Ilustración acuarela de una sala de estar moderna con sillón verde oliva, sofá crema, dos mesas de centro, estantería de madera y cuadros en las paredes.El Norem propone dividir ambientes sin levantar paredes y sin cortar la luz natural. (Imagen Ilustrativa Infobae)

04 Ago, 2026 05:00 a. m. EST

El agotamiento del espacio abierto total impulsó una corriente de diseño de interiores que gana terreno en Europa y América del Norte: el Norem, una filosofía que propone dividir ambientes sin levantar paredes, a través de recursos arquitectónicos ligeros, textura y geometría aplicada.

Durante años, derribar tabiques fue sinónimo de modernidad. Integrar cocina, comedor y sala en un único plano continuo prometía luz, amplitud y fluidez. Sin embargo, los costos de esa apertura total empezaron a volverse evidentes.

Según un sondeo de 2023 realizado por Rocket Mortgage y citado por la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios (NAR) de Estados Unidos, las preferencias de los compradores de vivienda están divididas casi en partes iguales: 51% prefiere una planta abierta y 49% opta por una distribución más compartimentada. La brecha, que hace una década era abismal a favor del concepto abierto, se cerró por la acumulación de fricciones concretas: ruido, falta de privacidad y saturación visual constante.

Infografía que ilustra el diseño Norem con un ambiente de oficina y sala divididos por listones, diagramas sobre ruido y privacidad, y elementos divisores.La caída del concepto abierto total reabre la búsqueda de privacidad y orden visual en el hogar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio de 2022 publicado en la revista Frontiers in Psychology halló que el 55% de los trabajadores remotos siente que el entorno acústico de su hogar afecta negativamente su rendimiento laboral. El fenómeno no es menor: sin paredes que absorban o redireccionen el sonido, los ruidos de cocina, llamadas de videoconferencia y televisores se propagan sin filtro por todo el espacio.

La diseñadora Sabrina Phillips, propietaria de Designing Women of Orange County y citada por The Spruce, lo describe con precisión: “Sin separaciones claras, el ruido, desorden y hasta los olores de cocina se esparcen con facilidad, lo que hace difícil establecer áreas acogedoras y con propósito definido”. La ausencia de transiciones espaciales, agrega Phillips, convierte cada zona del hogar en una extensión visual de las demás, sin descanso para el sistema nervioso.

El Norem parte de ese diagnóstico. Inspirado en la búsqueda escandinava y oriental del orden sereno, no propone volver al esquema de cuartos cerrados ni a las reformas costosas. Su premisa es que el espacio funciona como el agua: puede encauzarse y dirigirse sin necesidad de bloquearlo.

Sala de estar con sofá esquinero claro, estantería de madera oscura con libros y adornos, mesa de comedor con sillas y cortinas blancas en ventanas grandes.El ruido y los olores se expanden sin filtro cuando no existen transiciones espaciales claras. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para que una separación sea efectiva bajo esta filosofía, debe cumplir tres condiciones simultáneas: permitir el paso de la luz natural, conservar las líneas de visión largas y ofrecer un filtro acústico o visual parcial que no resulte opresivo. Es lo que los arquitectos denominan “crear microambientes con personalidad propia”.

Ian Starling, fundador de Starling Architecture en Brooklyn y citado por Livingetc, identifica en las palillerías de madera una de las herramientas más versátiles para lograrlo: “Delimitan el espacio y aportan textura, pero son porosas y generan efecto”.

La diseñadora Karina Marshall, también recogida por Livingetc, señala que “los listones de madera son una excelente manera de crear separación porque permiten controlar cuánta luz y visibilidad fluye entre los ambientes”.

Una sala de estar moderna con sofá beige, mesa de centro de madera, un separador de ambientes con plantas verdes y cactus, un espejo redondo y puertas de madera clara.El color y los cambios de revestimiento crean fronteras perceptuales entre zonas contiguas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además de las palillerías verticales, el Norem incorpora carpintería metálica con vidrios acanalados o ahumados, que permiten cerrar acústicamente un espacio sin sacrificar iluminación natural. Los muebles de doble cara —libreros abiertos, aparadores de media altura, módulos de almacenamiento suspendidos— actúan también como divisores funcionales sin aislar visualmente.

El color y la textura completan el repertorio. Aplicar paletas distintas en zonas contiguas, o cambiar el revestimiento del suelo y las paredes, genera una transición perceptual clara sin necesidad de ningún elemento físico adicional.

Un salón-comedor moderno con un sofá blanco grande, una mesa de centro de madera natural, alfombra de yute y lámparas de techo colgantes de mimbre sobre un suelo de madera.Los microambientes con identidad propia combinan geometría, materialidad y separación suave. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El movimiento no es solo estético. House Beautiful registró en su reporte de tendencias 2026 que los diseñadores describen una demanda creciente de “espacios definidos”, con ambientes que promuevan “comodidad, privacidad y funcionalidad” sin renunciar a la conexión entre áreas.

El diseñador Jerel Lake, citado por esa publicación, precisó: “Esta vuelta a la separación no implica sacrificar la conexión, sino diseñar hogares más intencionales y adaptables a las necesidades individuales”.

Desde ArchDaily, un análisis de los proyectos de interiores de 2025 identificó el uso de niveles, pantallas flexibles, cortinas y divisores como una de las 10 tendencias más dominantes del año, con especial protagonismo en espacios residenciales que buscan compatibilizar el trabajo remoto con la vida doméstica.

Jardín vertical de plantas verdes variadas en interior moderno con suelo de madera. Grandes ventanales muestran edificios de ciudad al fondo y luz solar.El enfoque prioriza soluciones sin obras, basadas en diagnóstico de fricciones y escala de cada elemento. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Adoptar el Norem no requiere intervención estructural. El primer paso consiste en mapear la vivienda y detectar dónde se producen las interferencias sensoriales más frecuentes: dónde el ruido de un ambiente invade al otro, qué zonas carecen de una identidad propia, qué recorridos resultan caóticos visualmente.

A partir de ese diagnóstico, la escala de cada elemento divisorio cobra relevancia central. Un separador que se perciba como barrera niega la filosofía; uno que funcione como escultura funcional —con masa, textura y presencia— la confirma. La casa, bajo este enfoque, se convierte en un organismo flexible que puede habitar tanto el bullicio de la vida compartida como la calma del refugio individual.