimo valor. Me sorprendió mucho. Lo fácil habría sido dar un paso al lado y esperar a ver qué pasaba, porque yo tampoco sabía si iba a volver ni mucho menos cómo iba a volver. Sin embargo, me dijeron: «Nosotros queremos estar a tu lado y pasar este proceso contigo». Fue un gesto precioso. Igual que el apoyo de mi familia, de mi equipo, de mi psicóloga y de mis amigos. Desde el primer momento me he sentido muy bien rodeada y eso me ha ayudado muchísimo.

P. Después de todo lo que ha vivido, ¿qué le dirías a alguien que está pasando por un momento parecido?

R. No soy nadie para dar consejos, porque cada persona vive las cosas de una manera diferente. Pero sí creo que es muy importante intentar escucharse y ponerle nombre a lo que nos pasa. Cuando uno consigue ponerle nombre a lo que le ocurre, gran parte del trabajo ya está hecho. Muchas veces sentimos que no tenemos tiempo para cuidarnos, pero quiero pensar que, poco a poco, todos podremos encontrar ese espacio. Ojalá cada vez más personas encuentren tiempo para vivir de la manera que realmente quieren.

P. Para terminar. Si hoy abriera esa libreta donde anunció su pausa y escribiera la última entrada de este año, ¿qué le gustaría leer dentro de unos meses?

R. Me gustaría escribir algo como: «Qué bonito ha sido vivir este año de principio a fin. Todo lo que he aprendido, todo de lo que me he empapado y qué bonito seguir caminando siendo esta Sara».