El mejor tiempo de ascenso al Tourmalet en bicicleta lo ostenta Thibaut Pinot (Tour de Francia 2019): 51:13 minutos. Por supuesto, fue en … bicicleta. Desde el pasado 30 de julio el exciclista riojano Javier Ochoa puede presumir de haber marcado el mejor tiempo en la subida al coloso de los Pirineos, pero corriendo a pie: 1h. 33.37. Fue un reto sin prepararlo específicamente, surgió durante las vacaciones por la zona con su familia, el último día, como una aventura. Antes Javier Ochoa lo había subido en bicicleta, con unos amigos, y por las dos vertientes, La Mongie y Luz Saint Sauver. Y es que Ochoa fue ciclista, corrió en los equipos amateur Telco’m y Seguros Bilbao y fue convocado por la Selección Española, pero no pudo dar el salto a profesional. El año que debía pasar de la categoría Élite a profesional solo Richard Carapaz pudo hacerlo en España.

Reconvertido en atleta, a sus 32 años el logroñés residente en Lardero compagina su trabajo como profesor interino, tras graduarse en Matemáticas por la Universidad de La Rioja, con el desarrollo de la aplicación de entrenamientos Tassei. «El último día de las vacaciones, tras varios días sin correr, solo andar por montaña, pensé en subir. Siempre que entreno para una maratón me gusta subir a Clavijo», explica Javier Ochoa. Así, a las 06.00 horas comenzó la aventura el pasado 30 de julio.

«En el kilómetro 3 adelanté a un ciclista y arriba le saqué 6 minutos», recuerda Ochoa. Cabe señalar que el récord que ha batido el deportista riojano no es oficial sino el de la clasificación de la aplicación de actividades deportivas Strava, que marcaba como el mejor en ese ascenso por carretera a Samuel Pérez con 1h. 38.28, por lo que Ochoa lo ha rebajado en 5 minutos. «Fue épico, no te lo crees hasta que llegas. Qué locura. Es un puerto mítico del mundo. Me emocioné», reconoce Ochoa. Durante la subida sintió buenas sensaciones. En los primeros 5 kilómetros aventajaba en varios segundos la marca a batir. «No me lo esperaba, así que fui a tope. En el último árbol, con una curva a izquierda, entró el viento y pensé que no llegaría nunca, que me iba a entrar una pájara», confiesa.

«Es duro pero muy bonito»

Y es que la penúltima rampa es la peor. Tras una media del 7,4%, que no baja del 4%, al final se alcanza el peor desnivel, por encima del 14%. Desde Luz Saint Sauver son cerca de 19 kilómetros y un total de 1.397 metros de desnivel hasta alcanzar una altitud de 2.116 metros que sobre ruedas o a pie se hacen interminables. Solo el precioso paisaje y el paso por los pueblos Esterre y Barèges, las estaciones de esquí Grand Tourmalet y Súper Barèges, así como la naturaleza, alivian el esfuerzo. Los rebaños que pastan dan paso a cascadas, y del pasto inicial se llega a la rocosa parte final, donde la altitud dificulta la existencia de vegetación y fauna.

También, si eres aficionado al ciclismo, puedes leer las pintadas sobre el asfalto por los recientes pasos del pelotón profesional, en este caso, una de las primeras etapas del último Tour de Francia. «Es duro pero muy bonito, sobre todo la parte de arriba, donde da más el aire y notas la falta de oxígeno. Pero ves las pintadas de ánimo a Remco, Vingegaard y Pogačar, porque el Tour pasó por allí hace poco, así que te metes un poco en el papel», destaca Ochoa.

Una vez logrado el reto, ahora a Ochoa le gustaría volver a subir el Tourmalet en bici. «Ir solo es más difícil. Intento compaginar el deporte con la vida rutinaria y para el ciclismo necesitas más tiempo, cuatro o cinco horas, y para el atletismo te basta con una hora», expone.