Yolanda Sanz es doctora en Farmacia, profesora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos (IATA) de Valencia, donde lidera el Grupo de Investigación sobre ‘Ecología Microbiana, Nutrición y Salud’; estuvo en Vivir 100 años para hablarnos de la longevidad tratando algunos temas relacionados, como el que le presentó Pere Estupinyà, bioquímico y divulgador científico, que le preguntó hasta qué punto los efectos de la dieta en el mantenimiento de nuestro cuerpo dependen de lo que comemos o de lo que hacen las bacterias intestinales con la comida.

La experta comentaba que «una parte depende de lo que comemos y otra depende de las bacterias y lo que hacen con estos nutrientes», sobre lo cual «cada vez se descubren más cosas». Igualmente, nos explicaba que, hasta el momento, «los estudios observacionales que se han hecho con grandes cantidades de datos demuestran que la adherencia a una dieta saludable o a una dieta relacionada con la longevidad podría aumentar nuestra esperanza de vida hasta en 10 años si empezamos a cambiar nuestro estilo de vida a partir de los 40″, pero también si lo hacemos después.

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Comentaba que, en teoría, siempre que se usen modelos matemáticos, también podríamos tener un aumento de la esperanza de vida incluso empezando a los 70 años. Es decir, «siempre hay posibilidad para el cambio a mejor», afirmaba Sanz. Si bien, insistía que todo este cóctel es debido por una parte a la dieta y por otra «a lo que hacen nuestras bacterias con esos componentes de la dieta».

Lo mejor y lo peor para la microbiota

El presentador hablaba entonces sobre si engordar más o menos con la misma ingesta de calorías puede depender de qué bacterias tengas en el intestino, lo cual confirmó Yolanda. «Se ha demostrado que las bacterias pueden degradar y obtener más energía de la que en sí te aporta la dieta como tal porque hacen procesos de digestión de nutrientes que nosotros no somos capaces de digerir», exponía la científica, que nos decía que «también hacen transformaciones de metabolitos que son únicas de las bacterias», poniendo como ejemplo que «se ha identificado hace muy poco el metabolismo de la histidina a imidazol propionato, que es un metabolito que se ha relacionado con el riesgo de diabetes, con el riesgo de arteriosclerosis y ahora recientemente con el riesgo de Parkinson y de enfermedad de Alzheimer».

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Con ello, podemos ver cómo este tipo de bacterias influyen en nuestro cuerpo y lo importantes que son, por lo cual nos contó qué es lo mejor y lo peor para la microbiota. Decía que lo más beneficioso son los alimentos ricos en fibra, que la nutren bien, «porque las bacterias sobre todo utilizan los polisacáridos complejos, que es la fibra de la dieta que nosotros no podemos digerir», entonces «es como si la naturaleza estuviera muy bien diseñada para que aquellos que nosotros no utilizamos de la dieta, otros lo aprovechen y nos aporten un beneficio a cambio». Por otra parte, lo menos recomendable son los antibióticos, «que son antimicrobianos»; pero también el alcohol, el cual «daña la microbiota y la función barrera intestinal».

Escucha el programa completo

Este es un fragmento de Vivir 100 años, con Pere Estupinyà. Puedes escuchar el programa completo aquí:

Vivir 100 años: Yolanda Sanz y Carlos Soria

Vivir 100 años: Yolanda Sanz y Carlos Soria

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