Rosarito Aguilar se mira las manos y le pasan en segundos por la mente los recuerdos pegados a un movimiento mecánico. El de deshojar las … matas de tabaco y clasificar las hojas en varias categorías según lo limpias o dañadas que estaban. Ahora, además de al repasar su cuerpo, se le agolpan las imágenes al verla. Quieta. Sentada en la silla de anea. En una calle peatonal del centro de su pueblo. De bronce. Cómo la quietud de una estatua puede removerla tanto. «Es que la miro y siento unas cosquillas al recordar lo que viví…», dice con su sonrisa nostálgica.
Después de conservar los edificios emblemáticos para secar las plantas, de dedicarle una rotonda a los agricultores del tabaco en una rotonda, en Cúllar Vega, les ha tocado a ellas. La nueva escultura se llama ‘La tabaquera’ y representa a esas mujeres que se dedicaban a diferentes procesos del cultivo del tabaco pero sobre todo, a una eminentemente femenina: la de deshojar la mata, en pleno invierno, en una silla, con el frío colándose por el pretendido calado de los secaderos. El picón bajo las piernas para intentar combatir el frío.
Rosarito tiene 74 años y se dedicó a trabajar este cultivo, junto a su marido, durante 39 años. Tiene solo una hija, que se fue a estudiar, y por eso estaban los dos mano a mano con todos los procesos durísimos que conllevaban transformar la planta en las hojas secas que entregaban en Cetarsa, empresa estatal que recepcionaba y procesaba el tabaco en rama y que cerró en 2002.
Mari Carmen Pecete echa la vista atrás y cree que 62 de sus 67 años se ha dedicado al tabaco. Su marido, Antonio Fernández, fue uno de los que llegó a tener más plantaciones en Cúllar Vega. Los agricultores tenían unos cupos, controlados por el Estado, pero podían ir vendiendo su capacidad de cultivo a otros. Mari Carmen se alegra al ver esta escultura. «Ya era hora de que nos tocara a nosotras», dice satisfecha y convencida de que el tabaco, salía adelante por las mujeres.
Las hazas de la Vega de Granada eran familiares. Había trabajadores a jornal pero sobre todo era un modo de vida para padres, hijos, nietos. Tres generaciones de cada familia se han dedicado al tabaco en Cúllar Vega, en estos cien años en los que todos trabajaban. De 1923 hasta 2021 -aproximadamente- los culleros se ganaban el pan con el tabaco negro y más tarde, con el rubio.
Olvido de la Rosa (49 años) no tiene recuerdos de su infancia que no estén asociados al cultivo del tabaco. «Durante años mi padre sembraba la planta del tabaco con mimo y nosotros, mi madre, sus hijos e hijas acompañábamos en las labores que conllevaba», rememora.
Tal y como explica Olvido, agosto se escogotaba la planta y para mediados o finales de mes se cortaba si tenía ya el tamaño adecuado, se amontonaba una vez el sol había alisado sus hojas y se trasladaba en el remolque al secadero donde finalmente se colgaba la mata anillándola a una cuerda de esparto o tomiza desde una tabla en altura sujetada por un palo a cada lado. «Después se dejaba secar hasta que llegaba la humedad y frío del invierno y dejaba sus hojas más manejables para poder deshojarlo bien», detalla.
Navidad en el secadero
El proceso de deshojarla era en pleno invierno, en los meses de Navidad, y estos recuerdos se vinculan a la radio cantando la Lotería, a los mantecaos, y a los chascarrillos sobre la vida en el pueblo, recuerda Olvido.
«Así pasábamos las navidades año tras año y las manos de mi madre estuvieron hasta el último año deshojando ese tabaco. De ella aprendí a subirme a la tabla y colgar y descolgar el tabaco, aprendí a deshojar, a vivir y aceptar la vida conforme nos vienen las cosas: las penas, las pérdidas, las alegrías… pero siempre echándole arrojo a la vida y agallas», cuenta Olvido.
El Ayuntamiento de Cúllar Vega, ha homenajeado a todas ellas, a todas estas mujeres que deshojaron año tras año el tabaco en este pueblo. «Cuando vi la escultura en un mensaje que me llegó no pude evitar emocionarme y echarme a llorar. Me vinieron todos estos recuerdos apelotonados uno tras de otro. Seres queridos con los que compartí momentos únicos que ya no están con nosotros, mujeres aguerridas, sencillas, humildes y muy trabajadoras», expresa Olvido con emoción.
El alcalde, Jorge Sánchez, explica cómo se ha levantado esta escultura gracias, también al impulso de una vecina, Piedad, que dejó al Ayuntamiento 30.000 euros antes de fallecer. Gracias a ella se ha recuperado la figura de las tabaqueras. Mujeres que escriben la historia de su pueblo, hoja a hoja.