El próximo 28 de octubre Televisión Española cumplirá setenta años. Han pasado siete décadas desde que un puñado de madrileños contempló con asombro unas imágenes … en blanco y negro que llegaban desde un pequeño chalet situado en el madrileño Paseo de la Habana. Alrededor de 600 televisores pudieron recibir aquella primera emisión oficial, lo cual supone una cifra ridícula comparada con los cerca de 25 millones de aparatos que existían en España al comenzar el siglo XXI. Y se barruntaba por entonces que aquel invento apadrinado en España por el franquismo acabaría convirtiéndose en el principal medio de comunicación del país durante décadas y en uno de los mayores instrumentos para construir una memoria colectiva compartida.

Mientras España celebraba la reciente concesión del Premio Nobel de Literatura a Juan Ramón Jiménez, un casi clandestino acontecimiento tenía lugar en Madrid. A las seis de la tarde de aquel domingo cualquiera comenzaba oficialmente la programación de Televisión Española.

La parrilla de aquel día distaba mucho de las luces actuales. Tras la habitual carta de ajuste llegó la apertura oficial de la emisión. Poco después se retransmitió una misa rezada oficiada por monseñor Bulart. A continuación, intervinieron el ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado, y el director general de Radiodifusión y Televisión, Jesús Suevos. Después llegaron las actuaciones de los Coros y Danzas de la Sección Femenina, un recital del pianista José Cubiles y un documental producido por el instrumento audiovisual fascista que desde 1943 se servía en los cines, el NO-DO. Todo ello apenas ocupó unas tres horas de programación, realizadas íntegramente en directo porque todavía no existían sistemas que permitieran grabar los programas.

Los pioneros de la televisión española levantaron el nuevo medio sin experiencia, con escasos recursos y apoyándose en profesionales procedentes de la radio y el teatro

El invento impulsado por el ingeniero alemán Paul Nipkow en 1884, y perfilado por el escocés John Logie Baird en 1926 llegó con retraso a la piel de toro. Mientras Reino Unido iniciaba emisiones regulares en 1936 con la BBC y otros países europeos como Alemania, Francia e Italia desarrollaban sus propios servicios televisivos durante las décadas siguientes, España parecía seguir anclada en el siglo XIX. La Guerra Civil primero y la durísima posguerra después impidieron cualquier desarrollo tecnológico comparable al de los países vecinos.

Pese a ello, España también contó con pioneros olvidados. Entre ellos destaca el ingeniero Joaquín Sánchez-Cordovés, que ejerció como primer responsable técnico de TVE tras ser el encargado de realizar las pruebas desde 1951, y posteriormente extendió la cobertura fuera de Madrid y conectó a TVE con la red europea televisiva que trajo Eurovisión o algunas Copas de Europa del Real Madrid.

Modestia con olor a radio y a teatro

Los comienzos de TVE fueron extraordinariamente modestos. El pequeño edificio del Paseo de la Habana apenas disponía de un plató de unos cien metros cuadrados. Los profesionales procedían casi exclusivamente de Radio Nacional de España y debieron aprender un oficio completamente nuevo sobre la marcha.

La televisión fue una hija directa de la radio. De ella heredó sus voces, sus locutores y hasta su modelo publicitario. Los primeros presentadores habían desarrollado toda su carrera delante de un micrófono y tuvieron que acostumbrarse a comunicar también con la expresión corporal y pocos medios.

A todas luces, el presupuesto resultaba escaso. Las tres horas diarias de programación se completaban con documentales del NO-DO y películas cedidas por la Embajada de Estados Unidos, síntoma del cambio que llegaba de la sangrienta camisa azul por el rentable bikini.

El televisor, artículo de lujo

A finales de 1956 apenas existían unos 3.000 televisores en Madrid. El elevado precio de los receptores, alrededor de 30.000 pesetas, convertía el aparato en un auténtico artículo de lujo reservado para familias acomodadas, cafeterías y algunos establecimientos públicos. Muchos españoles contemplaron por primera vez la televisión desde el escaparate de una tienda o reunidos en el bar del barrio para ver a las primeras estrellas del medio, Laura Valenzuela, Jesús Álvarez o David Cubedo.

El crecimiento fue espectacular. La televisión acompañó el desarrollismo económico, simbolizando un Estado español que comenzaba a abrirse lentamente al exterior. Durante las décadas siguientes, la cadena pública vivió prácticamente todos los grandes hitos de la televisión española.

En 1969 comenzaron las emisiones en color con motivo del Festival de Eurovisión. Poco después Adolfo Suárez dirigiría la cadena antes de iniciar su carrera política. Durante más de treinta años TVE mantuvo el monopolio televisivo hasta la aparición de las cadenas privadas en los años noventa.

La antigua sede donde nació TVE fue demolida en 2017 para construir viviendas de lujo

Hoy la corporación se prepara para celebrar ese septuagésimo aniversario con una gran gala especial producida junto a la productora Gestmusic. Algunos críticos consideran significativo que una empresa pública con más de 6.500 trabajadores recurra a una productora privada para organizar el principal espectáculo de su aniversario, interpretándolo como un síntoma más del creciente peso del «neoliberalismo» que denuncia el histórico José Manuel Martín Menem en su reciente libro ‘Cincuenta años contra RTVE’. Otros debates afectan igualmente al modelo de financiación, especialmente desde la eliminación de la publicidad en RTVE en 2010 para alegría de los dos grandes grupos televisivos privados, Atresmedia y Mediaset.

Quizá el símbolo más elocuente de estos setenta años no sea, sin embargo, un programa especial ni una gala. El lugar donde nació la televisión española desapareció en 2017. La histórica sede del Paseo de la Habana, desde donde comenzó aquella emisión de octubre de 1956, fue demolida para levantar un edificio de viviendas de lujo.