La Real Academia de Historia y Arte de San Quirce ha inaugurado la 108ª edición del Curso de Pintores Pensionados del Paisaje de Segovia. El … acto, presidido por el director de la institución, Pablo Zamarrón, reunió a autoridades, académicos y a los dieciséis participantes seleccionados entre las facultades de Bellas Artes de todo el país.

Los pensionados de esta edición son Mirko Argento (Altea), Lucía Pantoja (Universidad Rey Juan Carlos), Lucía Tomás (Universitat de Barcelona), Clara García (Granada), María Belén Santiago (La Laguna), Celia de la Fuente y Miguel Nieto (Complutense), Rocío Guerra (Málaga), Andrea Melgarejo (Murcia), Yaiza Gómez (Salamanca), Ana León (Sevilla), Aitana Esteban (Zaragoza), María Luisa Rufete (Politécnica de Valencia), Chris Monroy (Vigo), David García (País Vasco) y Lucía Brizuela (Salamanca, becada de Segovia).

Zamarrón recordó el origen del curso en 1919 en El Paular y su traslado en 1950 al Palacio de Quintanar, y animó a los jóvenes a dejarse invadir por el paisaje. Intervinieron después el vicepresidente de la Diputación, José María Bravo, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Segovia, Juan Carlos Monroy, el director general del Instituto del Patrimonio Cultural de España, Fernando Sáez Lara, y la secretaria de la Delegación Territorial de la Junta de Castilla y León, Ana Isabel Fuente, que coincidieron en subrayar el valor histórico y cultural de la cita y la importancia del apoyo institucional que la sostiene.

El peso artístico y reflexivo del acto recayó en el académico y artista Gonzalo Borondo y en el director del curso, Joaquín Millán. Borondo definió uno de los rasgos del curso de manera contundente: «La pintura es una batalla con el peor de los enemigos, que es uno mismo, pero a la par es un ejercicio muy gratificante, una hazaña saludable de la que vais a poder disfrutar en las calles y paisajes de Segovia». Su consejo a los pensionados fue claro y directo: deben olvidarse de los juicios, de la exposición final y de cómo serán valorados. «Disfrutad, trabajad y jugad. Jugad duramente: descubriendo, sufriendo a veces, arriesgando, pero conociendo poco a poco la pintura». El académico recordó cómo el curso cambió la trayectoria de artistas como Pablo Merchante, que estos días expone en el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, a quien la experiencia segoviana lo empujó a involucrarse por completo en la pintura. Para Borondo, el valor del curso reside también en la dimensión anacrónica y a la vez revolucionaria que posee: salir a pintar a la calle, detenerse a observar algo aparentemente inocuo, abandonar las pantallas y los móviles. «Ponerse a esa batalla con uno mismo y también con los miedos, el calor, el frío, el viento… añaden al final un ingrediente más al trabajo». Gonzalo Borondo celebró, además, que la propia Academia mantenga el reto de unir tradición y contemporaneidad.

Borondo se dirige a los pensionados.

Borondo se dirige a los pensionados.

(Nacho Valverde)

Por su parte, Joaquín Millán, director del curso, admitió que cada edición le sigue sorprendiendo. El también pintor valoró especialmente la juventud de esta promoción y el momento vital en que se encuentra: un paso hacia la profesionalidad dentro de un ambiente de confianza y cariño. «Les animo a crear un paisaje sincero, un paisaje de corazón, un paisaje que contemple el nuevo paisaje contemporáneo», dijo. Millán reivindicó igualmente la necesidad de actualizar la tradición, porque estos jóvenes no solo pintan; también viven inmersos en redes sociales, GPS, localizadores y buscadores de imágenes. El reto consiste en confrontar ese bagaje tecnológico y personal con un territorio que no conocen. «El cuadro en blanco también existe. Todos los pintores tenemos miedos e improntas que se manifiestan en la obra. Este es un nuevo cliché al que tienen que enfrentarse», dijo, y reclamó la recuperación de la capacidad histórica de los pintores para enseñar a mirar la naturaleza. Frente a la masificación de imágenes, a los «cazadores de fotografías» y a la hipocresía de ciertos espacios protegidos mientras otros se abandonan, Joaquín Millán pidió a los pensionados un compromiso ético: «Cuando cogen un pincel no solamente están pintando algo hermoso o una línea de colores, sino que están reivindicando una manera de ver y de entender». El director del Curso de Pintores dijo a sus alumnos que la Academia y el equipo están para protegerles, darles cobertura y apoyarles durante las próximas semanas.

El curso se desarrollará a lo largo del mes de agosto, con trabajo de campo en la ciudad y la provincia, y culminará con una exposición en La Alhóndiga, los últimos días. Un siglo después de su nacimiento, el Curso de Pintores Pensionados del Paisaje de Segovia sigue siendo un espacio de formación, convivencia y, sobre todo, de mirada renovada sobre el territorio.